BANFIELD 3 - VELEZ 0: El candidato soy yo

Banfield se fumó a Vélez, como días atrás a San Lorenzo y a Estudiantes. Ayer liquidó el duelo en 13 minutos y a su conocida seguridad defensiva le agregó brillo. Va tomando forma el sueño de campeón.
Necesita poco Banfield. Poco del partido, poco del rival, poco del árbitro, poco del afuera, de la excusa, la protesta y la picardía tramposa del ganar con lo que sea. Necesita poco de los demás porque lo pone todo él, y en una valijita de mano saca el overol y el traje, y también las botas para chapotear en el barro, los borcegos para la batalla y los timbos de charol para el baile elegante. Y nada le queda mal.

Banfield tiene unos números que envidiaría cualquier equipo, de acá y de afuera. Ganó nueve partidos, cinco al hilo y en los últimos tres se fumó a sendos candidatos: Estudiantes, San Lorenzo y Vélez. A Banfield le hacen un gol cada dos partidos y un poco más. Y por si no tuviera ya méritos suficientes, todavía no perdió. Sin embargo, lo que más resalta en el equipo de JC es lo que generalmente no se ve, no encandila, no deslumbra. No vende. Banfield es un equipo fundamentalista de la solidaridad y del espíritu colectivo. Cuando la pelota la tiene el rival, salen piernas de bajotierra, se multiplica la presión, los espacios desaparecen. Y cuando la recupera, se abre un abanico de posibilidades y hasta hay tipos que pican desaforados hacia los rincones inhóspitos de la cancha, aún concientes de que lo más probable es que la pelota no les llegará nunca, pero que esa carrera march le abrirá espacios al que tiene la pelota, al equipo mismo. No tiene figuras, Banfield. O ese traje, otro más, lo usa cualquiera: un día Lucchetti, otro James, el Gallego, Erviti, Battión, o Silva, claro, que piensa en sus goles y en los de los demás, o García, el de la guía, que fue héroe cuando no jugó Papelito Fernández.

El partido iba derechito a un el gol gana. Mientras Vélez fue Vélez, mientras tuvo aire, cabeza y piernas, era un duelo de guapos y se sostuvieron la mirada durante 45 minutos. Ahí, un par de cuchillazos por lado estuvieron cerca de herir de muerte, pero el filo quedó dibujado en el aire. Algo raro debe haber pasado en los vestuarios: porque los jugadores visitantes que volvieron no fueron los mismos. Es cierto que Banfield anda derecho hasta en los rebotes, y ese tiro de James Rodríguez encontró la pierna de Gastón Díaz y descolocó a Montoya. Pero el otro Vélez se hubiera levantado de ese golpe. Y en lugar de eso, este Vélez, el de ayer, se desmoronó como se desmoronan los equipos sin alma. Banfield había encontrado un fuego hacia el epílogo del PT, y siguió encendido hasta el final. Silva le puso dos goles a García, y el equipo de JC se floreó como nunca en el campeonato. No sólo sabe defenderse, no sólo sabe ser astuto, Banfield demostró que también sabe jugar lindo. Así de mágica es la confianza.

Irremediablemente esto iba a pasar: hay equipos que la pilcha de candidato les va quedando grande. A Banfield, como el overol y el frac, este traje le sienta como al que más...

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