Berlusconi está más delicado de lo que se estimaba y sigue internado

Además de fractura de dientes y nariz, el premier perdió mucha sangre. Está deprimido.
Silvio Berlusconi está más delicado de lo que se creía, por lo que los médicos que lo asisten en el hospital San Raffaelle de Milán han decidido tenerlo en observación por lo menos hasta esta tarde, antes de autorizarlo a regresar a su residencia de Arcore para 25 días de curas. Su médico personal, Alberto Zangrillo, confirmó ayer que padece la fractura de la nariz y de dos dientes, más serias laceraciones internas y externas en los labios, como consecuencia del duro golpe que recibió cuando al anochecer del domingo fue agredido por el enfermo mental Massimo Tartaglia, de 42 años.

El país siguió con conmoción las noticias que eran difundidas desde el hospital San Raffaelle, el corolario de un año de crecientes exasperaciones y odios políticos que han culminado en el ataque de la piazza del Duomo, la catedral, al terminar un acto político del premier con miles de partidarios.

Esta mañana se dijo que Berlusconi había pasado una noche "tranquila", pero después se supo que el premier había perdido mucha sangre, está muy cansado, padece fuertes dolores de cabeza y en la cara, que obligan a un tratamiento de antibióticos, antiinflamatorios y sedantes.

El médico dijo que Berlusconi "se alimenta con fatiga" y el presidente del Senado, Renato Schifano, explicó que encontró a su jefe político "bajoneado" de ánimo. "Pero más que por los dolores físicos, es por la pesadumbre que le causa este odio que deriva en violencia".

Ayer el Papa mandó un telegrama al jefe del gobierno italiano en el que formula "sus mejores votos para una pronta recuperación" y "lamenta la agresión" sufrida.

El premier recibió también expresiones de solidaridad y afecto del presidente francés, Nicolás Sarkozy, del primer ministro ruso, Vladimir Putin, y del premier británico, Gordon Brown.

Los partidarios del líder conservador creen que ha llegado el momento de responder a la manifestación contra Berlusconi de hace diez días en el gran espacio de San Juan de Letrán, en Roma, con otra manifestación a favor del primer ministro y "contra el clima de odio y de violencia" en el mismo lugar. No se ha fijado aún una fecha pero se estudia realizarla el domingo 20 con una gran movilización.

Es paradojal que todos hablen en este momento de aliviar el creciente clima de envenenamiento de la vida nacional. Pero cada parte acusa a la otra de tener toda la responsabilidad en el deterioro visible de la convivencia política. Ayer, el presidente de la República, Giorgio Napolitano, que en los últimos dos meses ha tenido serios enfrentamientos institucionales con Berlusconi, lanzó un nuevo llamado para "detener esta exasperación peligrosa de la polémica política".

"Es necesario bajar las polémicas entre los partidos políticos. Debemos impedir de inmediato y con energía que renazcan formas de violencia que Italia ha ya conocido y pagado", dijo.

"Todos debemos estar alarmados después de la agresión que sufrió el primer ministro Berlusconi", agregó el jefe del Estado. Mientras tanto, en una celda especial, en la prisión milanesa de San Vittore se encuentra aislado el atacante Massimo Tartaglia. El agresor de Berlusconi dijo que había obrado solo y que recién cuando caminaba en la plaza del Duomo y vio el acto de Berlusconi decidió atacarlo. Compró la estatuilla de la catedral con la que le pegó un golpe muy fuerte y por un centímetro no le vació un ojo. Tartaglia dijo que detestaba a Berlusconi y a su partido de las Libertades, pero que nunca había hecho política.

El ministro del Interior Roberto Maroni dijo que el Consejo de Ministros va a tomar medidas para oscurecer los sitios de Internet donde se habla abiertamente de gestos de violencia contra Berlusconi y que florecen en los blogs, en Youtube y en Facebook.

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