Bitácora de vuelo.

Por Nelson Castro.

He aquí una muestra de la tremenda anormalidad con la cual se viene gestionando la administración del Estado y de sus recursos por parte del matrimonio presidencial.

“El intendente de la Capital Ricardo Quintela junto al gabinete municipal y la presencia de diputados y concejales dio a conocer a la comunidad el resultado de la reunión con el ex presidente Néstor Kirchner y el compromiso del Gobierno nacional de asegurar los recursos que el municipio necesita para invertir en la ciudad y responder al requerimiento de los vecinos.

“Luego de la reunión de gabinete en la que participaron legisladores provinciales, concejales y secretarios en la sala de Situación del palacio municipal, el Intendente señaló que de la charla con el presidente del justicialismo sobresalieron las futuras obras públicas que recibirá la ciudad, los convenios con organismos nacionales y los temas partidarios.

“También le informó al ex presidente sobre la excelente relación que mantiene con el gobernador de la provincia y ‘conversamos sobre la situación general del país. Compartimos varias encuestas de diferentes provincias, donde vimos que en La Rioja el peronismo está muy bien’, agregó Quintela”.

Para el Intendente el resultado más importante de sus gestiones en la Nación se vinculan al compromiso del Gobierno nacional de facilitar recursos para el plan de asfaltado y reasfaltado en diferentes barrios, la obra de circunvalación interna, varias plazas, un plan de viviendas municipales, los desagües pluviales que faltan en la capital y recursos para establecimientos escolares, entre otras cosas.

He aquí una muestra de la tremenda anormalidad con la cual se viene gestionando la administración del Estado y de sus recursos por parte del matrimonio presidencial.

Al respecto, desde las cercanías de un intendente K de la provincia de Buenos Aires se relata esta situación en estos términos:

“Al intendente lo ningunearon durante todo el año pero, cuando vieron que daba bien en las encuestas, se le empezaron a acercar. Así fue que Cristina organizó varios actos en nuestro municipio y, en otros, el que se apareció fue Scioli. Como se ve, todo es cálculo electoral.

A nosotros nos prometieron una importante suma de dinero. Sin embargo, hasta ahora, nada de eso se concretó. Creemos que lo van a tener que enviar porque, si así están en el horno, no quiero imaginar lo que podría pasar si no cumplen con lo prometido.

Lamentablemente, esta política de los Kirchrner es así de autoritaria. Intendentes y gobernadores dependemos totalmente de la caja. Si nos llaman de la Rosada, tenemos que ir. No podemos decir que no. Es cierto que después, por lo bajo, casi todos se quejan pero, no ir, sería suicidarnos. Sabemos que Scioli está muy preocupado por la caída de la recaudación fiscal lo cual nos ata aún más a los fondos que se envían desde la Nación”.

La corroboración de la creciente e imparable asunción de las tareas de Gobierno por parte del ex presidente en funciones constituye un hecho altamente nocivo para la imagen de la institución presidencial. No hay decisión que emane de la Presidenta que no sea sometida a la aprobación de su esposo. El “no hay que llevarle problemas a Cristina” representa, en el fondo, una actitud de subestimación de la capacidad de la Dra. Fernández de Kirchner para enfrentarlos y resolverlos.

Por otra parte, la demostración de ejercicio real del poder que diariamente despliega Néstor Kirchner no es algo gratuito para la Presidenta. Muy por el contrario, hay una relación inversamente proporcional por la cual el poder que gana Néstor lo pierde Cristina.

La elección de octubre es el gran tema del Gobierno. Todo gira alrededor de eso.

Por eso los aumentos brutales de los servicios públicos deben ser ahora y ya. La idea es que hay que hacerlos cuanto antes y lo más lejos posible de la fecha del comicio. “En ese momento la gente ya se lo habrá olvidado”, razonan en las entrañas del poder.

A esas entrañas del poder ha vuelto Alberto Fernández. En consecuencia se lo comienza a escuchar más. En esta semana su voz se hizo oír para criticar el acercamiento del Felipe Solá a Mauricio Macri. Quienes barruntan en las proximidades del ex jefe de Gabinete le atribuyen haber dicho que “Néstor es game over (ya fue)” y que él mismo, Alberto Fernández, “ya no tiene espacio para volver al poder”.

Esta realidad lo pone a Néstor Kirchner de cara a la necesidad de buscar un posible sucesor que le sea fiel. Es, al fin y al cabo, el mismo mecanismo que usó Eduardo Duhalde cuando lo eligió a Néstor Kirchner, hecho del que el Dr. Duhalde no terminará nunca de arrepentirse.

En esta búsqueda es donde debe ubicarse a la figura de Carlos Reutemann. Sin embargo, la actitud de distanciamiento del ex piloto de Fórmula 1 –su voto negativo sobre la Resolución 125, su rechazo a conformar una lista común con el jefe del bloque de diputados del Frente para la Victoria, Agustín Rossi, y su decisión de no aceptar la invitación de la Presidenta para formar parte de la comitiva que la acompaña en su viaje a España– es clara y paulatina. “Por los gestos que está teniendo, diría que en un 80% está afuera del kirchnerismo. Si eso se concreta, trataremos de ordenar las cosas para poder ir por dentro del PJ provincial, armando un Frente Federal santafesino por fuera de los K”, confirman en las inmediaciones del actual senador de Santa Fe.

En medio de este paisaje la oposición también hace su aporte a la confusión general. Se vive en la Argentina de hoy en día una situación bastante similar a la de 1997. En aquel año de elecciones legislativas se jugaba el futuro del menemismo. De haber ganado el oficialismo, el Dr. Carlos Menem se hubiera lanzado decididamente a la búsqueda de la posibilidad de la re-reelección. La idea era la de conseguirla a través de una interpretación del texto de la reformada Constitución Nacional por parte de la Corte Suprema de Justicia con mayoría adicta que tenía aquel gobierno. La conformación de la Alianza, que logró parar el desenfreno de poder que también tenía el menemismo, fue producto, fundamentalmente, de la gran presión por parte de los sectores de la sociedad que demandaban una oposición fuerte.

“En el ’97 todo fue más fácil. Había menos caciques que hoy en día y, entre muchos dirigentes del Frepaso y de la UCR, había una corriente de afinidad y respeto que hoy, en muchos casos, está ausente”, describía uno de los dirigentes clave en el armado de la Alianza para la Justicia, la Educación y el Trabajo que tantas esperanzas generó y que, al final, tanto defraudó.

Hoy las circunstancias se repiten casi como un calco. La oposición atomizada no tiene chances de vencer a este alicaído kirchnerismo. Y es esto lo que le da esperanzas a Néstor Kirchner. En su incursión semanal por el mundo de las encuestas observa que, aun en aquellas que le son más desfavorables, el oficialismo puede llegar al 30%. Si la oposición no se une, con ese guarismo ganaría el Frente para la Victoria.

La oposición ha comenzado a dar muestra de comprender esto y de asumir el mensaje de aquella parte de la sociedad que quiere una alternativa y que le reprocha la poca capacidad para lograr acuerdos reales que permitan generar una opción real de poder.

En situaciones como ésta, la historia argentina es abundante en ejemplos que muestran que a los opositores los ha unido el espanto. Los mismos ejemplos han demostrado que el espanto ha servido para decir no a un proyecto hegemónico de poder pero nunca para crear un programa de acción gubernamental y político.

Veamos pues el panorama de la oposición.

Elisa Carrió ha dejado atrás su intransigencia para abrir puertas con dirigentes a los que supo criticar duramente. Esto le genera contradicciones de difícil explicación para muchos de los que la apoyan.

Mauricio Macri, quien hace unos meses buscaba algún acercamiento con la titular de la Coalición Cívica, hoy lo rehúye.

Felipe Solá sabe que tiene que unirse a otros para sumar. “Me siento cómodo con Macri y con Margarita Stolbizer; con Carrió, no”, dijo.

La aparición de Luis Barrionuevo como promotor de alguna unión dentro del PJ alegró a los Kirchner. “Barrionuevo es como el cajón de Herminio Iglesias”, sentenció con buen razonamiento alguien desde las cercanías del matrimonio presidencial. Nadie entiende muy bien por qué Duhalde aceptó estar en la foto del tradicional asado de cumpleaños que el siempre cuestionado dirigente gremial hizo en Mar del Plata. Consciente de esto, Francisco de Narváez pegó el faltazo.

Finalmente en la UCR la relación con Julio Cobos marcha a ritmo de telenovela. No sabemos por cuál capítulo va, pero hay aire de final de reconciliación con reminiscencias de la parábola del hijo pródigo.

En el medio de esto está la realidad. “Se venía de una producción de 270.000 toneladas de acero. Hoy estamos con una proyección de 70.000. Esto le da una idea de la caída de la actividad económica. Esto no se soluciona con plan de compra de heladeras, calefones y cocinas”, explica un conocedor del sector siderúrgico.

La concertación social entre empresarios y trabajadores es imperiosa. La idea ya había sido expuesta por la Presidenta al asumir el Gobierno. Pero, como muchas otras cosas que forman parte del doble discurso de los Kirchner, hasta ahora eso quedó en la nada.

Con el campo todo sigue mal. En este sentido hay que prestarle mucha atención al episodio de escrache que sufrieron los diputados Agustín y Alejandro Rossi en Laguna Paiva. El escrache es un accionar de neto corte nazi. Por lo tanto, es siempre repudiable. Los ruralistas tienen motivos más que suficientes para estar enojados con el Gobierno. Sin embargo, ni el peor enojo justifica el empleo de métodos violentos repudiados por la historia. En este contexto, el “fuck you” del diputado Alejandro Rossi –del cual se disculpó– también es reprochable.

En su discurso del jueves pasado, la Presidenta dijo:

“…Lo importante es que el conjunto se realice, que seamos capaces de entender que la Argentina, no Aerolíneas Argentinas, la Argentina, necesita que todos depongamos actitudes de fuerza, de imponer, de creer que sólo uno es el que tiene la razón, de amenazas o de puño crispado”

Hermosas palabras que, en muchos casos, el matrimonio Kirchner contradice con algunas de sus conductas día tras día.

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