Berlín ya es una gran fiesta

Miles de turistas llegaron a la capital alemana para sumarse a la celebración oficial
BERLIN.- La fiesta por el 20° aniversario de la caída del Muro de Berlín comenzó ayer en la calle. Anticipándose a la gran celebración de hoy, más de 10.000 personas, entre ellas miles de turistas, recorrieron parte del trayecto sobre el cual hace veinte años comenzó a derrumbarse el Muro de la Vergüenza, el muro que dividía a la Berlín occidental y libre de la parte oriental y bajo férreo régimen soviético, ese muro que representaba el enfrentamiento entre el Este y el Oeste, durante la Guerra Fría.

En una jornada gris pero en un clima de fiesta, la multitud paseó, se sacó fotos y tomó vino caliente para paliar el frío a lo largo de un kilómetro y medio marcado por una hilera de 1000 coloridas piezas de dominó gigantes (más de 2 metros de altura cada una) pintadas por alumnos de escuelas, estudiantes extranjeros y artistas de todo el mundo. En un espectáculo emocionante y simbólico, las piezas de dominó irán cayendo esta tarde para recordar el efecto cadena que tuvo hace 20 años la caída de Muro de Berlín en los países que estaban detrás de la Cortina de Hierro y en todo el mundo.

Será el momento culminante de las imponentes celebraciones que tendrán lugar hoy para recordar el histórico 9 de noviembre de 1989, una fiesta a la que asistirán líderes políticos europeos y del resto del planeta, protagonistas de ese hecho que cambió el curso de la historia (como el ex presidente soviético Mikhail Gorbachov y ex el dirigente sindical polaco Lech Walesa), además de artistas y personajes de la cultura de todo el mundo. El gran ausente será el presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

En una suerte de festejo anticipado, miles de personas asistieron al ensayo general del espectáculo artístico denominado "efecto dominó", del que participaron 2000 estudiantes de colegios secundarios de Berlín. Con sus camperas plateadas con la inscripción "Mauerfall 2009", los jóvenes, dos por cada pieza, copaban el kilómetro y medio que va desde Postdamer Platz, pasando por la imponente Puerta de Brandeburgo, hasta el renovado Reichstag, el Parlamento alemán, coronado por la cúpula de vidrio realizada por Norman Foster.

"Es muy emocionante participar de este proyecto", comentó a La Nacion Jessica Scirillo, una estudiante de origen napolitano, que junto a 15 compañeros de la Ernst Reuter Oberschule de esta capital decoró una de las piezas de dominó. "Pintamos la pieza con los colores de la bandera alemana, rojo, amarillo y negro, y escribimos la fecha de la caída del Muro", explicó Jessica. "Para nosotros, no es fácil identificarnos con la gente que vivió en la época del muro", admitió. La mayoría de las piezas de dominó se destacaban por tener dibujos de símbolos de paz: arco iris, palomas, corazones, personas que se abrazan y se dan la mano.

"Ojalá que todos estos jóvenes no tengan que sufrir lo que viví yo", dijo a La Nacion Wasmund Dagny, un anciano que contó haber vivido el horror de las dos guerras mundiales, así como el de la Guerra Fría, en carne propia.

Se espera que hoy asistan al gran evento unas 100.000 personas. Por eso, Wasmund, como muchísimos otros, prefirió acercarse ayer a ver las piezas de dominó y quedarse hoy en su casa a observar el espectáculo por televisión. Como suele suceder con algunos alemanes, se molestó cuando le preguntaron si era del Oeste o del Este. "Ya no hay diferencias", contestó este jubilado que hace 20 años vivía en la República Democrática Alemana (RDA), por entonces una virtual cárcel para sus 16 millones de habitantes, que no tenían libertad de expresión ni de movimiento.

De la fuerza de la libertad hablarán seguramente hoy tanto la anfitriona, la canciller Angela Merkel, como sus invitados ilustres, entre los que estarán los representantes de las cuatro potencias aliadas que se repartieron Berlín al final de la Segunda Guerra Mundial, los presidentes de Rusia y Francia, Dimitri Medvedev y Nicolas Sarkozy, respectivamente; el primer ministro británico, Gordon Brown, y la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton. Ella fue una de las primeras en llegar a esta capital que, paradójicamente, parecía dividida en dos, como hace 20 años, debido al caos de tránsito a causa de los festejos, a los que también fueron invitados los jefes de gobierno de los 27 países de la Unión Europea (UE).

En uno de los actos más conmovedores de la jornada, Merkel, que dijo que el 9 de noviembre de 1989 "fue el día más feliz de la historia reciente de Alemania" y que creció en la RDA, hoy cruzará simbólicamente el puente de Boesebruecke, ex frontera de la famosa Bornholmer Strasse, junto a Gorbachov y Walesa.

Convertido en un museo, el puesto fronterizo fue el primero en abrir sus barreras la inolvidable noche del 9 de noviembre de 1989, cuando centenares de ossies (alemanes del este) cruzaron por primera vez hacia la parte occidental y rica de la ciudad, en el principio del fin de la Guerra Fría.

Merkel cruzó esa noche mágica el Muro por este lugar y, según confesó, celebró con cerveza en casa de unos desconocidos del lado oeste.

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