BANFIELD | SOCIEDAD ¿Es una laguna? No, son los baches de la calle Rodríguez

La calle Martín Rodríguez, en Banfield, desde hace varios meses que se convirtió en una de las arterias con más pozos de la localidad.
En algunos de los tramos, los baches llegan a ocupar toda una mano, razón por la que los conductores tienen que hacer maniobras riesgosas para evitar caer dentro de "las lagunas", como bautizaron los vecinos de la zona a los destrozos en el pavimento.

Circular por la calle Martín Rodríguez, en Banfield, se convirtió en un deporte de "alto riesgo" para los conductores de la región, ya que la gran mayoría de los tramos tienen enormes pozos, que los mismos vecinos decidieron nombrar como "lagunas autóctonas".

"Invitamos a todos a conocer las lagunas autóctonas de la calle Rodríguez", bromearon los damnificados, en diálogo con Info Región, al referirse a la dañada arteria.

"Es un desastre el estado en el que está la calle, espero que alguien repare los baches. Manejar por Rodríguez es realmente una odisea porque todos tenemos que estar esquivando las ‘lagunas’ y ya se produjeron varios choques. Los autos se cambian de carril a la mano contraria para no agarrar los baches", señaló Hilda González, vecina. Y agregó: "Hace 45 años que vivo en el barrio y siempre tuvimos problemas con el asfalto, se tiene que hacer un trabajo de pavimentación serio. Los únicos arreglos que se hicieron fueron parches que, a la larga, terminaron empeorándolo todo".

En tanto, se producen serios embotellamientos durante las horas pico, ya que los coches que utilizan el acceso tienen que circular haciendo zigzag para evitar los pozos.

"Se escuchan bocinazos a toda hora, porque los vehículos circulan más despacio cuando se topan con los baches. Además, los autos hacen permanentemente zigzag y eso es peligroso", lamentó González.

Por otro lado, los comerciantes se quejaron por los "malos olores", ya que el agua permanece estancada en el lugar durante semanas.

"El olor que sale de los pozos es terrible porque el agua que se acumula no se desagota nunca. Muchas veces tenemos que tener todas las ventanas del kiosco cerradas porque no toleramos el hedor", aseveró Gustavo Ríos, dueño de un negocio.

En ese sentido, Marcos Galván, que estaba esperando el colectivo en la intersección de Rodríguez y Artígas, comentó: "Cuando pasan los coches me tengo que correr porque más de una vez terminé todo empapado. El olor es nauseabundo y representa un foco infeccioso para todos los que vivimos cerca".

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