En barrio Santa Cecilia, un basural se adueñó de una calle

Es en calle Spilimbergo, donde antes se emplazaba la villa Canal de las Cascadas.
Los vecinos de Santa Cecilia, un pequeño barrio situado al noroeste de la ciudad de Córdoba, no toleran convivir un día más con la basura. Están cansados del olor, la mugre y la falta de higiene que se generan como consecuencia de las montañas de residuos, ubicadas al final del barrio, sobre la calle Spilimbergo y a sus alrededores, por donde pasa un canal.

Sucede que allí solía estar la villa de emergencia Canal de la Cascada, que si bien fue erradicada hace aproximadamente cuatro meses, todavía continúa habiendo rastros de su existencia. “Apenas trasladaron la villa, vinieron con camiones y se llevaron lo más grueso. El resto lo juntaron y lo tiraron al canal”, cuenta Hilda Di Lucca, quien reside justo al lado del predio.

Además de la basura que quedó de la villa, día a día carreros y vecinos de otros barrios arrojan todo tipo de materiales al predio, en su mayoría escombros, aumentando la cantidad de residuos acumulados y enfureciendo a los residentes de la zona. “Estamos hartos de que vengan los carreros a tirar toda su mugre”, protestan los vecinos al unísono. “Cada vez que los vemos les decimos que no nos tiren los residuos, pero no les importa y lo hacen igual”, afirman.

La frentista María Teresa López cuenta que al principio varios vecinos se encargaban de limpiar el lugar, pero que no servía de nada, porque al otro día volvía a estar sucio. “Nos cansamos”, manifiesta.

“Lo peor es cuando se ponen agresivos, el otro día un vecino se quejó y el carrero le tiro un ladrillo que casi le pega en la cabeza”, agrega Miguel Del Río.

“A veces utilizan combustible para prender fuego la basura, es un peligro –afirma Gladis– la otra vez tuvimos que venir con baldes de agua a apagarlo”, agrega. Además de ese predio, en el barrio existen terrenos desocupados, que según manifiestan los residentes, son propiedad de Vialidad Nacional.

Los terrenos se han convertido en descampados en donde también pueden encontrarse ratas, cucarachas y hasta víboras. Los frentistas aseguran haber hecho decenas de denuncias al respecto, pero nunca recibieron una solución. Rosa Latrechina afirma que desde Vialidad le dijeron que no podían limpiar los terrenos porque no tenían nafta para las máquinas. “Es una vergüenza”, sostiene.

Cuando llueve, la situación es aún peor, ya que el agua se acumula y provoca inundaciones en las residencias. “El canal está tapado y no hay desagües, el agua se junta y se forman lagunas”, sostiene Pascuala Castillo.

La plaza, a oscuras Los vecinos están muy conformes con el estado de la plaza, pero lamentan poder disfrutarla sólo a la luz del sol, ya que por las noches la oscuridad es total. La mayoría de las farolas tiene los focos quemados y, pese a las quejas constantes, nunca fueron reemplazados.

Los mismo ocurre con el resto del alumbrado barrial. “Las calles no tienen luz, a la noche no se ve nada y eso propicia la inseguridad”, afirma Hilda.

“El tendido de la red eléctrica es muy antiguo y el mínimo viento hace que los cables se peguen, es un peligro”, insiste Miguel.

El estado del cableado preocupa a los vecinos. Sobre todo aquellos cables que utilizaban los habitantes de la antigua villa de emergencia y nunca fueron retirados. “Todavía están los ganchos de la villa, tengo miedo de que se caigan en mi casa”, relata Hilda Di Lucca, con preocupación.

Consultado por la voz del interior, Daniel Herrera, director de Alumbrado Público de la Municipalidad, indicó que desconocía la situación del barrio.

El funcionario manifestó que agendará la situación para dar una solución en breve.

Los reclamos

Pascuala Castillo. “Nosotros pagamos impuestos como barrio residencial, pero jamás recibimos los servicios que nos corresponden por lo que pagamos. Estamos cansados de convivir con la basura, alguien tiene que hacer algo al respecto, las autoridades se tienen que hacer cargo”.

Hilda Di Lucca. “El canal de riego está rodeado de árboles secos que en cualquier momento se caen encima de los cables de energía eléctrica. Mi casa está pegada a estos cables, tengo miedo de que se me queme todo. Es un peligro, no se puede vivir de esta manera”.

Miguel Del Río. “Alguien tiene que hacer algo con los carreros. No puede ser que utilicen nuestra calle como un basural. No hay manera de detenerlos, cuando les decís algo se ponen agresivos. Tiene que haber más controles y la gente no tiene que darles basura para que tiren”.

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