El blanco de todas las miradas.

El encuentro arrancará el viernes en Trinidad y Tobago. Estará el presidente de Estados Unidos y el tema central será Cuba. Cristina Fernández de Kirchner hablará en la apertura. Podría reunirse con su par norteamericano.
Sin dudas, la principal atracción de la Cumbre de las Américas que comenzará a sesionar el viernes en Trinidad y Tobago será la presentación del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ante sus colegas de la región. Se espera que Obama ofrezca detalles de sus planes para el continente, aunque ya se conoce el eje de su discurso: no más imposiciones unilaterales, vamos a hacer de cuenta que estamos en el mismo nivel, todo a partir de ahora se dialoga. Los norteamericanos concurrirán a la cumbre dando fe de su intención de dar una vuelta de página respecto de los agobiantes ocho años de Bush pero advirtiendo que tampoco le pueden pedir que modifique la política exterior de un día para el otro. Saben que "el tema" de la cumbre será Cuba –su embargo y su vuelta a los organismos internacionales–, pero Obama no quiere que sea de lo único que se hable. Paradójicamente, más cómodo se sentirá debatiendo la crisis financiera que inició su país. En ese punto, Cristina Kirchner volverá a la carga con su defensa del rol del Estado y la necesidad de dotar de recursos a los organismos de financiamiento, como el BID. No hay noticias respecto de una posible reunión entre ambos, pero los funcionarios argentinos no perdían las esperanzas respecto de que esta semana se produjeran novedades.

Las cumbres americanas se realizan cada cuatro años. El antecedente es la que se hizo en noviembre de 2005, en Mar del Plata, que dejó varias heridas en la diplomacia norteamericana, que ansía no repetir. Allí, George Bush llegó con la intención de imponer el ALCA a toda la región. Y no sólo se encontró con el rechazo de los presidentes del Mercosur, sino que también se llevó de recuerdo un multitudinario acto anti Bush en el estadio mundialista con Hugo Chávez, Evo Morales y Diego Maradona. "No quieren repetir acá lo de Mar del Plata", explicaba un funcionario argentino que conversó por estos días con diplomáticos norteamericanos.

El canciller Jorge Taiana estuvo la semana pasada con la secretaria de Estado, Hillary Clinton, con el principal asesor de Obama para la región, Dan Restrepo, y con el subsecretario de Asuntos Hemisféricos, Tom Shannon. En un día en Washington pudo palpar la inquietud de los norteamericanos porque los días en Trinidad y Tobago no se conviertan en un batir el parche sobre lo mismo.

En diciembre pasado, los países de la región en las cumbres celebradas en Costa do Sauipe, en Bahía, dieron muestras de su intención de reincorporar a Cuba a los encuentros regionales, como guiño hacia las reformas iniciadas por Raúl Castro. También hubo una declaración general de repudio al bloqueo a la isla. A la iniciativa le siguió una larga lista de viajes de presidentes –que incluyó a Cristina Kirchner– a La Habana, en una nueva señal de apoyo.

Ante este panorama, la Casa Blanca no necesita informes reservados para saber cómo viene la mano. Cuando días atrás se vieron en Chile, el vicepresidente Joe Biden le anticipó a Cristina Kirchner que Obama se reuniría con los otros jefes de Estado de la región dispuesto a conversar "de todos los temas". El deseo es que "todos los temas" no sean uno solo. Para evitarlo, antes de la cumbre Washington haría un importante gesto: eliminaría las restricciones que tienen los norteamericanos para viajar a Cuba y para el giro de remesas hacia la isla. Estas iniciativas ya le han valido a Obama comentarios elogiosos de Fidel Castro y de Hugo Chávez.

Las deliberaciones se desarrollarán en el Hotel Regency Hyatt, en Puerto España, capital de Trinidad. Se espera la llegada de siete mil visitantes a propósito de la cumbre, número que superará ampliamente la capacidad hotelera de la isla, de poco más de un millón de habitantes. Los organizadores de la cumbre dispusieron entonces que parte de las comitivas y los periodistas se alojen en dos cruceros amarrados en el puerto, dentro de la zona de seguridad trazada para el evento.

Cristina Kirchner será una de los cuatro oradores que abrirán las deliberaciones, el viernes que viene por la tarde, junto a Obama, el jamaiquino Bruce Holding y el nicaragüense Daniel Ortega. Se espera que la presidenta argentina siga la línea de los discursos pronunciados durante la cumbre del G-20 a propósito de la revalorización del Estado y la necesidad de dotar de recursos al BID para incentivar la inversión pública en la región como forma de enfrentar la crisis económica.

A propósito, la Cumbre de las Américas tendrá un documento final en el que los presidentes instruirán a sus ministros de Economía para que exploren los medios para asegurar que los organismos financieros internacionales y los bancos de desarrollo promuevan políticas crediticias y programas de asistencia técnica.

Según anticiparon los diplomáticos norteamericanos que se reunieron con los funcionarios argentinos, Obama buscará ampliar la agenda regional más allá de los estrechos límite que le impuso Bush con sus tratados de libre comercio y la consabida lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. El nuevo presidente hablará de los deseos de su gobierno de ayuda social y de la necesidad de desarrollar económicamente de los países más postergados para atacar la pobreza, toda una novedad viniendo desde Washington.

En los pocos meses que lleva la nueva administración, norteamericanos y argentinos han intercambiado una serie de gestos que hablan de un giro en un vínculo que venía maltrecho. El deseo en la Casa Rosada es que la "buena onda" sea coronada con una reunión bilateral en Puerto España. En la reunión con Hillary de la semana pasada no hubo avances al respecto, pero en los diplomáticos argentinos no pierden esperanzas de que esta semana, cuando la oficina de protocolo de Obama se siente a armar su agenda, pueda haber novedades. "Esto se resuelve 72 o 48 horas antes", sostenían. El sábado, segundo día de la cumbre, es según el programa el reservado para los encuentros privados entre los presidentes.

Comentá la nota