Berlusconi intentó calmar a los evacuados con una frase polémica

"Están en las carpas, tienen comida caliente. Es como si vivieran en un camping antes de volver a casa", les dijo al visitarlos en L' Aquila. Admitió que la situación es peor de lo pensado. Denuncian fraudes en la construcción antisísmica.
Con un casco rojo de bombero en la cabeza y una viejita que le agarra las manos, se las besa y le grita: " ¡Ayúdanos, no nos queda nada!", Silvio Berlusconi cambia de piel, se olvida de algunos chistes idiotas que hizo en los últimos tres días. "Esto es mucho peor de lo que pensaba", reconoció ayer, en su tercera visita en tres días, un hecho que habla en su favor porque se expone en primera persona. El premier italiano se dedicó a caminar por el desolado centro de L'Aquila, la magnífica ciudad de origen medieval, de las 99 plazas y las 99 iglesias, muchas de las cuales no existen más. Confiesa, ingenuo: "Creía que la situación peor se daba en las viejas casas, pero la cosa es general: no ha quedado un edificio íntegro".

Berlusconi azuzó a la gente que visitó en las carpas de emergencia a irse a los hoteles de la costa Adriática. "Hagan una vacación. Nosotros pagamos todo. No se olviden la crema solar". A una televisión alemana le dijo cosas más tontas. "Están en las carpas, tienen comida caliente, atención sanitaria y abrigo. Es como si vivieran en un camping antes de volver a casa".

Por un momento, su optimismo superficial, que mezcla con su gran capacidad para demostrar que es el hombre de hacer las cosas, desaparece. "Como padre no traería nunca a mi familia a una de estas casas aunque me dijeran que se pueden reparar. Si viene un temblor fuerte, se cae todo".

Estas palabras, estos gestos, resumen los grandes desafíos que enfrenta el gobierno conservador frente al devastador espectáculo del terremoto de la madrugada del lunes. Ayer, el dato oficial de muertos se elevó a 272, los desaparecidos "están entre veinte y treinta" según la Protección Civil, lo que que quiere decir que la cifra final puede ser de más de 300 víctimas fatales. Hay 100 heridos graves y 28.000 personas que no tienen casa y no saben donde ir.

¿Volver a casa, como dice Berlusconi? ¿Y cuándo? Ayer, el mismo primer ministro, en su visita al centro de esta ciudad se mostró sincero y perplejo. El desafío es demasiado grande. Reconstruir, hacer que la gente vuelva al trabajo y a tener su casa, son objetivos lejanos. En el centro de L'Aquila no hay un alma y la gente en los campos de refugiados se muestra cada vez más ansiosa, quiere a toda costa noticias que le devuelva la normalidad perdida. Se está tratando de normalizar en parte las conexiones eléctricas para que se puedan recargar las baterías de los "telefonini" celulares. Esta noticia dominó las charlas de los evacuados. "Queremos poder hablar de nuevo con nuestros parientes y amigos", dijo a Clarín Marcello Geraldini, que en los tiempos pasados era un hombre de negocios y ahora toma una sopa sentado en un catre dentro de una carpa "y no tengo nada de nada".

Berlusconi lanzó ayer un proyecto. Que las 108 provincias italianas se hagan cargo de la misma cantidad de emprendimientos en la reconstrucción. También lanzó la hipótesis de reconstruir "utilizando una técnica antisísmica japonesa". Hace cuatro días propuso crear una "New Town" (Nueva Ciudad) en terreno más seguro y con construcciones antisísmicas.

Muchos, demasiados proyectos genéricos. Lo único concreto es que la justicia ha comenzado a moverse con la hipótesis de investigar un delito: el desastre culposo. El hospital central de la ciudad, moderno y construído con criterios antisísmicos, quedó severamente dañado por el terremoto. La Casa del Estudiante, donde todavía quedan cuatro alumnos universitarios muertos entre los escombros, también era oficialmente antisísmica. ¿Y el lujoso hotel Duque de los Abruzos, que todos vamos a contemplar? Está destruído, moderno y antisísmico como era.

Los ejemplos se multiplican ad infinitum. Las normas para construir nuevos edificios, vigentes desde hace muchos años tras los terremotos del Friuli y de Irpinia, no son respetadas. Cemento de mala calidad, medidas de seguridad costosas saltadas a la torera y, al final, certificaciones de los entes públicos que cubren todos los excesos. No sálo en Abruzzo se registran estos abusos criminales. En la Italia de hoy las violaciones cuando hay terremotos -y el país es casi tan sísmico como Japón- cuestan muchos muertos, son moneda corriente. Ayer la prensa publicó: un terremoto de grado 6-7 de la escala Richter causaría pocos muertos en Japón y miles en Calabria.

El ministro del Interior, Roberto Maroni, anunció que el domingo se dejará de excavar con las precauciones habituales para rescatar a sobrevivientes. O sea, no habrá más esperanzas de salvar gente. Mañana se realizarán los funerales de las víctimas en el cuartel de la policía tributaria, donde se encuentra la mayoría de los muertos dentro de sus féretros.

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