Basurales: una historia Clara

Nadie puede desconocer lo peligroso que es un basural a cielo abierto • La historia de Clara Cañisa, una vecina del Ceamse, es un claro ejemplo de los daños que produce en la salud vivir en cercanías de un foco infeccioso.
Los especialistas han descubierto decenas de agentes patógenos que se generan en el ámbito de un basurero, los que son diseminados por distintos vectores que proyectan su efecto destructivo y contaminante sobre las condiciones naturales de los ecosistemas y terminan afectando el aire, suelo y agua. Por supuesto, que todas estas afecciones resultan altamente perniciosas para la salud de la población y para todo ser viviente que habite en las cercanías del foco infeccioso.

Clara, misionera de nacimiento, vino desde muy pequeña a Buenos Aires a vivir con su abuela y recaló en La Matanza. Vivió con ella desde la infancia buscando cobijo por la desaparición temprana de su madre. Regresó al terruño a los catorce, pero entendió que ya nada tenía que hacer allí y el retorno a Catán no se hizo esperar.

Desde entonces trabaja como mucama. Se casó a los 22 y compró un terreno con una mejora, sin saber que después se instalaría el Ceamse y su mejora quedó a media cuadra del denominado "Cinturón Ecológico" de González Catán. Allí nacieron sus seis hijos de los que viven cinco.

Como si las dificultades para trabajar, sustentar a la familia y construir una casita no hubieran sido suficientes, el basural del Ceamse empezó a crearles serias dificultades al punto que al segundo de sus hijos – hoy de 27 años- se le declaró una infección viral en un oído, rebelde a todo tipo de antibióticos a la que no han podido encontrar la manera de curarla. La secuela lo mantiene hasta hoy con un alto grado de sordera y por consiguiente con graves inconvenientes para ingresar a la vida laboral.

A Clara Cañisa no le resultó fácil vivir a la vera del basural. En el año 90, el quinto de sus hijos empezó con extraños síntomas que alteraron su comportamiento normal, lo que la llevó al médico. Después de varias consultas llegó al Hospital Paroisien, en donde le detectaron leucemia y la mandaron a interconsulta al hospital de La Plata. Allí le confirmaron el diagnóstico y le dieron un tratamiento que le costó a Clara pasar dos años internada con su hijo. Cuenta que muchas veces viajó a dedo de Catán a La Plata y viceversa. En otras ocasiones apeló a la buena voluntad de los colectiveros para que le permitan viajar sin boleto, tenía que llegar como diera lugar.

Después de esos dos años recibió el alta y regresó a casa con su bebé – hoy de 21 años- para continuar con el tratamiento; pero pronto se dio cuenta que no había progreso. Decidió volver al hospital en busca de respuesta, le aclararon que mientras siga viviendo cerca del basural no habría solución y le propusieron contactarla con un abogado para que recurra a la justicia en busca de una indemnización por el daño que le causó el Ceamse. Clara no aceptó la propuesta, por ese modo de entender la dignidad que tienen los humildes: no podía recibir dinero por la enfermedad de su hijo.

Por unos pocos pesos en el 98 vendió la mejora y se fue a Marcos Paz, un hermano le cedió un terreno en el que hizo una pieza, allí vive con sus hijos. Anduvo en Mercedes para cuidar una enferma y contó sus pesares. En todo este periplo se quedó sin su compañero, agobiado por la situación optó por alejarse y se fue a vivir a San Luis, supone que allá debe estar aún, hace años que no sabe de él.

Clara ya pasó los cincuenta, cree que su vitalidad no es la misma de hace veinte años, se dio cuenta que los males irreversibles que le causaron serán una pesada carga de la que no podrá desprenderse. Ahora lamenta no haber aceptado la propuesta de ir a la justicia.

Muchas pobladoras humildes y anónimas como Clara asumen sin mayores cuestionamientos los perjuicios evitables que les han causado. Cabe preguntarse: ¿sabrán los directivos del Ceamse las consecuencias que producen sus acciones cuando crean montañas de basura cerca de una población? ¿Las autoridades del Municipio correspondiente conocerán las vivencias de esos pobladores que inexorablemente van a terminar igual o peor que Clara? Todo indica que sí lo saben. Está certificado que el "Cinturón Ecológico" de González Catán produjo una endemia cancerígena. Sin ir más lejos, la semana pasada ex - vecinos de Clara Cañisa, siguen denunciando en la televisión los daños que les sigue produciendo ese basural; esperan que alguien alguna vez los escuche.

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