Betancourt vuelve a la política, sin ser candidata

Instó a los líderes regionales a lograr la liberación de los rehenes
A fines del año pasado, en una de las "pruebas de vida" suministradas por las FARC, Ingrid Betancourt era la imagen demacrada y sufriente de una cautiva por la que se temía lo peor.

Esa misma mujer, rebosante de alegría, pero aún muy afectada por seis años de secuestro, celebró su sorpresiva libertad unos meses después e intentó en París recomponer su vida familiar entre visitas a celebridades mundiales, no sin algunos tropiezos: las tensiones con su segundo marido, Juan Carlos Lecompte, y con su ex compañera de cautiverio, Clara Rojas. A ello se sumó el anuncio anticipado de una conferencia de prensa por si recibía el Nobel de la Paz.

Anteayer, Ingrid visitó a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y fue fotografiada junto a Madonna, algo impensable meses atrás. Poco después, con un tono emotivo pero eligiendo cuidadosamente las palabras, ofreció una conferencia de prensa en la embajada de Francia en Buenos Aires, en la que reveló, más allá del agradecimiento al Gobierno por su compromiso con la causa de los secuestrados colombianos, los verdaderos motivos de su reaparición en escena: su vuelta a la política.

En efecto, reconoció que vuelve a la política, pero no a la política partidaria, el reino, dijo, de la "contienda electoral, las trampas y las zancadillas". En otras palabras, por ahora, no será candidata. "Pero hay otra política que sí me gusta. La de la reflexión y la de trabajar por los demás. La de la libertad y del amor", confesó.

"Vamos a cambiar nosotros mismos y nuestros corazones hacia un mundo marcado por la espiritualidad", añadió la ex rehén, que planteó la posibilidad de que todos los líderes latinoamericanos se comprometan en la liberación de los secuestrados de las FARC y en la solución del conflicto armado colombiano, de modo que la próxima Navidad sea la última que los rehenes deban permanecer en cautiverio.

Pero éste sería el primer paso para replantear el proyecto tantas veces fracasado de la integración en el nivel continental. Según su razonamiento, si los líderes latinoamericanos son capaces de actuar en conjunto para ayudar a terminar con el sufrimiento del pueblo colombiano, demostrarán que están aptos para integrarse en un bloque similar a la UE. "Debemos hacer lo que hizo Europa. Quiero que mi pasaporte diga América latina y no Colombia", afirmó.

Incluso, en momentos en los que se habla continuamente en la región de Simón Bolívar, Betancourt mencionó a José de San Martín. "Después de liberar a su pueblo, se dio cuenta de que debía liberar a otros pueblos para proteger la libertad del suyo. Esta es una idea bellísima. Si nos ocupamos de hacer respetar la libertad de los secuestrados colombianos, estamos cuidando nuestra propia libertad."

"Estoy orgullosa de ser latinoamericana. Tenemos líderes extraordinarios, todos. Este continente va a ser la sorpresa del milenio y, para empezar, de este siglo", señaló.

La ex rehén sabe que sus visitas constituyen un bálsamo para presidentes de imagen desgastada. Por eso, ha buscado posicionarse como una "fuerza moral" capaz de recordarles qué cosas son importantes, aunque no sean urgentes. Aún queda la duda de si tendrá éxito en esta dificilísima tarea y si no se verá tentada a volver a la política partidaria que hoy rechaza. Su paso por la Argentina mostró que, por ahora, nada le parece imposible a esta mujer que recuperó su libertad tras un calvario de seis años en la selva.

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