El barrio más pobre de Oberá por día alberga a dos familias nuevas

La población ascendería a unos seis mil habitantes. En la zona operan bandas dedicadas a la Trata de personas y venta de bebés que se aprovechan de las necesidades extremas
Un promedio de dos familias se instalan por día sobre terrenos de la Municipalidad de Oberá en el barrio San Miguel, un verdadero microcosmos de necesidades, pobreza y asistencialismo permanente.

Según datos de la comuna, actualmente residen unas 600 familias en el lugar, aunque referentes barriales elevaron la cifra a mil. Por ello, teniendo en cuenta que cada grupo familiar está compuesto en promedio por seis integrantes, la población del barrio ascendería a 6.000 personas.

A mediados de los años 90, el por entonces intendente Miguel Ángel Oliveras destinó terrenos municipales, en inmediaciones de Villa Stemberg, con el objetivo de albergar a decenas de familias provenientes de colonias aledañas.

“Fueron años de una tremenda crisis económica, muchos colonos se fundieron y se dio un gran aluvión de gente que vivía en las chacras. Entonces había que reubicarlas en algún lado y así nació San Miguel”, recordó un funcionario de entonces.

La denominación del barrio es una referencia inequívoca al nombre de pila del ex intendente Oliveras.

Los años pasaron, la villa se fue ampliando a lo largo y a lo ancho y hoy se constituye en el principal bolsón de carencias y marginalidad de esta localidad.

Adentrarse en San Miguel duele, la mayoría de las historias reflejan una pobreza extrema y sus consecuencias son nefastas sobre las personas.

Y no es casual que en el barrio operen bandas dedicadas a la venta de bebés y Trata de personas, tal como lo publicó El Territorio en innumerables ocasiones, ya que las necesidades más básicas están a la orden del día y el hambre cala hondo en los cuerpos maltrechos.

Falta todo

Sin ir más lejos, en el transcurso de la semana, este medio publicó los pormenores de lo que pudo haber sido una tragedia cuando Laura Saucedo (25) dio a luz en una precaria letrina.

La mujer, que padece problemas mentales, refirió que fue a orinar y no pudo contener la caída de la criatura recién nacida, la que luego fue rescatada por su padre y un vecino. Natalia Marisol nació con un peso de 2.850 kilogramos y hasta ayer se reponía satisfactoriamente en el área de neonatología del hospital Samic Oberá.

Hace poco más de dos meses, los padres de la beba se instalaron en la zona baja de San Miguel, el sector que aún está disponible.

En tanto, Lidia Mabel Dos Santos (30) llegó al lugar hace un mes para instalarse con sus seis hijos, más uno en camino, en una precaria habitación de tres por cuatro donde duermen, cocinan y comen.

La mujer mantiene a sus hijos, dos de ellos discapacitados, con 300 pesos por mes provenientes del Plan Familias.

“Me separé y fui con mis hijos a Buenos Aires a buscar trabajo. Estuvimos ocho meses, pero tuvimos que volver porque vivíamos en la casa de un hermano mío y había muchos problemas por los chicos”, relató.

Por ello, decidió la vuelta y recurrió a otro de sus hermanos, quien reside en el barrio y le consiguió el terreno y la precaria vivienda que tiene hoy.

A pocas cuadras del lugar, sobre la calle Caroba, reside Santa Isabel Franco (45), quien recientemente fue beneficiada con el promocionada Plan Techo del Gobierno Provincial. “Ahora tenemos techo, pero el ranchito está por caer”, lamentó la mujer.

Asistencialismo y negocio

Como ocurre en otras villas, en San Miguel el asistencialismo está a la orden del día y el municipio destina gran cantidad de recursos para paliar la falta de servicios y una situación de pobreza extrema.

Al respecto, diariamente se distribuyen 70 mil litros de agua potable en los diferentes tanques públicos diseminados por el barrio. Además, de lunes a viernes, funcionan tres comedores comunitarios que brindan el almuerzo a 500 personas.

“La mayoría de la gente se instala en San Miguel y después viene a solicitar el permiso. Actualmente tenemos un promedio diario de dos familias nuevas en el barrio”, señaló Silvia Ganduglia, directora de Acción Social.

La funcionaria explicó que el municipio recepciona el pedido de ocupación y otorga el terreno en comodato.

Indicó además que “mucha gente viene de las colonias y también hay un movimiento interno en el barrio, porque hay que tener en cuenta que muchas chicas a los 14 años ya tienen un concubino y se van a vivir con él”.

Remarcó que el pedido de asistencia es permanente y “nada alcanza”, al tiempo que graficó: “Hay muchas mujeres solas, que tienen seis hijos como mínimo, no trabajan y entonces recurren a la Municipalidad”.

En este contexto, algunos inescrupulosos del mismo barrio idearon un negocio inmobiliario para beneficio propio con las tierras de la comuna. Básicamente, venden las mejoras por 100 y hasta 300 pesos.

“En la Municipalidad te dan el comodato, pero para conseguir un terreno tenés que arreglar primero con gente de acá. Si no, es muy difícil”, reconoció un vecino. En el mejor de los casos, las citadas mejoras son una pila de costaneros; si no, apenas una macheteada.

El Promeba

Después de varios años de postergaciones, a mediados del 2008 comenzó la construcción progresiva del Programa de Mejoramiento Barrial (Promeba) en el barrio San Miguel.

La obra se realiza con fondos gestionados por la Nación y comprende una mejora integral del barrio, aunque el proyecto original beneficia a sólo 385 familias.

La primera etapa en ejecución tiene un presupuesto de 6.192.018,17 pesos y comprende la construcción de cordón cuneta, empedrado, veredas, red de agua potable, cloacas e instalación eléctrica, con un plazo de ejecución es de doce meses. La segunda etapa contempla la mejora de las viviendas.

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