Berlusconi ordena organizar la cumbre del G8 en L´Aquila

La ciudad fue devastada por el sismo; la reunión iba a ser en Cerdeña
ROMA.- Barack Obama, Gordon Brown, Angela Merkel, Nicolas Sarkozy y los otros mandatarios de los países más poderosos del mundo no pasarán la cumbre del G-8 de julio próximo en la pequeña y paradisíaca isla de La Maddalena, en Cerdeña, como estaba previsto.

En una jugada sorpresiva y magistral, el anfitrión, Silvio Berlusconi, cambió ayer todos los planes.

Decidió mudar la cumbre, que se realizará entre el 8 y el 10 de julio, nada menos que a L´Aquila, la ciudad devastada a principios de mes por un terremoto que dejó 296 muertos y unas 50.000 personas sin techo.

En una reunión de gabinete que tuvo lugar ayer excepcionalmente en esa misma ciudad, capital de la región de los Abruzos y símbolo de la destrucción de un patrimonio artístico enorme, Berlusconi explicó las causas de su decisión.

El premier aseguró que, al trasladar la sede del G-8 a L´Aquila, el gobierno no sólo ahorrará recursos que podrá destinar a la reconstrucción de la zona, sino que también pondrá el tema en el centro de la atención mundial y evitará el riesgo de manifestaciones antiglobalización.

"Sería un mensaje de esperanza para los Abruzos", dijo el premier, que detalló que las reuniones del G-8 tendrán lugar en el cuartel general de la Policía Tributaria que se levanta en las afueras de L´Aquila, uno de los pocos complejos edilicios que quedó en pie después del sismo.

Fue en ese lugar que hace unas semanas tuvo lugar el conmovedor funeral solemne de las víctimas y donde el gobierno de derecha de Berlusconi suele tener sus reuniones y conferencias de prensa.

Con el traslado Italia ahorrará "220 millones de euros que habían sido destinados a la isla de La Maddalena, que en cambio servirán para la reconstrucción", aseguró el Cavaliere .

"Además, los líderes políticos podrán ver en persona los monumentos que los Estados extranjeros podrían llegar a adoptar para restaurar", agregó.

La popularidad del premier alcanzó picos récords luego de que él se involucrara en persona en la catástrofe, viajara todos los días a los campamentos que se levantaron en la zona para los evacuados y pasara las vacaciones de Pascua entre el polvo y la destrucción. Berlusconi destacó, por otra parte, que en tiempos de crisis la lujosa isla de La Maddalena no habría sido apropiada para la cumbre. "L´Aquila sería una sede más sobria", subrayó.

Bajo control

Rodeada de límpidas aguas azules, la diminuta y más que exclusiva isla de La Maddalena había sido elegida, en principio, por motivos de seguridad, al tratarse de una meta prácticamente inalcanzable por los grupos antiglobalización, protagonistas de violentos choques en la cumbre del G-8 de Génova, en 2001. En esa oportunidad un joven murió en los incidentes que estallaron entre manifestantes y fuerzas del orden.

En este sentido, el Cavaliere aseguró que en L´Aquila todo iba a estar bajo control y que no iba a haber ningún problema con protestas de sectores antiglobalización.

"No creo que los manifestantes tengan ni las ganas ni la cara como para herir a una ciudad ya golpeada por el terremoto y para organizar protestas duras como las que vimos en el pasado", dijo el premier, cuyo gobierno también aprobó un fondo de 8000 millones de euros para reconstruir la zona.

Mientras desde Estados Unidos y Gran Bretaña daban extraoficialmente su visto bueno al repentino cambio de sede, según fuentes de prensa italianas, en Cerdeña, donde desde hace meses se trabaja para poner a punto la cumbre del G-8, ponían el grito en el cielo.

"Es una locura", denunció Alessandra Giudice, presidente de la provincia de Sassari, al norte de Cerdeña, como la isla de La Maddalena. Angelo Comiti, alcalde de este lugar, tuvo palabras similares. "Trasladar el G-8 a L´Aquila es pura ciencia ficción. Ya recibimos las delegaciones de todos los países que hicieron un reconocimiento para analizar los temas de seguridad y hay centenares de obreros que siguen trabajando con una inversión de recursos públicos gigantesca", dijo. "El G-8 no es una fiesta de cumpleaños entre compañeros de curso. Es un mecanismo que implica la movilización de miles de personas", agregó, enfurecido.

Pese a las durísimas reacciones sardas, la oposición de centroizquierda y los sindicatos, descolocados por la movida de Berlusconi, no protestaron. "Entiendo que contribuiría a mantener viva la atención sobre los Abruzos", dijo Dario Franceschini, líder del Partido Democrático.

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