Berlusconi se defiende: "La mayoría de los italianos querría ser como yo"

Respondió así a las críticas por sus varios escándalos sexuales y su ataque a la prensa.
En un nuevo capítulo de su contraofensiva mediática, tras cuatro meses en los que protagonizó varios escándalos sexuales, el primer ministro Silvio Berlusconi dijo que "la mayor parte de los italianos querría ser como yo y está de acuerdo con mis comportamientos". Berlusconi se hizo entrevistar por un periodista adicto en un programa del Canal 5, la principal de las tres grandes redes privadas de televisión, que son todas de su propiedad. Allí afirmó que, según sondeos cuyas fuentes no reveló, el apoyo popular a su persona y a su gobierno llega "al 70% de los consensos".

En la entrevista por su Canal 5, Berlusconi dijo que las protestas por restricciones a la libertad de prensa, después de que intentó acciones judiciales contra los diarios La Repubblica y L'Unità, son "chistes de esta minoría comunista y catocomunistas (católicos comunistas)" que tienen la propiedad del 90% de los diarios.

Los grandes diarios italianos, como el Corriere della Sera, La Repubblica, La Stampa, Il Messaggero e Il Sole 24 Ore, son propiedad de empresas del gran capitalismo italiano. El editor de Il Sole 24 Ore es la Confindustria, la central de los industriales de los que Berlusconi mismo forma parte.

Anteayer, en el diario conservador inglés Daily Telegraph, apareció una columna del intelectual italiano Umberto Eco, que ha firmado un manifiesto sobre los riesgos que corre la libertad de prensa en Italia. Eco dice que firmó "con escepticismo" porque le parece difícil protestar contra los abusos de Berlusconi cuando son los italianos los que se los permiten, dándole su apoyo.

En Italia, quedan pocos comunistas. Pero Berlusconi volvió a agitar el fantasma del "peligro rojo" -que siempre le dio grandes réditos políticos- y dijo que "ellos entienden la libertad de prensa como libertad para mistificar, insultar y calumniar".

Berlusconi aseguró que "está en marcha una campaña subversiva, una feroz campaña que apunta a la dimisión del gobierno y el primer ministro".

Hace cuatro meses, la segunda esposa de Berlusconi, Verónica Lario, denunció a su marido por "frecuentar menores" y le pidió el divorcio. Desde entonces se han sucedido los escándalos y denuncias, incluso sobre fiestas y festicholas con chicas y prostitutas de lujo en la lujosa residencia del premier en Cerdeña y en su sede romana de Palacio Grazioli.

Berlusconi niega todo y durante el mes de las vacaciones, agosto, nombró un nuevo director del diario de familia Il Giornale, un periodista conservador de talento y "asalto": Vittorio Feltri. En los medios se escribió sobre la decisión de lanzar una contraofensiva mediática. El 28 de agosto, Feltri acusó al director del diario de los obispos italianos, Dino Boffo, un severo pero moderado crítico del estilo de vida "poco sobrio" de Berlusconi, de haber sido condenado al pago de una multa por un tribunal por molestar a una mujer, pero para obligarla a interrumpir su relación sentimental con un hombre que mantenía relaciones homosexuales con Boffo.

El escándalo ha sido mayúsculo y, pese a que Boffo se proclamó inocente, debió renunciar como director de Avvenire.

Ayer en la entrevista de su propia televisión Berlusconi aseguró que la relación con la Santa Sede y el Papa es "excelente". El caso Boffo ha sido una bomba mediática que ha causado sus peores daños dentro de la Iglesia porque ha puesto a prueba las relaciones de la Santa Sede con el gobierno.

El Vaticano quiere recuperar su relación con Berlusconi, quien dijo ayer que "nuestra relación con la Iglesia se consolidará en los próximos meses, también sobre cuestiones muy importantes como el testamento biológico", que se refiere a la voluntad de quien no quiere ensañamientos terapéuticos al fin de su vida. La Iglesia quiere una ley muy restrictiva.

También hay otros temas incandescentes, como la píldora abortiva y los fondos a la enseñanza católica. Pero en los órganismos eclesiásticos y laicos italianos predomina ahora la desconfianza con el gobierno de il Cavaliere después del caso Boffo.

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