En el barro...

El clima de crispación, enfrentamiento, y autoritarismo ahoga al país. Bajo las peleas de las corporaciones, hay decadencia y corrupción. Mendoza no logra escapar a ese modelo. Los negocios y las conveniencias son más importantes que la producción, la salud, el trabajo, y la educación. La única salida: Más democracia, más participación ciudadana, más institucionalidad.
El país asiste dividido y enfrentado al intento de imponer un modelo chavista impulsado por el ex presidente Néstor Kirchner, su esposa la presidenta, y sus aliados; en un camino incomprensible en cualquier país del mundo, y a contramano de lo que la gente indicó en las elecciones del 28 de Junio, cuando siete de cada diez argentinos votaron en contra del oficialismo demandando un cambio de rumbo, de estilo, y que se abandone la política de la confrontación permanente para buscar el crecimiento y el bienestar en paz.

El gobierno, que es legal, pero que fue deslegitimado en las elecciones que ellos mismos decidieron adelantar, sólo podía legitimarse una vez más convocando a la oposición a un diálogo serio y constructivo, abriendo las puertas de la Casa Rosada y de Olivos, y colocando sillas en las mesas de decisión para aquellas personas y partidos que los derrotaron, y construir así una transición democrática hasta el 10 de diciembre, cuando debe asumir el Congreso surgido de las urnas. Diálogo y convocatoria con la oposición y con el campo eran imprescindibles para iniciar una etapa compleja, en medio de una crisis internacional que afectó con fuerza la economía argentina por culpa de un gobierno enceguecido, y sordo a todo aquello que sus integrantes no quieren oír.

Por el contrario, Néstor Kirchner decidió redoblar su apuesta. Interpretó las elecciones a su conveniencia, y dijo que los argentinos que no los votaron -9 de cada 10 en lugares como Santa Fe, Capital Federal o Córdoba- no los castigaron, sino que les pidieron más. ¿Más de qué? Más kirchnerismo cerril, claro. Una especie de chavismo a la argentina donde las decisiones autoritarias, el orgullo, la soberbia, la altanería, y tal vez la necesidad de preparar la retirada, previendo posibles encarcelamientos por casos de corrupción, son lo único importante.

Así, después de las elecciones, el gobierno decidió dar un golpe a la propiedad privada y se quedó con los derechos del fútbol, que –vale aclararlo- eran explotados de manera monopólica por un grupo que imponía todas sus condiciones a los canales de cable. Así como había desmantelado el sistema de jubilación privada para hacerse de una caja que ahora tampoco alcanza, Kirchner montó un circo que terminará costando un tercio más que el subsidio de gas para todo el país, y que podría llegar a los mil millones de pesos al año, con facturaciones publicitarias misérrimas. En el mismo sentido, ya les están dando millones de pesos en camionadas a los mismos dirigentes del fútbol que destrozaron y fundieron las instituciones, apoyando una práctica monopólica sin importar si el fútbol era para pocos. Ahora es para todos, y todas. Y eso no tiene precio, claro, o sí. Se paga con las cuentas públicas.

En medio de una feroz pelea con el multimedios Clarín, al que considera un enemigo después de haberle otorgado cuando era presidente la fusión Multicanal-Cablevisión, en los últimos días, Kirchner agudizó la lucha a pesar de su escuálido 9 % de imagen positiva. Puso el escaso capital político que le queda enviando al Congreso una ley de medios cuestionada, en medio de un clima de crispación; soberbia exacerbada; y gestos de autoritarismo. La excusa es la democratización de los espacios de radiodifusión, y la desconcentración de medios que –hay que decirlo- muchas, en infinidad de oportunidades, han presionado para obtener beneficios.

El instrumento legal presentado, demás está decirlo, despierta toda clase de sospechas entre la mayoría de los medios y de los periodistas, que ven detrás de la ley la intención del gobierno de desmantelar a sus "enemigos", tanto como la de controlar los contenidos y dictar la línea editorial de quienes accedan a las licencias de radiodifusión. El gobierno intenta aprobar esta ley de manera sumaria. Antes, pretendió seducir a algunos propietarios de medios subsidiando sus deudas ante la AFIP, o con la jugosa promesa del negocio del fútbol de la TV. Pero no alcanzó. El envío posterior de la ley unió a casi todos en la vereda de enfrente. El desprestigio de Néstor y Cristina Kirchner es tal, que fueron capaces de convertir en amables ciudadanos incluso a prepotentes dueños de poderosos medios del país. Aun a los que se habían odiado entre sí, que ahora colocan al tope de la agenda esta ley, porque ya no importa tanto que la mitad del país esté sumergido en algunas de las formas de la pobreza.

En forma paralela, y mientras los precios de los commodities argentinos suben poco a poco en el exterior, Kirchner sigue castigando al campo en una pelea que lleva 17 meses. Ordenó vetar una ley que favorecía a productores de Buenos Aires e hizo echar a un ministro del gobernador Daniel Scioli, a quien muchos acusan ahora de practicar el felpudismo más abyecto con tal de que su provincia no le estalle en las narices. Tampoco piensa en bajar las retenciones. Miles de productores agrícolas de todo el país han quedado al borde de la quiebra merced a las políticas agropecuarias suicidas del gobierno nacional.

Gracias a la política energética irresponsable y demagógica durante la época de vacas gordas y con viento de cola, el gobierno mantuvo subsidiadas las tarifas del gas, que son en la Argentina sensiblemente más baratas incluso que en Chile, Brasil, México, y Uruguay, por ejemplo. Cuando el dinero de la alcancía se acabó y la inflación comenzó a hacer estragos, el gobierno decidió aplicar un tarifazo salvaje, que se terminó volviendo en contra de los que menos tienen, porque en la Argentina no es más rico necesariamente quien más gas consume. Pero éste es el criterio para facturar. Por eso, jubilados y maestros, o policías, o empleados estatales que cobran sueldos mínimos recibieron boletas con 300 % de aumento. El tarifazo va a volver en octubre. El gobierno está tratando de que las distribuidoras se lo informen a sus clientes. En las actuales condiciones del país, subir las tarifas provocará un impacto social tremendo. Pero, los 600 millones que se podrían haber usado para sincerar las tarifas poco a poco, han ido a parar al manejo irresponsable del fútbol.

El mundo ve, con asombro, cómo la línea aérea de bandera, pierde casi diez millones de pesos por día, una suma estrafalaria e insólita, en una empresa que el gobierno ha estatizado y decidido no manejar, para entregársela a los gremios, de la misma manera que ha intentado maquillar al "Indek", que desde la intervención morenista sigue siendo una herramienta inútil y sospechosa que otorga estadísticas que nadie cree. Apoyados en esos números, la economía y el aparato productivo nacional tienen que tomar decisiones. Entre bambalinas, en una segunda línea, importantes kirchneristas –empezando por el propio Kirchner- deben enfrentar causas judiciales por el súbito enriquecimiento con el que han sido favorecidos.

Señores… estamos en el barro. En el lodazal más espeso en el que la Argentina se haya visto inmersa, con márgenes de hartazgo ciudadano similares a los de diciembre de 2001.

¿Y en Mendoza?

La oleada de barro no frena en el Arco del Desaguadero. Por el contrario, nos alcanza, se acelera, y nos tapa.

Como hemos sostenido desde las elecciones hasta aquí, en Mendoza no hay liderazgo. El gobernador Celso Jaque sigue aislado, y encerrado en su círculo íntimo de hacer política y negocios: Alejandro Cazabán, Raúl "Perruco" Leiva y Daniel Pereyra. Esta ausencia de liderazgo provoca un vacío de poder tan grande, que los intendentes se la pasan haciendo gestiones en Buenos Aires para conseguir en la Casa Rosada recursos económicos, obras, y –algunos- apoyo político, para intentar superar sus gestiones y llegar a 2011 con al menos algún margen de posibilidades electorales. Mientras esto sucede, se van conociendo casos de corrupción estructural, la producción mendocina sufre hasta la inanición, y la pobreza crece y crece en los suburbios del Gran Mendoza. El Cadillacsgate, además, permitió ver cómo los operadores del gobierno intentan presionar o manipular a la Justicia.

El ministro de Insalubridad Pública Sergio Saracco se da el lujo de decir, en reportajes, que duerme tranquilo. Pero en el Hospital Central sacan camas a los pasillos porque no hay dónde colocar los enfermos, y en El Sauce, los pacientes judicializados son tratados de manera infrahumana. Duermen en el piso, y a casi todo el mundo –menos a ATE, que hizo la denuncia- le parece algo más o menos normal, porque ocurre desde hace tiempo. En los centros de salud, empleados que ganan cerca de 1.000 pesos –algunos contratados un poco menos, después del descuento del "aporte" político- deben pagar y llevar su propia lavandina. En los hospitales, los médicos se quejan de que a veces no hay ni siquiera gasas, o alcohol, para atender a la gente que se apiña ante las guardias.

La inseguridad ha aportado un capítulo novedoso. Ahora hay fiestas sexuales u orgías en las comisarías, en dependencias policiales, o aun en la cárcel. Un símbolo más de la decadencia mendocina, en una provincia sin liderazgos de ningún tipo. Algo similar ocurre con la educación. Pareciera que a muy pocos les importan los contenidos, la capacitación, la excelencia educativa. Por el contrario, el gobierno nombra a un contador al frente de la DGE, y después transforma en un circo de aplaudidores, obsecuentes, y militantes rentados la audiencia pública en la que se debe discutir sobre las aptitudes del candidato. Esa es la seriedad con la que se manejará la herramienta de formación de los chicos mendocinos, futuros hombres y mujeres que deberán llevar adelante cada resorte de esta provincia en pocos años más.

El peronismo mendocino se ha transformado en un conventillo que apenas si guarda las formas en público. Su presidente, Juan Marchena, es poco menos que testimonial. Su principal crítico interno, Roberto Picco, casi no tiene representación, y es blanco fácil de todo tipo de críticas. Los intendentes han renunciado a hacer política en el sentido más importante: influir y cambiar la sociedad. Sólo están unidos en pos de un objetivo común; conseguir dinero para sobrevivir hasta el 2011. Y sostener a Jaque, en tanto éste atienda sus necesidades financieras. La inconsistencia del partido del poder es tal, que ante la ley de medios se ha dividido y ofrecido flancos de toda naturaleza. Hoy, esas peleas son aprovechadas incluso por Clarín. Los funcionarios del gobierno y sus principales hombres parecen haberse autoclasificado entre los que le tienen miedo reverencial al multimedios Uno, y los que le profesan un poco menos de temor. Así quedó de manifiesto en la noche de la inauguración de las nuevas instalaciones del grupo, cuando frente a un discurso durísimo contra Néstor y Cristina; los funcionarios no tuvieron siquiera la dignidad de retirarse, o de expresar su disconformidad. El PJ no logra llegar a Jaque, y cada uno de sus dirigentes se ha refugiado en su propio sector de poder, para defender sus últimas fronteras ante el avance de la oposición, y de la crisis, claro.

La UCR y el cobismo representado en el CONFE no están mucho mejor. Se prueban el traje del gobierno, pero poco y nada están aportando para recibir la provincia en condiciones, en el hipotético caso de que ganen los comicios de 2011. Sus máximos referentes sólo están preocupados por la "rosca" interna, el deporte favorito radical, y en ver cómo conviven radicales y cobistas bajo el paraguas positivo de Cobos. Han preferido negociar en las sombras jueces y cargos en los organismos de control, antes que preocuparse del futuro de la educación, por ejemplo, debatiendo el modelo y los nombres de la conducción de la Dirección General de Escuelas. ¿Esa es la manera en que se preparan para gobernar?

El Partido Demócrata, directamente, ha optado por borrarse de la política mendocina, y sumarse aisladamente como apéndice político del PJ en temas puntuales. Incluso su hombre de perfil más alto, Omar De Marchi, está prácticamente ausente de la política en las últimas semanas.

Las finanzas públicas mendocinas acentúan el panorama decadente. El presupuesto "inflado" que veíamos a inicios de año finalmente produjo el resultado lógico: un déficit de casi 300 millones de pesos, con dificultades para cubrirlo, y serios interrogantes para el año que viene. Mendoza se terminará financiando con un bono incierto para hacer girar la pesada rueda del Estado un poco más, y construir algunas viviendas que ya nacieron cuestionadas. Todo ello, sin más política que la de subsistencia.

Los productores de General Alvear cortan rutas. Y hartos de estar hartos, interrumpieron el diálogo con la conducción económica. Paradójicamente, les pagaron una parte de los subsidios comprometidos con cheques cruzados que no pudieron cobrar a tiempo. Tendrían que pedirles asesoramiento a los funcionarios del Cadillacsgate, que consiguieron que el pago se hiciese en 48 horas y por caja, fuera del horario bancario. Mientras tanto, se promociona pomposamente un nuevo sistema estadístico provincial para la "toma de decisiones", que casualmente no incluye los índices de inflación. En este tema, los productores, trabajadores y consumidores mendocinos deberemos seguir confiando en el Señor Moreno y su Indek.

El mundo empresario, los hombres de negocios, quienes tienen la llave de la producción y el PBI mendocinos, del trabajo, y del crecimiento, no logran ponerse de pie frente a la ausencia de liderazgos. Llevan casi un año tratando de formar una confederación, y muchos dicen lo que piensan sólo en ámbitos privadísimos, en debates que no llegan a la sociedad, y que por lo tanto no se pueden multiplicar en acciones, y mucho menos, recibir adhesión. La mayoría no habla por temor. Temores políticos, económicos, y mediáticos. Así está Mendoza hoy.

¿Cómo se sale del lodazal?

Con participación ciudadana, educación y actitudes cívicas, con democracia, y dentro de las instituciones que ésta consagra. Cada uno desde su lugar de militancia, o simplemente desde el trabajo, exigiendo y proponiendo, plantándose ante las autoridades, pidiendo más y mejor educación, más y mejor salud, exigiendo seriedad y compromiso a los gobernantes, y participando. Lo contrario, es permitir que los políticos sigan vaciando de contenido a la política para hacer –muchos de ellos- sus propios negocios, desde las antípodas de lo que sus propios pueblos dicen, piensan, sienten, necesitan.

La participación ciudadana no es sólo votar. Hay un compromiso mucho mayor, que consiste en hacer que ese voto se respete, en conseguir que los funcionarios y la política rindan cuentas por esos votos.

Desde que se inició la pelea con el campo, pronto hará un año y medio, el país vive de salto en salto, de la crispación a la histeria, del enfrentamiento a la intolerancia. Se puede cambiar, pero para ello hay que estar y participar.

Y la clase política, aquella que aún no ha ingresado en la rueda de la fortuna y la corrupción, debe perder el miedo, salir de la madriguera; y convocar a los que quieren y a los que deben estar.

Esa será la única manera de que el barro no nos ahogue.

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