Los bancos atesoran $ 82.000 millones en liquidez y temen la codicia oficial

Preocupa que el Gobierno los obligue a suscribir un "bono patriótico" si no cierran las cuentas públicas. También las empresas podrían ser víctimas por su exceso de caja
El sistema financiero va camino a tener su año más ultraconservador desde por lo menos el 2006. Con las elecciones de finales de junio a la vuelta de la esquina, los bancos tienen una liquidez sin precedentes. La suma del efectivo en tenencia de las entidades, las cuentas corrientes de los bancos en el BCRA, los pases netos y los resultados por Lebac y Nobac, todo esto restado a los pasivos por redescuentos, sugiere que el sistema tiene casi $ 82.000 millones en liquidez (u$s 20.000 millones más que en 2006 y u$s 3.500 millones superior al cierre del año pasado). Esto equivale al 41% de los depósitos totales en pesos y al 61% de las colocaciones privadas.

"La creciente incertidumbre y la falta de un horizonte generan un comportamiento preventivo en el sistema bancario. Una evidencia es la tenencia de los pases netos del sistema financiero. Así, los bancos prefieren mantenerse líquidos a prestar sus fondos, en un marco dominado por la volatilidad", dice el economista Luis Secco. De hecho, el stock de pases pasivos (préstamos de corto plazo al Central), llega a $ 16.306 millones, un aumento de 128% en los últimos 12 meses.

Por esto es que no sorprendieron las declaraciones de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner –hace dos semanas– cuando dijo que "los bancos se sientan sobre la liquidez por temor a caer, y si no la hay para la economía real es el Estado el que tienen que volver a dotar a esa economía". Para los banqueros, la interpretación es completamente distinta. El sesgo "intervencionista" de la presidenta genera temor en las altas esferas del sistema. "No es que nosotros no prestamos porque sí. La gente no toma créditos, y dada la incertidumbre local, preferimos atesorar porque otra cosa no podemos hacer", decía un alto ejecutivo que pidió el anonimato. Sucede que a los hombres del sistema financiero les preocupa el efecto post electoral. En las charlas informales, los banqueros no esconden los temores: se habla sobre la posibilidad de que el Gobierno los obligue a suscribir un "bono patriótico" con el excedente de liquidez, algo menos sutil que "invitarlos" a canjear sus tenencias en Boden 12 por un título a más largo plazo (en agosto vencen u$s 2.500 millones de capital e intereses). Algo que teniendo en cuenta lo que tienen en cartera el Banco Galicia, Hipotecario y la ANSeS, aseguraría entre un 30% y 40% de ahorro para el Estado.

Si bien razonan que un bono contra la liquidez sería un "manotazo de ahogado" por parte del oficialismo, no lo descartan dado el deterioro del superávit fiscal y el aumento del gasto (se sabe, inelástico a la baja). "El escenario posterior al 28 de junio es malo sea cual fuere el resultado. Si gana (Néstor) Kirchner, será malo para el país y para la economía porque tendrán más poder. Pero, si pierden, también genera un panorama peligroso porque no se sabe cómo pilotearán los dos años que les quedan de mandato", vociferan. De todas formas, en los bancos creen que las necesidades financieras del país serán tales que será poco probable esquivar un "pedido" oficial dada la dinámica actual. En la misma bolsa caerían las empresas, otros actores que gozan de liquidez y que tampoco están desplegando demasiados proyectos de inversión ante la incertidumbre local. Banco Macro, Santander Río, Telecom y Edenor son algunas de las empresas que utilizan el exceso de caja para recomprar deuda barata en el mercado. "Varias compañías están en la misma situación que nosotros, o sea están sentadas sobre la liquidez. Si el gobierno fuera a ‘pasar la gorra’ para mantener las cuentas podrían extender el pedido a éstas también", razonaba una alta fuente del sistema financiero que recogió los temores empresarios. Los cálculos que hacen en la city dicen que sólo un acuerdo con el FMI los salvaría del "pedido" oficial. Eso sí, el organismo internacional pediría un par de puntos más de superávit primario y arreglar el desastre del INDEC. No estará en el menú las otrora criticadas "reformas estructurales" que solía pedir el Fondo, pero para sentarse a negociar el gobierno tendría que hacer por lo menos eso.

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