Berlusconi sugiere la retirada de tropas

El atentado reivindicado por los talibán estuvo dirigido contra el contingente de Roma en Kabul. Murieron seis soldados italianos y diez civiles. Berlusconi aclaró que no ordenará un repliegue sin antes consultar a los otros de la OTAN.
"Estamos todos convencidos de que hay que salir cuanto antes de Afganistán", aseguró ayer el primer ministro, Silvio Berlusconi, después de enterarse de la muerte de seis soldados italianos en Afganistán. El atentado estuvo dirigido claramentente contra el contingente de Roma en Kabul. Un coche bomba explotó justo enfrente de un convoy militar, identificado con las siglas de la OTAN y uno con la bandera italiana, que viajaba por una de las principales rutas de la capital afgana. El movimiento talibán reivindicó el ataque, en el que también murieron diez civiles y otros 54 resultaron heridos.

Fue el peor golpe contra las fuerzas italianas desde que comenzó la invasión en 2001 y, por eso, Berlusconi no se quedó en las tradicionales frases de protocolo. Su primera reacción fue recordar la promesa de recortar el número de tropas en Afganistán. "Habíamos previsto una fuerte reducción de nuestra presencia y proseguiremos en este sentido", señaló en un comunicado. Sin embargo, el primer ministro italiano reiteró que no ordenará una retirada total sin antes consultarlo con sus compañeros de la OTAN.

Frente a ese dilema se encuentran también sus vecinos europeos. En la primera mitad del año la violencia aumentó casi un 25 por ciento en Afganistán. Además, desde el comienzo de la campaña presidencial en mayo pasado, el número de soldados extranjeros muertos también creció significativamente. Anteayer tres militares norteamericanos fallecieron en un ataque y ayer un canadiense murió y otros once resultaron heridos.

Una de las primeras misiones de Barack Obama cuando asumió la presidencia norteamericana a principio de año fue lograr que sus socios europeos se sumaran a su decisión de aumentar el número de soldados en Afganistán. Algunos lo hicieron; otros tardaron un poco en aceptar. Esta semana el gobierno español anunció que estaría por sumar otros 300 soldados a un ejército multinacional que ya cuenta con unos 64 mil hombres y mujeres de la OTAN y países aliados.

Pero a pesar de estos apoyos y del aumento de la presencia militar extranjera, la violencia sigue creciendo en Afganistán. Los talibán aprovecharon la reciente elección presidencial para demostrar su control territorial de gran parte del sur del país y su capacidad de intimidación allí, pero también en las grandes ciudades, como la capital, Kabul. Según los observadores electorales extranjeros, sólo entre el cinco y el diez por ciento de las personas habilitadas para votar se animaron a hacerlo.

Además, el número de atentados y el saldo de víctimas aumentaron en estos últimos meses. Como si esto no fuera suficiente, la sensación de inseguridad resulta amplificada por la parálisis política provocada por un escenario post-electoral sembrado por dudas y denuncias de fraude. El miércoles pasado, después de semanas de esperar, el presidente Hamid Karzai finalmente fue declarado ganador, según los resultados oficiales. Sin embargo, la misión de observadores de la Unión Europea (UE) se apuró a advertirle al mundo que al menos un tercio de los votos contabilizados como válidos podrían ser fraudulentos.

A pesar de esa advertencia, los países miembro de la OTAN se niegan a dar la espalda al proceso electoral, al que tanto apostaron. Por ahora Washington y sus socios europeos no hablan de fraude, pero tampoco felicitan a Karzai por su presunta victoria.

Ayer Karzai habló por primera vez ante la prensa sobre las denuncias de irregularidades en la elección. "Los medios de comunicación han informado de fraudes masivos. No fue tan grande. Si hubo fraude, fue pequeño. Pasa en todo el mundo", aseguró un Karzai más relajado y confiado. Según los resultados finales, el presidente obtuvo la reelección con más del 54 por ciento de los votos, mientras que su principal rival, Abdulá Abdulá, no alcanzó el 30 por ciento.

Karzai necesita tanto a sus aliados occidentales como ellos lo necesitan a él. Ayer el presidente afgano les bajó el tono a las denuncias contra las fuerzas extranjeras por el bombardeo de hace dos semanas, que culminó con la muerte de más de sesenta talibanes, pero también de al menos treinta civiles inocentes. Según el informe que presentó el gobierno afgano, la OTAN simplemente "tomó una mala decisión" al bombardear dos camiones cisterna rodeados por decenas de civiles. No hubo intencionalidad y, por lo tanto, una vez más, no habrá juicio ni condena.

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