Basura: Macri y Scioli presionan a los intendentes

El inminente cierre del CEAMSE en el partido de Ensenada, que recibe los residuos domiciliarios de la ciudad de La Plata y varios de los distritos circundantes, no sólo da lugar al desafío de resolver un problema con una política de manejo escasamente aplicada en el país, sino que coloca a los intendentes de la región en un tironeo político entre la ciudad y la provincia de Buenos Aires que los puede poner en calidad de rehenes.

Ante el acuerdo entre la Corte bonaerense y los vecinos de Ensenada que conducirá al cierre del CEAMSE, algunos intendentes, caso Pablo Bruera en La Plata, decidieron encarar una política moderna de manejo integral de los residuos, tal como ocurre en la mayoría de las ciudades del mundo. Mientras tanto, algunos, aún instalados en la metodología CEAMSE, entendieron que la responsabilidad de solucionar el problema era de la provincia, habida cuenta de que el criterio imperante era el de un organismo –o caja- que resolviera la situación para la totalidad de los municipios.

Sobre esta situación se montó el histórico problema de la ciudad de Buenos Aires, que carece de territorio para disponer los residuos, y ante la postura macrista de no emprender políticas de reducción de la generación de residuos, el problema de hacía exponencial hacia el futuro. De ahí que el jefe de gobierno Mauricio Macri se comprometió a una buena cantidad de acciones de alta inversión para garantizarse que la provincia siguiera recibiendo los residuos de la ciudad. Entre esas promesas, firmada a través de un convenio con el gobernador Daniel Scioli, está la de construir dos grandes rellenos sanitarios –en la lógica y en la órbita del CEAMSE- que abastecieran al conurbano y dejaran libre para la ciudad el relleno Norte III, el único actualmente habilitado y en riesgo de pronto colapso si no se abren otras alternativas.

El convenio es un verdadero problema para los intendentes que desean llevar adelante una política integral de medio ambiente y residuos en sus distritos. Además genera una fuerte resistencia por el temor, histórico, a recibir residuos de otros distritos, convalidando la idea de que el conurbano se degrada para que la ciudad de Buenos Aires sea próspera.

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