Es difícil imaginar un aniversario tan contradictorio como este que nos toca vivir. Una provincia y un país empobrecidos, que a ciencia cierta no saben hacia donde van; cuyas sociedades se anulan al no poder resolver la encrucijada actual; que solo las mantiene la ilusión de que “podría ser peor”; todo bien disimulado con convenientes eufemismos de ocasión.
En el caso catamarqueño es difícil imaginarse un páramo semejante. El debate de ideas que nos saque del atraso para siempre no es bueno ni malo, simplemente no existe, porque la fuerza gobernante, que sueña con una dictadura por 20, 40 o 60 años más, lo clausuró; aunque es cierto también que las fuerzas de la oposición también le escapan.
Los graves problemas que amenazan con desintegrarnos como sociedad, la pobreza y el desempleo asfixiante, la pésima educación que reciben jóvenes, igual que la salud pública o la seguridad, mas la necesidad urgente de una infraestructura básica que arranque del subsuelo en el que nos encontramos, son apenas enunciados en el jubileo de este aniversario, o en el mejor de los casos, si es que acaso eso fuera mejor, son atribuidos a “otros”, nunca a nosotros mismos; o son despachados con formulas que nada significan, cuando no con verdaderos despropósitos o fullerías. Ese es el contexto de este bicentenario en la provincia.
La corrupción es una metástasis generalizada, y no solo en los gobiernos sucesivos de Brizuela del Moral claro. Nuestros dirigentes no hacen política, sino clientelismo de la peor especie y viven en permanente campaña electoral, solo atentos a la opinión publica, a los titulares de los diarios (si acaso alguien considera esto exagerado, basta leer bien lo que dicen o no dicen los multimedios provinciales). Por supuesto que la desgracia está extendida, que en una ojeada por el resto del país el panorama no mejora.
La única esperanza que asoma a la distancia es lo que pasó ya en otras sociedades, que se organizaron, que presionaron y vigilaron a su dirigencia; esa dirigencia que como dicen los expertos, secuestraron la política y a la que hay que rescatar.
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