Belén, la mítica ciudad vivió dos Navidades muy diferentes

En estos días está repleta de turistas, pero un muro ahoga su economía.
Desde las vísperas del jueves y hasta el viernes bien entrada la noche, la Plaza de la Natividad en Belén se vistió de fiesta. Los colores de los adornos coparon el sitio que sirve de estacionamiento durante todo el año y que en estos días es el lugar de festejos para miles de turistas. Una escenografía que trataba de hacer olvidar por unas horas los oscuros grises de la situación real de Belén y sus alrededores.

La Plaza, en el centro. De un lado, los negocios de venta de recuerdos. El mercado, la municipalidad de Belén y el Centro Cultural en las otras aristas. En los hoteles no hay habitaciones libres. Están llenos de turistas que llegan hasta esta mítica ciudad para tres religiones.

La situación real es algo que se esconde ante los ojos del visitante ocasional, pero queda clara al conversar con pobladores del lugar. Si el visitante llega desde Jerusalén, en uno de los autobuses turísticos y con un guía autorizados para pasar de Israel a la Autoridad Palestina, el paso será rápido y el regreso también, sin toparse con demasiados controles. A los autobuses de excursiones y grupos organizados, sumó el ministerio de Turismo israelí un servicio de transporte gratuito desde el Monasterio de Mar Elías en Jerusalén Oriental a la Plaza de la Natividad, ida y vuelta.

Diferente es la situación de los habitantes de Belén cuando quieren visitar a sus familiares en Jerusalén Oriental -a unos contados kilómetros de distancia- ya que ellos se toparán con un muro cemento gris de nueve metros de altura, que lastima el paisaje campestre y los obliga a pelear por un permiso especial a las autoridades israelíes. De lograrlo, sólo podrán salir por los pasos de frontera establecidos, que alargan el camino a veces en decenas de kilómetros, y entre las 7 y las 17.00.

Javier, un palestino de fe cristiana habitante de Belén, explica: "Desde hace cientos de años, la Ciudad de Belén ha sido un centro comercial para las aldeas y pueblos de los alrededores. Es parte de la parte sur del corredor que va desde Ramallah -pasando por Jerusalén Oriental- hasta Belén. Allí se concentrada un 35% de la actividad económica palestina".

Pero este corredor es hoy inexistente debido al muro. "Construido en tierras palestinas expropiadas por Israel una de las cosas que provocó es el ahogo de la economía de Belén", analiza Javier. El muro también le sumó frustración a muchos campesinos: los imposibilitó de seguir cultivando, dado que estos quedaron del lado "israelí" del muro.

Uno de los puntos en los que queda demostrada la relatividad del objetivo de seguridad del muro -oficialmente es una barrera para la infiltración de terroristas suicidas- es el norte de Belén. Justo donde está ubicada la Tumba de la Matriarca Raquel, un lugar con importancia religiosa para el cristianismo, el islam y el judaísmo. En violación a los Acuerdos de Oslo, Israel permite el acceso solo a judíos. El muro entra dos kilómetros en el radio urbano para rodear a la tumba y afecta así a los barrios palestinos. El resultado es la emigración cuasi-forzada de la población -mayoritariamente cristiana- y el cierre de 74 empresas. En estas horas el fin de la Navidad vuelve a traer la añoranza por la paz que dará prosperidad porque como dice a Clarín Víctor Batarseh, alcalde de la ciudad,: "Nuestra pequeña ciudad, que debía ser un símbolo de amor y paz, sigue esperando la paz.

Comentá la nota