Benedicto XVI se cayó, se fracturó una muñeca y tuvo que ser operado

El Papa se tropezó en su cuarto. Al principio hubo alarma, pero fue sólo un susto.
Hubo en los primeros momentos de la mañana mucha alarma, que se convirtió por la tarde en un gran alivio. El Papa se cayó en su dormitorio de la residencia salesiana de Les Combs, en el Valle de Aosta, donde transcurre sus vacaciones hasta el 29 del mes.

"Fue accidental, no por un desmayo", aclararon los médicos. Al caer apoyó instintivamente la mano derecha en el piso, que soportó el peso del cuerpo. Después se comprobó que se había fracturado la muñeca, fue operado en el hospital de Aosta y al atardecer volvió, sonriente y en buena forma, a Les Combs. Tiene para un mes de recuperación, dijeron.

Benedicto XVI lleva una semana en la residencia salesiana que habita por tercera vez en sus vacaciones y que antes albergó muchas veces a Juan Pablo II, enamorado del paraíso alpino en el que hacía largas caminatas que el actual pontífice reduce hasta ahora a algunos cortos paseos. El domingo celebrará el Angelus y los médicos sostienen que lo hará sin problemas.

Tras la caída el Papa fue de inmediato controlado por su médico personal, el doctor Patrizio Polisca, por un cardiólogo y por su reanimador personal, que dieron un tranquilizador diagnóstico de normalidad. Benedicto XVI dijo a todos que no había que alarmarse y bien temprano desayunó y ofició su misa matutina. Pero el dolor aumentaba. La muñeca derecha estaba cada vez más inflamada, así que los médicos recomendaron a Su Santidad ir al hospital Umberto Parini de Aosta, la vecina capital del valle y la región (autónoma) más pequeña de Italia, en la frontera con Francia.

En el hospital ya habían comenzado los preparativos y a las 9.45 hora local (las 4.45 de la madrugada argentina), la televisión vaticana mostró al Papa mientras entraba por un largo corredor poblado por asombrados pacientes que saludaban al anciano sonriente de sotana blanca. En la puerta lo recibió el doctor Pierluigi Berti, director del hospital, acompañado por el cirujano ortopedista Amedeo Mancini.

Los médicos revisaron al pontífice. "No hizo ningún problema y después que le mostramos las radiografías aceptó de inmediato que era mejor operar una pequeña fractura que había dejado fuera de lugar huesos de la muñeca".

La "reducción de la fractura" fue "una operación de rutina", dijo Mancini, quién realizó una moderna técnica quirúrgica con anestesia local practicándole una pequeña incisión para poner los huesos en su lugar.

"La radiografía posterior demostró que los huesos habían quedado perfectamente alineados", dijeron después. Benedicto XVI preguntó si iba a poder escribir a mano, como le gusta. Y, sobre todo, si podría volver a tocar el piano como antes, para deleitarse con Mozart, Beethoven y otros favoritos. "Por supuesto Santidad", le respondió el especialista Mancini.

Este diagnóstico terminó de devolverle el buen ánimo al Papa, quién tres horas después de la operación apareció en la entrada del hospital y subió a la "máquina", como llaman los italianos a los autos, y con una gran escolta regresó a Les Combs. La alarma inicial se basaba en el temor de que el Papa hubiera sufrido un vahído como el que tuvo en 1992 cuando era el cardenal Joseph Ratzinger, de 65 años, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y el más importante colaborador del Papa Juan Pablo II.

En su habitación en una residencia católica en Bressanone, en el noreste italiano, Ratzinger se lastimó al golpear con la cabeza contra una estufa del baño. Estuvo dos días internado en un hospital. El golpe fue tras sufrir una pequeña apoplejía. Los médicos volvieron después a diagnosticarle una pequeña hemorragia cerebral, que le causó durante un tiempo problemas de visión. Se sabe que el entonces cardenal pidió al Papa Juan Pablo II que lo dejara retirarse a Ratisbona, la ciudad de la Bavaria alemana en la que había comprado hacía años una casa (que aún conserva), donde estaban enterrados sus padres y donde vive su hermano mayor, monseñor Georg, el único pariente vivo que le queda y a quien siempre estuvo muy ligado. Pero el Papa polaco le pidió-ordenó que se quedara y que trabajara menos. Ratzinger era un colaborador demasiado importante. La fragilidad cardiovascular del actual Papa -su padre murió de apoplejía-, mantiene alerta siempre a los médicos. Pero esta vez, afirman, no hubo vahídos sino solo un tropezón con caída.

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