Binner, atado a la gestión

Hermes Binner debe salir rápidamente del trauma electoral, habrá que ver si con el mismo gabinete. Justo en la mitad de su mandato. Cuando es tiempo de balance.
Nada debe reprocharle el Frente Progresista al gobernador, que (aunque no pudo) puso mucho más de lo que se esperaba para hacerle perder el invicto a Carlos Reutemann.

Pese a las desmentidas, como sucede en toda elección que no termina en una victoria, hay en la coalición reproches, pases de facturas y murmullos, que solamente puso en evidencia pública el diputado nacional Pablo Zancada, pero que llenaron de quejas a quien esto escribe, siempre bajo el "por favor no me nombre". ¿Se reúnen el martes socialistas y radicales para hacer catarsis?

Acicateado por la catarata de encuestas que lo daba ganador a Rubén Giustiniani (quien realizó una excelente elección), el ex intendente rosarino se jugó el resto entendiendo que era el momento de darle el "golpe final" a Reutemann en Santa Fe. El error de Binner fue ingresar en un cuerpo a cuerpo que le hizo perder, además, su estilo moderado, algo que los habitantes de la provincia reclaman a sus gobernantes.

El socialismo perdió por un puñado de votos si se analiza a la provincia como un todo, pero recibió una paliza en la ciudad de Santa Fe, donde está la sede de gobierno.

El propio gobernador ha dicho en reuniones privadas que "hay que diferenciar la forma de gobernar", puesto que "Rosario no es lo mismo que la capital". Si se leen con detenimiento los resultados del 28 de junio se arribará a la conclusión de que el Frente Progresista muestra una instalación territorial importante e inédita en otras circunstancias. Y esto no diferencia extremos geográficos.

La consistencia del socialismo y su permanencia en el tiempo no debe sin embargo asimilarse a los 20 años de gestión en Rosario. La ciudad le dio el bastón de mando desde Héctor Cavallero hasta hoy sin que tengan demasiada influencia los aliados radicales. Es más, el pobre desempeño de la UCR en los últimos años hubiera sido un colchón de piedras. Pero en la provincia cambia la situación.

La inmensa mayoría de las municipalidades, intendencias o presidencias comunales en manos del oficialismo pertenecen a ese color político que, todavía mucho más tras la derrota del 28 de junio, pujará por más espacios de poder dentro de la coalición. ¿El Partido Socialista aceptará sin más esa realidad? Es una de las preguntas del millón teniendo en cuenta que el 2011 no tendrá a Binner como candidato a gobernador.

El aluvión de votos a Reutemann en el departamento La Capital fue prevenido por algunos encuestadores serios, pero sin embargo se creyó que el final del Lole estaba escrito en el agua.

De haber contado hasta 10, Binner tenía el argumento justo para explicar la derrota por tan pocos puntos, hablando de la cercanía que los habitantes de aquella ciudad tienen con el Lole. La misma que los rosarinos tienen con el socialista.

La destemplada mención al síndrome de Estocolmo repitió la "boutade" de 2003, cuando mandó a los santafesinos al psicólogo. Ahora hay que rebobinar el barrilete, demostrar que fue una declaración pronunciada bajo emoción violenta (él dijo que "estaba dormido") y bajarle decibeles a la lucha política. Los dos años que restan para que Binner termine su mandato necesitan imperiosamente un cambio en la relación con la Legislatura, específicamente con el Senado, hegemonizado por el peronismo. Los dardos entre diputados socialistas y senadores justicialistas no sirvieron para nada. Deberán convivir hasta el final, y todo puede ser peor si no se ponen paños fríos.

Los justicialistas creen que una candidatura presidencial de Reutemann arrastrará al candidato a gobernador. En el Frente son muchos los que consideran que el tiempo del justicialismo ya pasó, y se vienen 20 años de socialismo.

Ambos partidos deberán trabajar y mucho para hacerse consistentes. El PJ hasta ahora demostró que es Reutemann y nada más que Reutemann. El Frente Progresista sin Binner es un enigma.

Lo que confirma este "personalismo a la santafesina" es que se terminaron los votos cautivos a la hora de definir comicios. Los independientes son quienes en la provincia inclinan la balanza, y no se dejan arrastrar por los gritos, las acusaciones vacuas o las operaciones mediáticas.

Pero el vaso medio vacío podría dejarse de lado. Santa Fe tiene a dos dirigentes de peso que ningún referente podrá obviar en el 2011. Reutemann depende de él para acariciar las puertas de la Casa Rosada, y Binner será convocado por cualquier opositor no peronista que compita por la sucesión de la devaluada Cristina.

Es verdad que Reutemann superó el test que todos repetían: "No hay 2011 sin 2009". En cambio, en la gestión del Frente Progresista se juega la suerte de Binner, tal vez como segundo de Julio Cobos.

Ambos deberán analizar a fondo sus estrategias y replantear los chirridos que parecieron convertirlos en émulos de la denigrada clase política que cree que es mejor el que más grita, acusa o insulta.

Aunque Antonio Bonfatti lo haya negado, no estaría mal que el gobierno provincial haga un análisis pormenorizado de la performance de cada uno de sus funcionarios y secretarios.

La inseguridad sigue siendo un trauma que desvela a los santafesinos, mucho más que los problemas aún irresueltos entre el gobierno y el campo. El desempleo cabalga, y hay que rogar que no se desboque.

Dos cuestiones que siembran alerta amarilla en la provincia. Y tal vez merezcan un par de tarjetas rojas.

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