Benedicto XVI tocó todos los puntos conflictivos en la relación con los Kirchner

Pero cuidó no causar otro roce que tire por la borda los esfuerzos para recomponer la delicada relación.
Decir cosas fuertes sin herir o molestando lo menos posible es fundamentalmente tarea de la diplomacia. Elegir el momento para hacerlo, observando una serie de pasos previos, es sobre todo labor de la política. El mensaje del Papa Benedicto XVI, al recibir las cartas credenciales del nuevo embajador ante la Santa Sede, evidenció que la diplomacia y la política fueron usadas a full para decir todo lo que preocupa de la administración kirchnerista. Y hacerlo sin causar otro roce que tire por la borda los incipientes esfuerzos mutuos para recomponer la delicada relación.

Porque el pontífice no dejó de hablar de la pobreza, de eventuales hechos de corrupción, de intentos por avanzar en la despenalización del aborto y la legalización de los matrimonios gays, y del acceso de todos a la educación religiosa (mediante el aporte económico del Estado). Pero lo hizo, no en plan de denuncia, sino a modo de enumeración de desafíos que debe afrontar toda la sociedad.

Igual cuidado puso al señalar una inquietud permanente de la Iglesia: el estilo poco dialogante y afecto a los consensos del matrimonio presidencial. Llamó a evitar "aquellas actitudes que deterioren la fraternidad y el entendimiento mutuo". Hasta exhortó a la Casa Rosada y al propio Episcopado argentino a que "robustezcan el diálogo (.) en aras del bien común de toda la población".

No puede pasarse por alto que los dichos de Benedicto XVI llegan después de un documento de los obispos en el que expusieron sus inquietudes sobre el país. Y luego de que la cúpula del Episcopado, encabezada por Bergoglio, le pidiera una audiencia a Cristina y ésta se la otorgara. Otra resonancia hubieran tenido las palabras del pontífice sin estos antecedentes, lo que revela una sintonía con la Iglesia local.

Es cierto que la Presidenta viene mostrando deseos de recomponer la relación con la Iglesia. Hace casi un año sus colaboradores despotricaban contra el Vaticano por no otorgarle el plácet a un divorciado en nueva unión. Ayer, Cafiero desparramó elogios hacia el aporte de la Iglesia católica a la sociedad.

Pero también es verdad que la Iglesia quiere tener una mejor relación con el Gobierno. Hay detrás razones de buena vecindad: el clero siempre busca el acuerdo, no el conflicto. ¿Pero acaso también sospechan que un Néstor Kirchner enojado puede llegar a ser impiadoso? ¿No podría, quizá, impulsar leyes que la Iglesia rechaza? ¿O potenciar cualquier mal paso del clero?

No puede negarse que al Vaticano le hubiera gustado una condena del Gobierno al aborto por boca de Cafiero. Pero también es cierto que hubo coincidencias en cuanto a las razones de la crisis global y la situación del tercer mundo. En esta etapa de la relación, es tiempo de potenciar los puntos en común y abordar las diferencias con sumo cuidado. Es lo que hizo el Papa.

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