Es más barato llenar el changuito en Londres que en Baires

En Londres, alimentos, como las frutas, cuestan hasta la tercera parte que en la Argentina. El pan lacteado vale un 46% menos. También hay diferencias notables en artículos de limpieza y electrónicos. Inflación y rentabilidad empresaria explican la cuestión.
La inflación convirtió a la Argentina en uno de los países más caros. De hecho, hoy es más costoso hacer las compras en supermercados porteños que en los del Reino Unido. En Londres, por ejemplo, los precios de muchos de los alimentos que componen la canasta básica de alimentos y bebidas son más bajos que en Buenos Aires. Lo mismo ocurre con los artículos de tocador, limpieza y electrodomésticos: cuestan un 25% menos que en Buenos Aires, en promedio. Así lo comprobó Crítica de la Argentina durante una recorrida por varios comercios situados en el corazón de la ciudad británica, al comparar los valores con los que se ofrecen en Buenos Aires. Para poder comparar los precios de productos básicos, este diario confeccionó dos canastas: una de 16 alimentos y otra de siete artículos de higiene, limpieza y electrónica. En el primer caso, hay ejemplos como las frutas (bananas, manzanas) que cuestan en Londres hasta 30% menos que en Buenos Aires. El pan lacteado vale 46% más caro en la Argentina (ver infografía). Otros productos, como una botella de agua mineral, el kilo de azúcar y los fideos también cuestan menos. El kilo de arroz tiene un valor similar en ambas ciudades. El resultado de la comparación es increíble. No sólo por el nivel de devaluación de la moneda argentina frente a la libra esterlina (la diferencia es de 6,50 a 1), sino porque además la Argentina produce alimentos y el Reino Unido, al contrario, debe importarlos para abastecerse.

Las cifras se vuelven más impactantes si se considera que Londres es la segunda ciudad más cara del mundo, sólo antecedida por Tokio, según una encuesta de la revista Forbes. "Los precios locales son más caros que los londinenses por la inflación interna", explica Nicolás Salvatore, investigador del Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES) y economista de Buenos Aires City, la consultora a cargo de Graciela Bevacqua que hace mediciones de un IPC paralelo al del INDEC. Según Salvatore, la explicación es simple: mientras en el país europeo los precios se mantienen estables, aquí la suba acumulada –entre 2007 y lo que va de 2009– ya asciende al 70 por ciento. Y no hay motivos para pensar en una próxima estabilidad. También es verdad que, de la mano de la crisis global, los precios en los países más golpeados de Europa se quedaron quietos. A la inflación, al mercado argentino se le suma otra característica: las ganancias de las cadenas de supermercados, que son de entre 15 y 17%, mientras que en Europa no superan el 8 por ciento. "Las empresas locales no resignan sus márgenes de rentabilidad porque el mercado lo avala.

Aquí, los aumentos salariales y los costos fijos se trasladan al precio final. En Europa o en los Estados Unidos hay una economía más abierta, donde hay más competidores y los consumidores tienen una mayor posibilidad de optar", explica Roberto Dvoskin, director del departamento de administración de empresas de la Universidad de San Andrés. Los precios altos impactan directamente en el poder adquisitivo de los argentinos. A pesar de que el salario mínimo es similar, en términos nominales, en la Argentina (1.440 pesos) y en Inglaterra (1.660 libras), el estilo de vida que permite uno y otro ingreso es abismal. Si tomamos como ejemplo la canasta semanal de alimentos confeccionada para esta nota, un argentino que gana el sueldo mínimo destina el 6% de salario para obtenerla. Un inglés, en cambio, apenas debe poner el 1,2 por ciento. La diferencia es notable. Para acceder a los artículos de higiene, limpieza y electrónica que componen la segunda canasta, acá se necesitan 4,5 salarios mínimos y en la capital británica, un poco menos de medio sueldo básico.

Eduardo Fracchia, director del área de economía del IAE, afirma ante una consulta de este diario que los consumidores argentinos de la capa social menos favorecida destinan el 50% de su ingreso mensual a la compra de alimentos, y los de mayor poder adquisitivo, el 15 por ciento. "El Gobierno ha tratado de que la mesa de los argentinos sea más barata: con las retenciones detuvo la suba de precios de los productos finales. Si no lo hubiese hecho, hoy la inflación sería mayor", opina el economista. La proyección de la inflación anual pronosticada para este año no supera el 15%, algo menos que la de 2008 y la mitad de la suba de precios registrada en 2007. Para los especialistas, es positivo que la inflación afloje. Cierto es también que el Gobierno debería poner foco, en serio, en la evolución de los precios. Está visto que Guillermo Moreno fracasó.

Televisores, lavarropas y microondas, unas baratijas

Los electrodomésticos y artículos de electrónica son más económicos en Londres y Dublín que en la Argentina. En términos relativos, un inglés o un irlandés pueden comprar bienes durables en euros o libras empleando sólo un 20% de sus ingresos. Aquí, un consumidor que percibe un salario medio suele endeudarse para acceder a la compra de un lavarropas o un televisor. En Londres, un microondas importado de Corea, marca LG de 23 litros, cuesta 45 libras (292 pesos). Acá no baja de 800 pesos. Lo mismo ocurre con un lavarropas de carga frontal de 5 kilogramos, Drean, se consigue por 212 libras (1.378 pesos) en los comercios del Reino Unido. En la Argentina no baja de 1.639 pesos. Los valores que ofrecía el plan canje del Gobierno ya no existen. En las cadenas de electrodomésticos no se consiguen más lavarropas por 800 pesos. Tanto en Londres como en Dublín, las laptops más económicas se consiguen por 180 libras o 200 euros. En Capital, el modelo más barato no baja de los 2.000 pesos. Televisores LCD: el precio de lista de un Samsung Black de 40" HD (también importado de Corea) cuesta 750 libras (4.875 pesos) en un supermercado británico. En la Argentina, ese mismo modelo, no baja de 6.490 pesos.

El transporte, sin subsidio y caro

Es común escuchar a los británicos quejarse por el precio del transporte público. Los pasajes de colectivos en Londres cuestan una libra (6,5 pesos contra 1,10 en Buenos Aires). A diferencia de Buenos Aires, los buses hacen recorridos cortos y no salen de la ciudad. En cambio, el recorrido del subterráneo es más extenso: cubre hasta 400 kilómetros entre Londres y los alrededores. El pase de subte varía según la distancia del viaje. El mínimo cuesta 1,2 libras y el máximo 2 libras si se utiliza la Oyster Card (una versión inglesa de la tarjeta Monedero o del SUBE). Los días feriados y los fines de semana el ticket más caro baja a 1,1 libras. Y si se paga en efectivo, sin usar la tarjeta magnética, el valor del pasaje máximo sube a 3,2 libras. En la Argentina, el subsidio estatal mantiene los costos del transporte metropolitano en niveles más económicos. Sin embargo, los planes de la Secretaría de Transporte de reducirlos amenazan con nuevos aumentos de tarifas para el año próximo. Con esos nuevos ajustes, los pasajes en colectivo y subte podrían alinearse, en términos relativos, con los valores londinenses.

Alimentos cada vez más caros

En septiembre, los aumentos de precios de los alimentos no se detuvieron. Y en agosto, el consumo en los supermercados cayó un 2,8%, según el INDEC. La canasta básica registró un alza de 4,2% el mes pasado, según un relevamiento de la asociación de consumidores Adelco. El tomate (90,8%), la papa (31,6%), la cebolla (28,6%), las galletitas de agua (14,6%) y la mermelada de duraznos (14,3%) fueron los alimentos que impulsaron la suba del mes pasado. Desde que Adelco comenzó a monitorear los precios, en enero de 2002, la canasta básica multiplicó su valor por cuatro. El alza acumulada alcanzó casi un 300% en siete años. La inflación contrajo el consumo en los supermercados: según el INDEC, en agosto, las ventas cayeron 2,8% con respecto a julio pasado.

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