Al-Bashir, el militar sudanés que resiste con mano de hierro

Al-Bashir, el militar sudanés que resiste con mano de hierro
Buscado por la CPI por crímenes de guerra, logró aferrarse a su cargo durante 20 años
JARTUM.- Dos días atrás se convirtió en una de las personas más buscadas por la justicia internacional. Pero el presidente Omar al-Bashir ha demostrado saber cómo superar adversidades y mantener el poder en Sudán, el país más grande de Africa, durante 20 años, en los que enfrentó una prolongada guerra civil, bombardeos de Estados Unidos, sanciones internacionales y un baño de sangre en Darfur.

"Sudán, que rechazó todo tipo de humillación y que resistió al colonialismo, no puede aceptar el regreso de ese colonalismo", afirmó ayer, en tono desafiante.

De 64 años, Al-Bashir es el presidente que más tiempo estuvo al frente de Sudán desde la independencia, en 1958, y ha logrado sortear más de una tormenta. Al frente de su coalición de militares e islamistas fundamentalistas, maneja el país con mano de hierro y ha sabido cuándo otorgar limitadas concesiones a Occidente.

"Al-Bashir es conocido por su propensión a responder violentamente a los insultos, y está preocupado por lo que considera una conspiración desde el exterior para lograr su caída. Sus respuestas son imprevisibles", afirma el analista Alex de Waal.

Con sus largos bigotes, anteojos dorados, una calva prominente y algunos kilos de más, Al-Bashir tiene por costumbre iniciar sus encendidos discursos con un brioso paso de baile, moviendo su bastón en el aire y con la espalda ligeramente encorvada.

El mandatario, que tiene dos esposas y ningún hijo, cultiva una imagen mundana y a menudo asiste a funerales, casamientos y celebraciones en las que, siempre vestido con su uniforme, baila con las masas. Sus conocidos lo describen como pragmático, pero también como una persona orgullosa, cerrada y terca, y un hombre que "embiste contra todo lo que hay su alrededor cuando se siente humillado".

Nacido en 1944 en una familia rural de Hoshe Bannaga, Al-Bashir quedó fascinado desde su infancia por la carrera armamentista. Tras egresar de la academia militar, combatió en 1973 junto al ejército egipcio y contra Israel en la guerra de Iom Kipur.

Ya siendo coronel, Al-Bashir y un grupo de oficiales derrocaron el 30 de junio de 1989 al gobierno democrático de Sadiq el-Mahdi en un golpe de Estado sin derramamiento de sangre, apoyado por el Frente Islámico Nacional, el partido de su mentor, Hassan al-Turabi, que más tarde se convertiría en su peor rival.

Con la influencia de Al-Turabi, Al-Bashir orientó hacia el islamismo radical a un Sudán de 40 millones de habitantes, fragmentados en una plétora de tribus y dividido en un norte mayoritariamente musulmán y un sur cristiano y animista.

Infieles

Tras el golpe de 1989, se crearon fuerzas populares de defensa que se desplegaron en el sur del país contra los "infieles", para imponer la ley islámica. Se abrió, así, un nuevo capítulo de una guerra civil que se remontaba a 1983 y que causó dos millones de muertos hasta 2005.

Su política económica apostó por la explotación de los ricos yacimientos de petróleo del país. En la década del 90, Jartum se convirtió en la plataforma del terrorismo islámico al recibir a numerosos jihadistas que lucharon en Afganistán, incluido el jefe de Al-Qaeda, Osama ben Laden, luego expulsado del país por presión de Estados Unidos, que llegó a bombardear el país en 1998.

En este contexto, al final del decenio se agriaron las relaciones entre Al-Bashir el militar y Al-Turabi el islamista. Este último propuso en 1999 un proyecto de ley para limitar los poderes del presidente, al que Al-Bashir respondió sin ambages: el ejército cercó la Asamblea Nacional, que fue disuelta. A continuación, el mandatario trató de distanciarse de los islamistas y mejorar sus lazos con la comunidad internacional.

El conflicto en Darfur estalló en 2003, y según varias ONG y la ONU provocó más de 300.000 muertos y obligó a más de dos millones y medio de civiles a huir y permanecer en campos de refugiados. La Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya lo acusó de crímenes de guerra y de lesa humanidad, junto a varios responsables de su régimen, que apoyaron a milicias locales.

En 2005, su gobierno firmó un acuerdo de paz con los rebeldes del sur de Sudán, por lo que se abrió la vía a un referéndum en 2011 sobre la independencia de esa zona, que alberga las reservas petroleras del país.

Ahora, Al-Bashir busca hasta el final el apoyo de otros países contra la "persecusión" a la que lo quieren someter, según él, las naciones occidentales.

"Los verdaderos criminales son los líderes de Estados Unidos y de Europa", dijo ayer, ante decenas de miles de seguidores. Para él, la CPI, el Consejo de Seguridad de la ONU y el Fondo Monetario Internacional son agentes del neocolonialismo.

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