La batalla continúa.

ESTUDIANTES 0 - CRUZEIRO 0: El Pincha no logró doblar las manos del arquero de Cruzeiro y se quedó con un empate riesgoso para ir a Brasil. Su temple y su personalidad, le juegan a favor.
Las grandes epopeyas se escriben con sangre, con la de mártires y héroes, con las de los valientes. Bravos soldados que van al frente en la batalla en la medida que huelen la adrenalina que los lleva a la gloria. La Plata es una tierra fértil para que crezcan los valientes y si algún estandarte se cae en el camino, se lo reemplaza con alguien hecho de la misma curtida piel, como el Flaco Schiavi, por ejemplo, quien en los primeros seis minutos ya había atendido a los dos puntas brasileños por igual. Toda gran escuela tiene un lema, y la gran escuela de Estudiantes tiene el suyo, que habla de temple, de audacia, de sangrar sin llorar, por eso Verón es líder. Por su inmenso talento, pero también por su coraje, el que mamó en casa, con el que riega cuanto césped pise con la albirroja que lleva adherida a la piel. Aunque le duela su lesión o se coma un codazo que le corte la mejilla. Estudiantes es lo que es su capitán: levantar la cabeza y seguir. Lo que es su historia.

La Bruja, esta vez, se dedicó más a la contención que a la creación, en una clara muestra de un físico que no le dio soga como para tener otro tipo de despliegue. Contó Estudiantes con sus sutilezas y con toda la contundencia anímica que tiene su presencia en la cancha, aunque la apuesta al desborde estuvo dada por los costados, tanto por Enzo Pérez como por Benítez. Desde ellos, más Gastón Fernández, marcado intensa e individualmente por Enrique (una suerte de Chicho Serna), quien resignó la tarea habitual del volante tapón para dedicarse al jugador de Estudiantes. Así y todo, La Gata se las arregló para participar de las jugadas más peligrosas de su equipo, como aquella magnífica devolución a Pérez en el primer tiempo (lo dejó solo en diagonal al arquero) o la que él misma definió mal también mano a mano con Fábio.

La tenencia de la pelota no fue múltiplo del dominio absoluto, como otras veces ocurrió. Le costó al equipo argentino poner contra las cuerdas a Cruzeiro, aunque lo presionó cuanto más pudo. Pero los brasileños cortaron y metieron, a veces en exceso, casi desconociendo su origen. Hubo golpes grandes, infracciones chicas, y una apuesta al desgaste generalizado y al avance inevitable de las agujas del reloj. Ordenado y agazapado atrás, recién cuando vio que algunas piernas pinchas comenzaron a perder estabilidad, empezó a salir de la cueva y a mostrar que pareciera guardarse sus armas más filosas para la definición en Belo Horizonte.

Cuando hay brasileños de por medio, nunca se sabe cuántos goles podrían ser suficientes para ir tranquilos o bien armados a la revancha. Estudiantes, que pasó seco estos primeros 90 minutos, ya demostró en la era Sabella una templanza y una sabiduría que parecen heredadas de otros feroces leones. Contra Nacional, en la semifinal, estos muchachos jugaron como el gato con un ovillo de lana, hasta que de un zarpazo lo descarta. Allá irán entonces Verón y sus huestes el miércoles, a mostrar los dientes, a rugir hasta que la Copa escuche desde la historia el llamado de sus dueños.

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