"Basile está más feliz acá que en la Selección".

Riquelme, quien vivió con el Coco su etapa con la celeste y blanca, dice que el DT disfruta más en Boca. Así se muestra.
Talco, whisky, gatos negros...

Ese pelo blanco, sin los retoques de otras épocas, al natural, mostrando las canas sin censura, parece ser el mejor reflejo de este Basile versión 2009. Juan Román Riquelme abre el juego y lo admite, no sin razones para fundamentarlo. "Lo veo bien, mucho más flaco de lo que estaba en la Selección. Está mas viejo, no, es la verdad, je. Todos estamos más viejos...

Se lo ve más relajado que en la Selección, se lo ve mucho más feliz acá, disfrutando mucho de este momento", contó el 10 en el programa de Mario Pergolini, por la Rock & Pop. Lo sabe bien él, que vivió con el técnico toda su etapa con la celeste y blanca y ahora que lo puede ver día a día, en dos turnos; pero también desde afuera se nota a un Coco mucho más descontracturado, relajado, sin ganas de hacerse mala sangre y sin intenciones de ponerse a la defensiva... Ni siquiera los chistes sobre el polvito mágico del Panadero, la bandera sobre el whisky y los mininos que aparecieron en el entrenamiento le hicieron perder la sonrisa.

Volvió la alegría. A Boca. Y a la vida de Basile también...

En siete días como entrenador, el DT ya regaló varias frases de antología. Desde el "te quiero mucho" que le gritó al Tano Pascual en su primer día en Casa Amarilla, hasta la explicación de por qué pidió que sacaran a los dos gatos negros que desde el 2008 se pasean por el predio. Hay, en su tono, un guiño amigable, hasta de complicidad. Pregunta el currículum de los periodistas que no lo acompañaron en su primera etapa, sobre todo tratando de cerciorarse de que tengan un pasado triunfal cubriendo la campaña de otros equipos. "¿Vos saliste campeón ahí? Entonces te podés quedar, nene", le dijo a un cronista de Olé, sin temor a revelar otra cábala. Tampoco lo ruboriza verse en las páginas del diario, aunque cuida su aspecto. "No me saques que no me peiné", le avisó al fotógrafo en su segunda mañana. Se divirtió con la nota de los defensores ("Son demasiado lindos", dijo en la conferencia) y se retractó al día siguiente: "Les dije que no se la crean, je".

Se nota que está feliz, que no guarda rencores por el pasado, por los encontronazos mediáticos por sentir que todos eran contra suyo. Hay cierto olor dulzón en este regreso al club en el que se siente querido, avalado por sus títulos, con un plantel que le tiene simpatía y confianza, con banca de los grandes, sobre todo, y ganas de los más chicos. "Algo sé de vestuarios", dijo en su presentación como DT, quitándoles así dramatismo a los pormenores que se dieron a conocer en el último año. Ahora, con refuerzos en su haber, se siente más tranquilo aún y contenido por los dirigentes, que también apuestan a él para borrar un semestre bochornoso.

"¿La Selección? Era difícil, lo atacaban mucho verdaderamente. Por más que uno a veces no quiera darle importancia a lo que dicen, molesta", dice Riquelme y da la sensación de que no habla sólo del Coco. Hay una solidaridad en ese sentimiento, porque de alguna manera los dos estuvieron expuestos de la misma forma y hasta por las mismas razones. Los dos se fueron juntos, no importa la diferencia de meses entre una renuncia y la otra. Los dos, evidentemente, se sintieron afectados por la polémicas que se generaron en torno al juego y a la personalidad. Ese Basile irascible, a la defensiva, inaccesible a la hora de la crítica, parece haberse disuelto entre los mimos que recibió desde que sonó su nombre para ser sucesor de Ischia. La única reserva que aún mantiene el Coco en el contacto con la prensa son las notas mano a mano. Sin problemas para hablar en off, aún no se le animó a las entrevistas personalizadas. Aunque, ojo: sorprendió la semana pasada, cuando el mismo miércoles de su retorno ofreció disculpas por no poder realizar la conferencia (no estaban terminadas las obras de remodelación del hall). En cambio, accedió a hablar el viernes, en la sala de prensa de la Bombonera. Y no tuvo reparos en contestar acerca de todo lo que le preguntaron: refuerzos, futuro equipo, Estudiantes campeón, jugadores que ya están, los que se pueden ir, la venta de Palacio, la continuidad de Ibarra y de sus ganas de ganar todo lo que juegue, como en aquella primera vez en el 2005.

No importa que tenga el pelo más canoso, o alguna arruga rebelde. La felicidad que tiene, parece, nadie se le puede sacar.

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