Bandera

Por Alfredo Zaiat

El capital tiene el beneficio que no se le otorga al resto de mantener el doble discurso como una virtud avalada por analistas, economistas y políticos. Reclamos encendidos a estrategias económicas que supuestamente no los favorecen. Críticas despiadadas a gobiernos considerados de izquierda. Demandas de seguridad jurídica para el desarrollo de sus actividades.

Estas son algunas de las manifestaciones que repite insistentemente como verdades absolutas, que como tales quedan relativizadas con fríos números. Esas gélidas cifras ofrecen reveladores comportamientos del capital extranjero en América latina durante el año pasado. Para perturbar la calma de los intelectuales de la restauración conservadora, la Cepal distribuyó el informe sobre Inversión Extranjera Directa destinada a la región en 2008 con un resultado asombroso, que hasta el propio organismo de la ONU se ocupó de no resaltar: los países que muestran mayor incremento relativo de la IED respecto del año anterior son Ecuador y la República Bolivariana de Venezuela. Los sigue Uruguay y luego Bolivia. De ese top four, tres países constituyen el eje rebelde que aparentemente atemoriza al capital. Pero al momento de concretar negocios atractivos, las multinacionales no se detienen en los partes de prensa que prolijamente preparan asistentes inquietos por la calidad de la democracia regional o en encendidas arengas sobre la libertad que se escuchan en convenciones empresarias.

En un extenso y completo documento de 221 páginas, la Cepal presentó un detallado panorama de la IED en la región. Uno de los cuadros con el título "Ingresos de Inversión Extranjera Directa, por país receptor, 1994-2008", ofrece esa información sorprendente. El año pasado con relación al anterior, la IED en Ecuador aumentó 404 por ciento, en Venezuela el alza fue de 166 por ciento, en Uruguay la variación positiva fue de 67 por ciento y en Bolivia el saldo fue un incremento de 40 por ciento. "En el caso del Ecuador, aproximadamente el 80 por ciento del aumento es atribuible al incremento de la inversión en los sectores de transporte, almacenamiento y comunicaciones, impulsado por las inversiones de América Móvil y Telefónica, lo que compensó el descenso en las corrientes de IED en sectores de recursos naturales y otros servicios públicos (electricidad, agua y gas)", se explica en el documento. Más escueto fue el comentario referido al gobierno de Hugo Chávez: "Aunque la IED aumentó en la República Bolivariana de Venezuela, principalmente en servicios, también presentó desinversiones en uno de los sectores más importantes, el de hidrocarburos, ante el riesgo de nacionalización, la espada de Damocles de las empresas transnacionales que operan en el país". Las cifras de IED corresponden a las entradas de inversión extranjera directa, descontadas de las desinversiones (repatriaciones de capital) realizadas por los inversionistas extranjeros.

En términos generales, también ha sido notable la evolución de la IED destinada a América latina y el Caribe en 2008 dada la crisis internacional y que el discurso hegemónico plantea prevenciones sobre la región al señalar que gran parte de los países están englobados dentro del color político del progresismo o de izquierda, definición que el prejuicio conservador concluiría en que no serían amigables con el capital. De acuerdo con los montos involucrados no parece que ése haya sido un tema relevante para las multinacionales, puesto que el año pasado se alcanzó un nuevo record histórico de IED en la región. Excluidos los centros financieros, América latina recepcionó 128.301 millones de dólares, con lo que superó por un 13 por ciento el máximo registrado en 2007. "Este resultado es aún más notable si se considera que las corrientes de IED a nivel mundial cayeron un 15 por ciento en el mismo período", se explica en el documento de la Cepal. Ese comportamiento adquiere aún más relevancia en base al diagnóstico realizado por los especialistas de ese organismo internacional: "El avance de la crisis financiera y económica durante 2008 afectó de tres maneras a la inversión extranjera directa en el mundo: deteriorando las perspectivas de crecimiento económico, el principal motor de la IED; limitando el acceso a recursos financieros internos (menores ganancias corporativas) y externos (menor disponibilidad y mayor costo del crédito), y acentuando la incertidumbre y, por ende, las perspectivas de riesgo".

La corriente de IED a la región creció por encima del promedio mundial y de los países en desarrollo. No obstante, la cifra record de IED esconde una realidad subregional muy distinta. Mientras que los flujos de IED recibidos por América del Sur aumentaron un 24 por ciento alcanzando los 89.862 millones de dólares, los flujos de IED destinados a México y la Cuenca del Caribe cayeron un 5 por ciento, con lo cual llegaron a los 38.438 millones de dólares, debido a su estrecha dependencia con Estados Unidos a partir de liberales Tratados de Libre Comercio. En el informe se precisa que Argentina, Brasil, Chile, Colombia y México concentran el 80 por ciento de las IED de la región. Ese aumento de los flujos tuvo su principal motor en los altos precios de los productos básicos durante la mayor parte de 2008, que impulsaron ese tipo de inversiones en recursos naturales (hidrocarburos y minería). Además, fue fuerte el incentivo que constituyó el intenso crecimiento económico subregional, de un 5,5 por ciento. "El destino principal de las inversiones en el conjunto de la región continuó siendo el sector de los servicios, fundamentalmente las telecomunicaciones, los servicios financieros y los servicios públicos", detalla el informe de la Cepal. Y en cuanto al origen, los Estados Unidos continuó siendo el principal inversionista, seguidos por España y el Canadá.

Argentina contabilizó un aumento de 23 por ciento de la IED el año pasado respecto de la anterior, al sumar 7979 millones de dólares, ubicándose en el sexto puesto en el ranking por variación relativa, detrás de Brasil, que contabilizó un alza del 30 por ciento. Esa evolución de la inversión extranjera durante el 2008 también es llamativa teniendo en cuenta dos momentos de máxima tensión política-económica: el conflicto con el campo y el fin del negocio especulativo de las AFJP. En comparación, según el relevamiento de la Cepal, el comportamiento de la IED el año pasado superó el promedio de 1994-1998 (6529 millones de dólares), la media de 2004-2008 (5874 millones de dólares) y fue superior a la de 2007 (6462 millones de dólares), y sólo se ubicó apenas por debajo del promedio 1999-2003 (8075 millones de dólares). Estas cifras son notables no por el monto involucrado, puesto que se requiere de un análisis particular sobre su impacto en la estabilidad económica de mediano plazo de esas IED, la orientación sectorial y su efecto multiplicado en el mercado interno, sino porque desmienten las alarmas de gendarmes de los buenos modales sobre el aislamiento del país.

A nivel regional, la Cepal advierte que "no obstante, estos resultados, tan sorprendentes, en un período de profundas turbulencias económicas y financieras, deben interpretarse con cautela. Gran parte de las inversiones ejecutadas en 2008 obedecieron a la inercia de tendencias de mercado previas al inicio de la crisis, por lo que se prevé una reducción de ambos flujos de capital en el transcurso de 2009". De todos modos, más allá de la evolución de este año, que estará afectada por la crisis global, el recorrido de la IED de 2008 al igual que en los años previos muestra, una vez más, que el capital no tiene bandera... ideológica.

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