El blindaje K corre riesgo de destartalarse

Por Fernando Laborda

El blindaje que el kirchnerismo diseñó para que su proyecto de poder resista las embestidas opositoras en la segundo mitad de la gestión de Cristina Kirchner ya ha comenzado a mostrar signos de destartalamiento.

La estrategia del oficialismo consistió en anticiparse al recambio legislativo concretado el 10 de diciembre, con el fin de aprobar todas las leyes controvertidas, que difícilmente hubiera podido sancionar después. Fue así como logró la sanción de la ley de medios K, la reforma política y la prórroga de la emergencia económica.

Pero el flamante modelo K de acumulación de poder está luciendo tempranas señales de corrosión. La ley de medios ha sufrido sus primeros tropiezos en la Justicia, que probablemente no serán los últimos. Un juez ya dio a entender que no se puede obligar a una empresa concesionaria de licencias de radio o televisión por diez años a desprenderse de ella en un plazo insólitamente perentorio. Y hasta el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, aunque sin pronunciarse sobre la cuestión, objetó los ataques al derecho de propiedad que se advierten hoy en la Argentina.

El reciente veto presidencial a dos artículos de la reforma política, perjudicial para los partidos más pequeños, no sólo amenaza con dificultar acuerdos parlamentarios entre el oficialismo y los bloques más chicos de la oposición. También da cuenta de las diferencias de criterio entre la Casa Rosada y los propios diputados del Frente para la Victoria a la hora de encarar negociaciones legislativas.

Otra herramienta del blindaje K, el estrechamiento de los vínculos con Hugo Moyano para garantizarse niveles de conflictividad tolerables, no le ha permitido disminuir los ataques del sindicalismo más combativo y de no pocas organizaciones sociales piqueteras.

La política dirigida a disminuir los márgenes de traición de los intendentes del conurbano bonaerense por medio de la asignación de fondos de ayuda social tampoco está evitando que haya conatos de rebelión, todavía no muy perceptibles, de algunos jefes comunales que amenazan con pasar al peronismo disidente.

El decreto de necesidad y urgencia por el cual el Poder Ejecutivo creó el Fondo del Bicentenario, pomposa denominación de una iniciativa dirigida a utilizar reservas del Banco Central para pagar la deuda pública y así no tener que bajar el gasto público en lo inmediato, además de generar dudas en el propio Martín Redrado, será uno de los primeros temas que la oposición intentará voltear tan pronto como se reanuden las sesiones legislativas.

Claro que habrá que esperar para eso. Es que hasta el momento el Poder Ejecutivo no ha dado señales de querer convocar a sesiones extraordinarias, por lo cual el receso parlamentario difícilmente concluya antes del 1° de marzo, cuando se pondrá en marcha el período de sesiones ordinarias. Tal vez ésta sea la característica más novedosa del modelo K-2010: un Gobierno sin Congreso.

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