Benedicto XVI, fiel a la vocación del Vaticano de interferir en los asuntos italianos

Benedicto XVI, fiel a la vocación del Vaticano de interferir en los asuntos italianos
El reciente debate sobre la eutanasia dejó en claro la injerencia de la Iglesia en la política del país.
Un mexicano que recordara el dicho célebre del general Obregón, lo adaptaría así: "Pobre Italia, tan lejos de Dios y tan cerca del Vaticano". Han pasado dos mil años desde que Cristo se le apareció a Simón de Galilea y le dijo que, con el nombre de Pedro, sería la piedra miliar fundadora de la Iglesia. La única institución que ha sabido sobrevivir y prosperar durante tanto tiempo en este mundo incalificable, sostiene, como es lógico, que no es del todo humana pero sí es seguramente romana. Italia es la patria concreta de la historia del catolicismo. Sus Papas universales la han gobernado en buena parte durante siglos, han matado mucha gente cuando creían que no había otro remedio y nunca han dejado de meterse en la vida del país considerándose por encima de sus leyes si hace falta. Benedicto XVI, el alemán Joseph Ratzinger -que está por cumplir en abril 82 años de edad y cuatro de pontificado-, no es una excepción a la regla. Al contrario, convencido de que así debe ser gracias a su coherente intransigencia religiosa tradicionalista, desde que llegó ha acentuado la vocación de la injerencia que los laicos le reprochan.

La piedra del escándalo de la creciente presencia sofocante del Vaticano en la vida de los italianos ha sido el caso de Eluana Englaro, la ragazza que quedó en estado vegetativo por un accidente de tránsito y pasó 17 años en coma. Sus padres hicieron una larga batalla para interrumpir la alimentación artificial y dejarla morir en paz.

Pero en los tiempos del Papa Ratzinger esto es imposible, aunque la justicia italiana, con un fallo final de la Corte de Casación, haya sentenciado que debía aplicarse la voluntad de los padres y concluir con el ensañamiento terapéutico. Varios altos personajes del Vaticano y la Iglesia italiana, que debía obedecer, dijeron que por encima de las leyes está el derecho natural y que la vida "no es un bien disponible".

Sobre Peppino Englaro, el padre de Eluana, el Vaticano desató una feroz campaña acusándolo directamente de asesino por boca de varios cardenales. El premier Silvio Berlusconi participó activamente de la carrera contra el tiempo apareado al Vaticano, que el diario español El País calificó de "vergonzosa". Cuando Eluana murió, las acusaciones se hicieron más intensas.

El presidente italiano, Giorgio Napolitano, también fue indirectamente acusado de asesinato por los políticos conservadores del gobierno.

El Vaticano y la Iglesia italiana, que siempre se opusieron a aprobar una ley de Testamento Biológico, encontraron en esta batalla -que ha lacerado profundamente a Italia, dividiendo el país en dos entre católicos obedientes y laicos indignados- la oportunidad para promover una ley que en realidad sirva para poner restricciones al por mayor hasta esterilizar sus efectos. Alimentos y agua no podrán ser suprimidos, la voluntad sobre el fin de la vida deberá ser registrada por un escribano con la contrafirma de un médico, que tendrá que renovarla cada tres años.

Este fin de semana comenzaron las inevitables protestas de algunos sectores laicos. El senador del Partido Democrático de la oposición de centroizquierda, Ignacio Marino, un médico, reclamó prepararse a la batalla. "Si el proyecto de ley (que comenzaría a discutirse a principios de marzo en el Parlamento) sale como está proyectado, tendremos que organizar un referendum popular para su abrogación", dijo.

Marino prometió a los políticos conservadores y al Vaticano "un brusco despertar" en nombre de los derechos civiles italianos.

Para el neurólogo de Eluana, Carlo Alberti Defanti, la ley es un gran paso atrás. "Creo -dijo Defanti - que sería preferible que no haya ninguna ley".

La agitación que va ganando el campo político tiene un escenario dramático, el del partido Democrático. Fundado hace menos de dos años como confluencia de los ex comunistas moderados y de un sector de los democristianos, los enfrentamientos debido a la injerencia del Vaticano y al llamado "proyecto cultural" que elaboró el cardenal Camillo Ruini, ex vicario del Papa en Roma, están llevando a enfrentamientos que podrían desembocar en una ruptura. "Si seguimos así, vamos a la escisión", proclamó el líder del ex partido católico La Margarita, Francesco Rutelli.

Rutelli fue el "capo" de los radicales y era un verdadero "comecuras". Hasta que dio una gigantesca voltereta y es hoy un católico de estrecha observancia, jefe de la minoría cristiana del partido Democrático.

En el medio se encuentra la figura patética de Walter Veltroni a quien Berlusconi humilló en las elecciones de mayo de 2007. Veltroni imaginó la alianza de ex comunistas y ex democristianos, que hoy está sucumbiendo por las peleas irremediables en los temas de moral. Massimo D'Alema y Pierluigi Bersani encabezan una fronda para echar al fracasado Veltroni. Para el Papa esta es la batalla de la ética y contra el relativismo moral que está ahogando a Occidente e Italia es el único escenario concreto en el que puede poner en práctica sus rígidas convicciones gracias a un aliado como Silvio Berlusconi.

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