Berreta

Era un número puesto: el inicio de operaciones en la nueva terminal de ómnibus ya es un caos. ¿Qué otra cosa podía esperarse de un proyecto nacido de la espuria conjunción de Aldrey Iglesias, más Néstor Otero, y la complacencia de Víctor Daniel Katz Jora junto con la complicidad de Gustavo Arnaldo Pulti?
Lo lamentable es que ésta es una decepción anunciada: sólo una comunidad mediocre, que no es capaz de abordar el pensamiento empírico, se demuda ante lo fáctico. En primera línea de responsabilidades están los dirigentes políticos; el hoy diputado nacional Daniel Katz había recibido un proyecto que pretendía invertir catorce millones de dólares en una estación ferroautomotora en Camet, frente al aeropuerto.

Se deshizo entonces en expresiones de elogio, afirmando que el proyecto era "el" proyecto, y que tendría todo su apoyo. Lo tuvo hasta que apareció en escena el entrometido de siempre, Florencio Aldrey Iglesias, que alertado por el senador (MC) Jesús Porrúa se lanzó como podenco tras la liebre reclamando un pedazo del negocio, en el que por supuesto no pensaba poner un centavo.

La reunión en la que Aldrey hizo saber de su intención de hacerse del 30% de la utilidad del emprendimiento se realizó en las oficinas del diario La Prensa. Allí, el capanga coruñés expuso sus condiciones: "30% para mí, el arquitecto es Carlos Mariani y el operador, Néstor Otero". ¿Qué ofrecía? En sus palabras, según relata el empresario sometido a presión, el manejo del Intendente y el Concejo Deliberante.

Por su parte, Katz apagó los teléfonos, por mucho tiempo no les puso la cara a los empresarios de la propuesta originaria, así que el grupo económico dueño de esas tierras decidió que en todo caso la propiedad quedaría como herencia para los nietos. Y Aldrey y Otero, con la anuencia de Katz más el silencio de los otros políticos de la ciudad, iniciaron el camino hacia este desastre.

Esta operación debería completarse con el apoderamiento de las tierras de la vieja terminal. Pero en este caso hay nuevos jugadores en escena y un juego de presiones entre poderes a nivel de la provincia que bien puede dar un resultado inesperado. Aunque esa ya es otra película.

Yendo a la actualidad, el cierre por más de una hora de la terminal al ingreso de las unidades de micros que pertenecen a empresas que se niegan a pagar el uso de dársena a $25 "por toque", marcó un dato que cualquiera comprende: esta administración privada actúa de prepo, a los bifes. A los bifes cerraron la vieja terminal, a los bifes corren a las empresas y actúan a ojos vista con todo en estado irregular. Es irregular el funcionamiento de las cafeterías-restaurantes; es irregular la playa de estacionamiento ubicada sobre San Juan; no hay ordenanza que admita la circulación de micros por las calles interiores del barrio, y se viene el desquicio de ampliar la avenida Libertad.

Todo mal, todo "trucho", todo de guapos. Bien al estilo Aldrey. ¿El Intendente?, escondido, huido, como buen cobarde. El día de la puesta en marcha de prepo de esta estación terminal, Pulti decía: "es un cambio que anhelamos durante décadas todos los ciudadanos de Mar del Plata (…) los turistas que lleguen durante el verano a nuestra ciudad serán recibidos por un edificio moderno y acorde a una ciudad turística como la nuestra". Allí reveló que la estación recién estará en condiciones de ser efectivamente inaugurada en marzo, pero en tanto se opera violando las ordenanzas, no se respeta a la gente, se desplaza a los trabajadores y se maltrata al vecino. Es que esta locación nunca debió alojar este emprendimiento nefasto y prepotente. Otro capricho berreta que sufre y paga la ciudad.

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