Berlusconi volvió a su casa y llamó a "una nueva era de diálogo" con la oposición

Fue en un mensaje al abandonar el hospital. Dijo que había sentido "cercanos" a algunos opositores. El premier no hizo autocríticas.
Con la nariz y la parte izquierda de la boca y las mejillas vendadas, Silvio Berlusconi abandonó con cara seria ayer el hospital San Raffaello de Milán, donde estuvo internado desde el domingo, cuando fue seriamente herido por un desequilibrado que le pegó empuñando con la mano derecha una estatuilla de la catedral de Milán, al final de un acto partidario. El premier sufrió la fractura de la nariz y tuvo dos dientes rotos, además de heridas profundas en la parte interna y externa de los labios, que obligaron a ponerle unos puntos de sutura.

El premier desapareció por unas horas a bordo de su automóvil blindado, rodeado por una escolta que no lo salvó el domingo del atentado. Después se supo que había estado cuatro horas en el consultorio de Massimo Mazza, en la vía Guerrazzi de Milán. Su dentista de confianza comenzó a recomponerle los dos dientes rotos.

Después Berlusconi fue a villa Sanmartino, en Arcore, un suburbio de Milán vecino a Monza, donde reside. Un grupo de vecinos lo saludó aplaudiéndolo, mientras la policía mantenía a los periodistas a cien metros de distancia.

Cuando salía del hospital, el jefe del gobierno italiano difundió una declaración que comenzaba así: "Dos cosas me quedarán como recuerdo de estos días: el odio de unos pocos y el amor de tantos, tantísimos italianos".

Berlusconi afirmó que a "unos y otros" les promete que "iremos adelante con más fuerza y determinación de antes por el camino de la libertad". "Lo debemos a nuestro pueblo y a nuestra democracia, en la cual no prevalecerán la violencia de las piedras ni aquella peor de las palabras".

El premier dijo que "sentí cercanos en estos días a algunos políticos de la oposición". Se refería a Pierluigi Bersani, líder del principal partido de oposición de centroizquierda, y a Pierferdinando Casini, jefe de los católicos, que fueron a visitarlo y mantuvieron encuentros definidos como "calurosos" con Berlusconi. Con tono emocional, Berlusconi dijo que el dolor que ha padecido después del atentado "no habrá sido inútil" si ahora "hay mayor conciencia de un lenguaje más moderado y honesto en la política italiana".

Sin hacer ninguna autocrítica, el premier afirmó: "Algunos representantes de la oposición parecen que han entendido: si se distancian con honestidad de los pocos que fomentan la violencia, entonces se podrá finalmente comenzar una nueva era de diálogo".

Los médicos le han ordenado que en las próximas dos semanas no realice actividades públicas y se dedique a descansar. Pero el portavoz de Berlusconi, Paolo Bonaiuti, dijo que es muy difícil que el jefe se quede quieto. El diario suizo Le Matin anunció que el premier italiano es esperado "en los próximos días" en la clínica Ars Médica de Gravesano, en Ticino, cerca de la frontera con Italia. La clínica, en la que Berlusconi estuvo ya como paciente en otras ocasiones, está especializada en cirujía plástica y medicina ortopédica.

Massimo Tartaglia, de 42 años, el enfermo psiquiátrico que atacó al primer ministro hiriéndolo con una estatuita de la catedral milanesa, sigue arrestado en la cárcel de San Vittore de Milán. En la televisión se lo vio medir dos veces el golpe que descargó con ferocidad sobre Berlusconi. La mano derecha de Tartaglia armada con el souvenir del duomo golpeó duramente la parte izquierda de la cara del político conservador. Si el golpe hubiera llegado apenas un centímetro más arriba, las consecuencias habrían sido desastrosas, probablemente dañando seriamente o vaciándole el ojo izquierdo al jefe del gobierno italiano.

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