Berlusconi perdonó a su agresor

"Ustedes saben que soy incapaz de ser rencoroso, pero el gesto de Tartaglia no debe ser subestimado", dijo el premier. Agradeció al Papa y al presidente Napolitano.

El jefe del gobierno italiano, Silvio Berlusconi, convaleciente en su residencia de Arcore, cerca de Milán, perdonó a su agresor y telefoneó al presidente Giorgio Napolitano, después de tres meses de tensas relaciones.

Berlusconi también agradeció al papa Benedicto XVI su "cercanía" tras la agresión que sufrió en Milán, en el mensaje de felicitación por la Navidad, que fue dado a conocer ayer.

Il Cavaliere afirmó haber "perdonado" a Massimo Tartaglia, un desequilibrado que lo agredió el 13 de diciembre en dicha ciudad, durante una teleconferencia el martes con su partido, según el diario Il Corriere della sera. "Ustedes saben que soy incapaz de ser rencoroso, pero el gesto de Tartaglia no debe ser subestimado. Espero que no lo liberen demasiado pronto. La magistratura debe dar una señal" para disuadir a otros potenciales agresores, agregó. Berlusconi también llamó al presidente de la República, Giorgio Napolitano, quien había exhortado a "no alimentar las tensiones" y a recuperar una "confrontación civilizada" entre los partidos políticos.

Las relaciones de los dos hombres se hicieron particularmente tensas durante los últimos tres meses. Tras la sentencia desfavorable de la Corte Constitucional rechazando la inmunidad penal del jefe del gobierno, el 7 de octubre, Berlusconi acusó a Napolitano de parcialidad, recordando que había pertenecido al Partido Comunista. "Me agradó" que Silvio Berlusconi haya llamado, declaró Giorgio Napolitano, según el diario La Stampa. "Las relaciones personales con él siempre han sido buenas", agregó, precisando que "las relaciones personales son una cosa y otra las relaciones institucionales."

En el mensaje por Navidad, enviado como es ritual al secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, Berlusconi añade que las palabras del Papa tras la agresión del pasado día 13 "le fueron de gran consuelo". El primer ministro afirma en la misiva que "el mensaje de paz y fraternidad de Cristo, que tendría que reinar entre los hombres, es por desgracia olvidado cuando a la fuerza de las ideas se responde con la violencia verbal o incluso física".

Asimismo, el primer ministro confirmó al pontífice que "los valores cristianos están siempre presentes en la acción del gobierno" y prometió que su Ejecutivo "adoptará las medidas necesarias para garantizar la serenidad y la paz social". El papa Benedicto XVI había deplorado la agresión a Silvio Berlusconi, a quien le envió un telegrama deseándole una "rápida recuperación". En el texto, el jefe de la Iglesia Católica expresaba al primer ministro su "paterna cercanía".

Tanto Berlusconi como su gobierno han achacado al supuesto clima de "odio" que se respira en el país el gesto de Tartaglia, un hombre con comprobados problemas mentales, quien hirió al primer ministro en la cara. Berlusconi sufre de una fractura de la nariz y tiene dos dientes rotos después de haber recibido de lleno en el rostro, al terminar un mítin político, una reproducción en miniatura de la catedral de Milán. El jefe del gobierno pasó cuatro noches en el hospital debido a persistentes dolores, antes de ser dado de alta el jueves. Sus médicos le recomendaron quince días de convalecencia, sin participación en actividades públicas, incluyendo el consejo de ministros.

Un estudio de opinión publicado por Corriere della sera señaló que la agresión disparó la popularidad de Berlusconi a un 55,9 por ciento, en detrimento de un 48,6 por ciento registrado a mediados de noviembre.

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