Los bares se vaciaron de clientes y en la city la gente se agolpó frente a los bancos

Los tucumanos salen menos tanto para evitar el frío como para prevenir un eventual contagio de influenza A. Las familias prefieren quedarse en la casa. Pero ayer hubo largas colas al aire libre para hacer operaciones bancarias.
Los sábados a la noche, ir al restaurante era la cita obligada de la familia de Rodrigo Cisterna. Pero este comerciante, casado con Liliana y padre de tres hijos, decidió que durante este mes y hasta que disminuyan los riesgos de contagio de gripe A no saldrán a comer a locales cerrados. Se quedarán en casa, pedirán comida y verán una buena película.

La recomendación de no salir para no contagiarse influenza A, y especialmente el consejo de no reunirse en comercios cerrados, está afectando seriamente el trabajo de los bares y restaurantes. La concurrencia bajó a la mitad en los últimos días, según el presidente de la Unión de Bares, Restaurantes y Afines, Humberto Neme. "La actividad está muy resentida. La gente tiene pánico y directamente no quiere salir", comentó.

Neme subrayó que la disminución de público se nota más de noche y el fin de semana. "Para nosotros es un gran problema. Muchos comerciantes habían contratado personal para las vacaciones y ahora no saben cómo cubrirán estos gastos extras", explicó. "Hace 30 años que estoy en la actividad y nunca vi algo semejante", añadió.

Por las dudas, en muchos restaurantes tomaron medidas de prevención contra la gripe A. El espacio entre mesa y mesa alcanza hasta 1,5 metro. En los baños hay más cantidad de jabones y de toallas y se agregaron frascos de alcohol en gel. Los cocineros usan barbijos y cualquier empleado que padezca un simple resfrío no debe ir a trabajar.

En algunos hasta lavan la vajilla con alcohol para que la gente sienta confianza y disfrute del almuerzo o la cena. "Así y todo, las mesas de adentro están casi siempre vacías. Si hay lugar afuera aparecen clientes. Los almuerzos de trabajo son los únicos que no desaparecieron", informó Luis Aguilera, encargado de un negocio céntrico.

En una de las mesas del local, Miriam y su amiga Rosario comentaron que la de ayer era la última reunión en un restaurante hasta que el virus de la influenza A deje de circular. "Acordamos que desde ahora vamos a vernos en nuestras casas", contó Miriam.

Perspectivas

Bandeja en mano, mientras iba y venía entre las mesas de un bar de la peatonal, el mozo Carlos Quintana opinó que por ahora se ven muchos clientes durante el día. "Pero a las siete de la tarde esto queda desolado", destacó. Agregó que los clientes ya le advirtieron que a partir de la próxima semana saldrán menos. "Dentro de unos días se notará aún más la disminución de público, porque también está bajando la temperatura", dijo Carlos, quien no usa barbijo. "Estoy sano, así que no es necesario", explicó, mostrando que había estado atento a las recomendaciones que indican que el barbijo sólo debe usarlo la persona que sufre gripe.

Hasta los locales de pastas dejaron de ser una tentación para afrontar el frío de las noches. "Cada día vemos que se achica nuestra clientela. Si esta gripe permanece mucho tiempo, no sé qué harán los pequeños restaurantes para subsistir", concluyó Carolina Artaza, encargada de un comedor.

Caos en los bancos

Mientras en bares y restaurantes los espacios estaban semivacíos, frente a las puertas de los bancos un tumulto de clientes pugnaba por ingresar. E feriado de hoy, el asueto sanitario de mañana, el adelanto del pago a jubilados y las medidas de prevención contra la gripe A convirtieron la city tucumana en un caos. Como los bancos permitían que entren pocos clientes a la vez, para evitar las aglomeraciones, en las veredas la gente se apiñaba esperando el turno de ingresar.

Las colas se vieron desde la mañana, pero a medida que pasaban las horas se iban haciendo cada vez más largas y entorpecían la circulación de los transeúntes.

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