El oro y el barro.

El oro y el barro.
Por Nelson Castro.

“¡Son unos ridículos, miren las cosas que se ponen!”. Era la voz siempre destemplada de Néstor Kirchner quien, desde su sala de situación en la Quinta de Olivos en la que ejerce sus funciones presidenciales, monitoreaba, a través de las pantallas de los televisores, los movimientos de la delegación argentina que deambulaba por los palacios en donde reside el poder en España.

“Ya sé quién está llamando; es Néstor a quien nada le viene nunca bien”, fue la respuesta, también a los gritos, de la Presidenta cuando escuchó esa voz en el teléfono.

El que más sufrió con todo esto fue el embajador argentino en España, Carlos Bettini. Bettini es un hombre con muy buena llegada al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y, por ende, al presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. La misma buena relación tiene con los reyes. El armado de la visita, cuya agenda era buena, requirió un trabajo de orfebre del embajador argentino que sabe que el ambiente para con los Kirchner no es el mejor ni en los círculos del poder del reino de España ni en sus empresarios.

Y esto es así a pesar de lo que pretendan desmentir con sus distintas declaraciones tanto Rodríguez Zapatero como su canciller, Miguel Moratinos.

“Lo que pasa es que uno se mata arreglando todas estas cosas y después viene Cristina y, con sus actitudes, echa todo a perder”, confesaba una fuente cercana a la embajada argentina en Madrid haciendo alusión, entre otras cosas, al desplante de la Presidenta hacia la familia real española con su llegada 40 minutos tarde a la cena de gala, así como también a su poco feliz discurso ante las Cortes.

“Si usted ve la foto de la cena de gala, la cara de la reina Sofía lo dice todo” completaba un asistente que reconoció que en esa noche se respiraba un aire de inconfundible incomodidad.

“Durante el viaje, se percibían claramente dos visiones de la realidad. Por un lado se veían las caras de los gobernadores Scioli y Alperovich, evidentemente preocupados con la situación socioeconómica del país.

En cambio, a Cristina se la notaba con una distancia de la realidad nuestra que generaba inquietud. Y esto se acentúa por las conductas de un séquito de personajes que la rodean y que constantemente la están halagando y adulando y que permanentemente están encima de ella.

Por ejemplo, después de cada discurso, ella preguntaba cómo había estado y todo ese entorno le respondía con elogios de una desmesura increíble”, narraba alguien que formó parte de la comitiva que acompañó a la Presidenta por su más bien desangelada travesía madrileña.

De Madrid, la Dra. Fernández de Kirchner pasó a Tartagal. Antes, ocurrió un hecho que muestra el desprecio por lo institucional que tiene su gobierno. La víctima fue el vicepresidente.

El día martes, Julio Cobos, que estaba a cargo del Poder Ejecutivo, decidió viajar a Tartagal para observar la situación que allí se vivía como resultado del devastador alud que costó vidas y que arrasó las viviendas y pertenencias de compatriotas para los que la pobreza y el olvido no son un relato sino una realidad ancestral. La historia ya es conocida.

Primero a Cobos le dijeron que el avión presidencial estaría para una determinada hora y después para otra y, cuando llegó al Aeroparque ya listo para viajar, se encontró con la novedad de que la nave había partido hacia Salta llevando a bordo al jefe de Gabinete, Sergio Massa, y al ministro del Interior, Florencio Randazzo.

“Lo que pasa que es que Cobos quería hacer un uso político de la situación porque la ayuda ya la llevaban Randazzo y Massa”, argumentan desde el Gobierno. “¿Y Cristina, no?”, le responden desde sectores de la otrora concertación plural singular que supo encabezar Néstor Kirchner y que hoy no existe más.

Subyace en este episodio algo más grave que este cálculo electoralista: es la concepción feudal que los Kirchner tienen del Estado, según la cual ellos son los amos y señores de todo. Es lo que hicieron y hacen en Santa Cruz.

La pelea entre el matrimonio presidencial y el vicepresidente es total. “Este año será muy duro”, reconocen desde los dos sectores. El fuerte documento de Cobos con críticas al manejo del INDEK indica que el vicepresidente ha decidido no callar más. También ha ratificado, en estas horas, que no renunciará.

La visita de la Presidenta a la devastada zona de Tartagal dejó otras cosas para el análisis.

Es que más allá de la foto en el barro y bajo la lluvia –siempre tentadora para cualquier político– la Dra. Fernández de Kirchner se colocó frente al hecho más bien como una comentarista de la realidad antes que como una partícipe fundamental de un Gobierno que ya lleva casi 6 años en el poder.

En este sentido, la Presidenta expuso, una vez más, la particular concepción de la historia política que tienen los Kirchner, según la cual todo lo malo es culpa de los otros y todo lo bueno es mérito de ellos como si el matrimonio presidencial no hubiera apoyado, elogiado y hecho campaña a favor de aquellos a quienes hoy desprecian. Como dijo un castigado habitante de la zona que perdió todo: “La escucho decir a la Presidenta que el gobierno de su marido y el de ella son los que más escuelas y que sé yo cuántas cosas más han hecho, pero de todo eso aquí no nos llegó casi nada”.

Puesta, como siempre, a la defensiva, la Dra. Fernández de Kirchner se internó en la compleja discusión referente a las posibles causas de tamaño desastre.

Allí, la Presidenta pretendió demostrar tener un conocimiento técnico que, evidentemente, no posee y se apresuró a descartar que la deforestación tuviera que ver con el alud.

Hubiera sido más sabia una actitud más prudente de su parte, visto el debate que hay al respecto y tendiendo en cuenta un informe de la Universidad Nacional de Salta que no descarta la deforestación como uno de los orígenes del hecho.

Como dijo el diputado nacional Miguel Bonasso, quien ha venido batallando incansablemente por la reglamentación de la Ley de Bosques: “No se puede abusar de la credibilidad de la opinión pública. Primero dijeron que lo de Tartagal no tiene nada que ver con la deforestación. ¿Por qué casualmente después de la tragedia se reglamenta la Ley de Bosques?”

La ocasión también fue propicia para que la Presidenta atacara, una vez más, a la prensa hacia la que la intolerancia presidencial aumenta día tras día. Dijo Cristina Fernández de Kirchner:

“Yo recuerdo cuando se cayó el otro puente en 2006 que, obviamente, como sucede con las grandes tragedias, allí de repente cobran visibilidad la pobreza, el país profundo y todos van allí. Cuando construimos el puente que se había derrumbado, no conseguimos que nadie fuera a sacar una fotografía de lo construido. Es que las soluciones no tiene rating; lo que tiene rating es la tragedia, la miseria y los grandes problemas.”

Sólo una pésima asesoría de prensa de la Presidenta sumada a su ofuscación puede haberla llevado a decir lo que dijo ya que, de haberse consultado los archivos disponibles fácilmente a través de Internet, alguien le podría haber hecho saber a la Dra Kirchner que en la edición del 21 de noviembre de 2006 del diario Clarín y en la del 6 de diciembre de 2006 de Infobae, se publicaron artículos referidos a la inauguración de las obras mencionadas en su poco feliz discurso del jueves pasado. Estos “errores” llevan a una pregunta inquietante: ¿esta mala información que dispone y expone la Presidenta se extiende a otras áreas de su gobierno?

Mientras la Presidenta atendía estas cuestiones, el ex presidente en funciones seguía con sus tareas gubernativas y electorales. La semana no fue buena para él. Los resultados del viaje a España de su esposa no le satisficieron mucho y la conformación de la alianza electoral entre Mauricio Macri, Francisco de Narvaéz y Felipe Solá lo indigestó. A Scioli la movida también lo incomodó. Quienes están cerca del gobernador corroboran su creciente preocupación por la situación de la provincia de Buenos Aires. Inseguridad, la sombra de la “maldita Policía”, caída de la recaudación, desempleo, sequía, el conflicto con el campo, desacuerdo con muchas de las actitudes del matrimonio presidencial son todos asuntos que lo tienen a maltraer.

De dibujo en dibujo

Es lo que sigue pasando con el INDEK. El 0,5% de inflación de enero habla a las claras de una voluntad de no cambio. En este caso, la burla de este guarismo resultó ser mucho más irritante para la ciudadanía que está impactada con los incrementos de las tarifas de gas y de electricidad. Que la Presidenta haya tenido que contestar una pregunta sobre los cuestionamientos a los índices del INDEK en su viaje a Madrid, debería hacerla comprender que esas dudas afectan, finalmente, a su gobierno.

La realidad que se vive puertas adentro del Instituto de Estadística y Censos es terrible. “El Instituto está destruido. Nos han puesto a unos contra otros. Se estimula la delación. La mayoría aguanta porque es el único trabajo que tiene”, cuentan sus empleados quienes agregan que “hay muchos que están con tratamiento médico como consecuencia de las presiones y maltratos a los que son sometidos por Moreno y su gente”.

Finalmente, una buena noticia. Sobre el final de la semana que pasó, se abrió un camino de diálogo entre el Gobierno y el campo. Se anuncia que la Presidenta recibirá a la Mesa de Enlace entre el jueves y el viernes. Ante los reclamos del sector y, sobre todo, de aquellos medianos y pequeños productores que a causa de la brutal sequía que afecta a vastas zonas del país han perdido o están en riesgo de perder todo, la pregunta es: ¿a quién escuchará la Dra. Fernández de Kirchner? ¿A los gobernadores e intendentes –muchos de su mismo partido– que reclaman medidas amplias para proteger a la actividad agropecuaria o a su marido quien, turbado aún por el resultado adverso de la votación en el Senado sobre la Resolución 125, continúa cegado por un sentimiento de insaciable venganza?

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