Barrio Municipal: Construido por las manos de los propios vecinos

Son 60 casas que se edificaron en 1970. Cada adjudicatario fue albañil de la obra. Aseguran que eso fortaleció el vínculo entre la gente
"A fines de los años 60, cuando estábamos por empezar a construir el barrio, el pueblo de Junín llegaba hasta acá", recuerda Abelardo Navarro, vecino del barrio Municipal y señala los fondos de la escuela técnica. "Más al sur, era puro campo y salitre. Incluso muy cerca estaba el basural, aunque después lo sacaron".

El barrio Municipal es uno de los primeros que se construyó en la ciudad de Junín, y posiblemente el único en todo el departamento que se hizo por ayuda mutua. Lo forman 60 casas y efectivamente se levanta hacia los fondos de la escuela técnica Ingeniero Arboit, a unas cinco cuadras al sur de la avenida Mitre, la principal arteria de la ciudad de Junín.

Su construcción comenzó el 5 de enero de 1970 y se realizó en tres etapas, aunque las casas demoraron más de dos años en estar medianamente listas para ser habitadas. Los terrenos fueron donados por la comuna, el Instituto Provincial de la Vivienda puso los materiales y los adjudicatarios la mano de obra.

"Había un cupo de horas que cumplir y si usted no podía venir a trabajar para levantar el barrio, tenía que mandar un reemplazo. Generalmente trabajábamos en la construcción de las casas desde las seis de la tarde y hasta la medianoche", agrega don Abelardo, que como muchos otros de sus vecinos, cuando comenzaron las obras no tenía ninguna experiencia como albañil.

"Fuimos aprendiendo sobre la marcha y con las indicaciones de un maestro mayor de obras, que era la única persona ajena al barrio, y de los tres o cuatro vecinos que sí eran albañiles", recuerda el hombre.

La primera etapa del barrio incluyó 24 viviendas y mientras aquellas paredes iban tomando forma, se inició otra tanda igual; finalmente, a los pocos meses se construyeron 12 casas más.

En total suman 60 viviendas que en sus orígenes fueron de lo más humilde. "Un baño, una cocina y un salón de ocho metros que cada uno dividía con lo que podía para darle forma a las habitaciones. Así nos vinimos a vivir, con las casas a medio terminar y el suelo de contrapiso", explica Juan Herrera, miembro de la comisión vecinal.

"Yo era contratista de una viña y nunca había agarrado una cuchara de albañil, pero en el barrio terminé aprendiendo a poner el volcánico de los techos", recuerda el hombre, y todos coinciden en que pese a que se trabajaba en el barrio durante las tardes, después de la jornada laboral de cada uno, "todos veníamos con entusiasmo porque estábamos construyendo nuestras propias casas".

Así fue que durante más de dos años, los adjudicatarios del nuevo barrio, la mayoría de ellos empleados municipales, se dividieron en grupos para encarar la construcción de las casas.

"Había un grupo que construía los bloques para las paredes, otros armaban el hierro, estaban los que marcaban los terrenos y hacían las excavaciones y también los que levantaban las paredes", cuenta Oscar Manzanares, que en aquellos años de albañil de su propio barrio hizo las veces de encargado de controlar los trabajos de las primeras 24 viviendas.

El sorteo de las casas se realizó recién cuando estuvieron terminadas, lo que garantizó que todos pusieran el mismo entusiasmo en cada una de las viviendas.

"Como vos no podías saber si estabas construyendo las paredes de tu casa o las de tu vecino, le ponías las mismas ganas a todo el trabajo", explica Herrera, y una vez más todos coinciden en algo: haber trabajado codo a codo durante más de dos años entre vecinos, ayudó a que la relación en el barrio siga siendo muy solidaria, aunque hayan pasado 35 años desde la inauguración.

Hoy, las casas del Municipal son muy distintas unas de otras y ninguna recuerda el origen humilde de las viviendas. Cada vecino la fue ampliando según sus gustos o sus posibilidades.

Con el paso de los años, al barrio Municipal le fueron llegando todos los servicios, aunque todavía quedan algunos pocos vecinos que no cuentan con cloacas ni gas natural. "Nos gustaría que la comuna viera la posibilidad de ayudar de alguna manera a que esta gente, que no puede costear la obra de una sola vez", piden desde la unión vecinal.

Mientras camina por una de las veredas sombreadas, doña Justa resume el barrio: "Está lleno de buenos vecinos. Acá nos cuidamos entre todos porque nos conocemos desde hace años, desde la época en la que se construyeron las casas".

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