Un "blanco perfecto" y difícil de proteger

El cardenal argentino Jorge Mejía habló de la posibilidad de atentados; estuvo cerca del Papa
"A menos que se lo encierre en una jaula de cristal, es imposible defender al Papa", dijo ayer a LA NACION el cardenal argentino Jorge Mejía, que anteanoche fue testigo directo de lo que le pasó al Santo Padre.

"Estaba a cinco metros de él. Yo era uno de los primeros cardenales diáconos de la procesión, y cuando oí el grito de la señora, un grito sin sentido, de loca, me di vuelta para ver qué pasaba y vi a los gendarmes que corrían y atropellaban a la gente", contó. "Vi también muy claramente cuando los gendarmes agarraron a la señora mientras pataleaba: ella era muy visible porque estaba vestida de colorado, un color cardenalicio", agregó, entre risas, el cardenal, bibliotecario y archivista emérito de la Santa Sede.

Mejía, eminente biblista, detalló que él también fue atropellado por los gendarmes vaticanos, como le ocurrió a su colega y vecino de casa, el cardenal vasco-francés Roger Etchegaray, que sufrió fractura del fémur y se encuentra internado en el hospital Gemelli. "Pero yo no me caí. Evidentemente, tengo más estabilidad", comentó con ironía el prelado argentino, que en enero próximo cumplirá 87 años.

Mejía destacó que, pese al susto, la consigna en ese momento de máxima tensión fue seguir adelante. "Uno de los maestros de ceremonias dijo: «Sigamos». Karcher [monseñor Santiago Karcher, uno de los ceremonieros del Papa, que también es argentino] levantó al Papa; la mitra volaba por un lado; el solideo, por otro, y hasta el pastoral se cayó en el suelo. Pero se dijo: «Sigamos», y así se hizo por el resto de la misa, que continuó sin ningún cambio ni agitación", relató. "Hasta creo que hubo personas que ni siquiera se dieron cuenta de que había pasado algo", agregó.

Mejía contó, incluso, que, terminada la misa, los cardenales se reunieron con el Papa en la capilla de la Piedad -donde se despoja de sus paramentos-, y lo saludaron uno por uno. Entonces, Joseph Ratzinger no parecía shockeado. "Tenía la misma cara de siempre. Pero todavía no sabíamos que el cardenal Etchegaray había tenido un problema. Cuando lo saludé, le dije: «Santo Padre, gracias. Y descanse»", detalló.

A la hora de hablar sobre qué había pasado con la seguridad del Papa, si bien Mejía admitió que había habido una falla, también se manifestó convencido de que es imposible defender al Sumo Pontífice. "¿Qué pasó con Berlusconi el otro día? Y no hay nadie más cuidado que Berlusconi. Lo mismo ocurre con el Papa, que es un blanco perfecto: nadie puede impedir que se cometan atentados contra él, a menos que se lo mantenga en una jaula de cristal", opinó.

El recuerdo de Agca

El prelado, uno de los máximos expertos de la Iglesia católica en el diálogo con el mundo judío, que fue compañero de estudios de Juan Pablo II, incluso contó que antes de que ocurriera el famoso atentado en su contra del 13 de mayo de 1981 -cometido por el turco Ali Agca-, él había advertido que el papa polaco podía ser un blanco perfecto.

"Yo decía que debían poner un vidrio a prueba de balas, que nunca pusieron, porque el Papa está expuesto siempre, como lo estuvo hoy, cuando habló desde el balcón central de la basílica, o incluso cuando da vueltas en el papamóvil", indicó.

"Juan Pablo II siempre decía: «Déjenme que me acerque a la gente». No se puede impedir que sucedan estas cosas. El Papa es un blanco perfecto siempre, porque quiere y tiene que estar en contacto con la gente. Es una amargura para los gendarmes, que trataron de hacer lo que podían a expensas de nosotros, pero no hay más remedio", agregó.

Mejía, que tiene una memoria envidiable, hasta recordó el atentado que sufrió Pablo VI cuando llegó a Filipinas en 1970, cuando en el aeropuerto de Manila un desequilibrado lo atacó con un cuchillo. "Hubo sangre, pero lo defendió Marcinkus [Paul, el monseñor famoso por los escándalos financieros del Vaticano], a quien le quedó la sotana cortada", evocó.

"Preparémonos para cosas así. En cualquier momento puede pasar algo semejante", advirtió, finalmente, Mejía. "En este mundo en el que vivimos hoy, hay atentados contra todo el mundo. Es más: a mí me asombra que no haya habido atentados contra este papa que, reitero, es un blanco perfecto."

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