Banco Central: el tironeo entre la inflación y el desarrollo

Con la asunción de Mercedes Marcó del Pont se reaviva el debate por una banca de fomento, ya sea con recursos de la autoridad monetaria o de la Anses; pros y contras de una iniciativa polémica
El debate sobre el uso de las reservas del Banco Central (BCRA) no se cerró con la salida de Martín Redrado de la autoridad monetaria. Todo lo contrario, la incorporación de Mercedes Marcó del Pont, una economista heterodoxa y de cuna desarrollista, promete avivar la polémica.

Como diputada, Marcó del Pont presentó en 2007 un proyecto de ley para modificar la Carta Orgánica del BCRA. Allí planteaba que la entidad debía adoptar un rol más activo en la economía y no sólo concentrarse en mantener la inflación a raya. También proponía una mayor coordinación de las políticas de la entidad con el Ejecutivo, algo que concedió esta semana la presidenta Cristina Kirchner al crear un comité de coordinación de políticas integrado tanto por el ministro de Economía como por los directivos del BCRA.

Si bien el proyecto que por entonces llegó a contar con el visto bueno de la comisión de Finanzas de Diputados no hacía referencia alguna al uso de las reservas, está sobre la mesa la idea de que los recursos del Banco Central podrían jugar un rol más activo en la promoción de la actividad económica, sea a través de un Fondo del Bicentenario o cualquier otro nombre.

"Creo que nos debemos una discusión de fondo para discutir cuál es el nivel de reservas que la Argentina debe mantener como respaldo de su moneda -dice el diputado por Frente para la Victoria Carlos Heller-. En mi visión, la fortaleza de la moneda está dada más por la fortaleza macroeconómica, el superávit fiscal, el comercial? Es un debate que tenemos que darnos. En el marco de ese debate, no descarto que una parte de las reservas puedan servir como sustento para financiar el desarrollo."

Heller está trabajando en un proyecto para modificar la ley de entidades financieras con el impulso del Gobierno, que estará listo para cuando comiencen las sesiones ordinarias del Congreso, en marzo. El borrador, anticipa el diputado, contiene un artículo que habla sobre la creación de un banco de fomento. "Hay una imperiosa necesidad de tener un banco de desarrollo, que podría nacer de la actual estructura del BICE [Banco de Inversión y Comercio Exterior], y que tendría como objetivo la financiación de proyectos de inversión de largo plazo", se entusiasma.

Desde Roberto Lavagna, pasando por Felisa Miceli, Miguel Peirano y hasta Amado Boudou, en el Ministerio de Economía de la era Kirchner prácticamente siempre prevaleció la noción de que la Argentina debía volver a tener su banco de desarrollo. Después de todo, como corolario de las sucesivas crisis financieras, la Argentina no tiene un sistema bancario ni un mercado de capitales que absorban la demanda de crédito de mediano y largo plazo del sector privado. La participación de los bancos en el financiamiento privado es de apenas 12% del producto bruto interno (PBI), contra el 68% de países como Chile. No mucho mejor es la situación del mercado de capitales. El financiamiento a través de la emisión de acciones es de 12% del PBI (contra el 83% en Brasil), y de bonos llega al 13% (el 60% en Chile).

"Es que es una economía muy de contado y poco financiada. Por eso, cualquier medida para fomentar préstamos a mediano plazo para el sector industrial es bienvenida", opina Dante Sica, de Abeceb.com. Marcelo Rougier, investigador del Conicet, hace una salvedad: "Hay que tomar la decisión política de impulsar una institución de apoyo al sector industrial, y para eso es necesario tener una política industrial, que al parecer el Gobierno no tiene".

Las reservas, al frente

Cualquier esquema de banca de desarrollo que se plantee tiene, no obstante, un problema inicial: el fondeo. ¿Cómo se pueden financiar créditos de mediano y largo plazo a tasas convenientes? Ahí es donde hoy se plantea tanto la participación del BCRA como de la Anses.

En estricta reserva, algunos funcionarios consultados por LA NACION dicen que, en el caso del Central, se piensa en esquemas en los que las reservas sirvan como garantía para obtener financiamiento de organismos internacionales a tasas bajas o en los que directamente la autoridad monetaria les otorgue redescuentos (préstamos) a los bancos para alentarlos a prestar a más largo plazo.

"Yo lo veo positivo, siempre y cuando no esté políticamente manejado, sino técnicamente", opina el ex titular del BCRA Rodolfo Rossi.

Javier González Fraga, también ex presidente del BCRA, disiente. "Raúl Prebisch [fundador y ex gerente general del BCRA], que fue el gran impulsor del desarrollo incluso en México y en Brasil, nunca mezcló la política monetaria con temas de desarrollo. Para eso creía en la política fiscal. Y él es una figura que nadie puede discutir que sea antidesarrollista", dice González Fraga, para quien la gran contribución que puede hacer el BCRA a una banca de desarrollo es controlar la inflación. "En los países que tienen una banca de desarrollo, primero controlaron la inflación. Con inflación, no hay ni oferta de fondos de largo plazo ni demanda para proyectos", agrega.

Cuando asumió en el BCRA en 1989, al economista le tocó desmantelar el banco de desarrollo que, en la práctica, funcionaba en la entidad, que por entonces daba redescuentos para fomentar las más diversas actividades. "Los redescuentos subsidiados llevaron al déficit cuasi fiscal, que, sumado a otros temas, son la gran explicación de la inflación", dice.

Roque Fernández, ex ministro de Economía y ex presidente del BCRA, opina de manera similar. "No veo que un banco central haga funciones de desarrollo, cuando el Congreso puede crear una banca de desarrollo aparte." Mientras que Daniel Marx, de Quantum Finanzas, asevera que un coeficiente de reservas-PBI superior "da estabilidad y favorece la canalización de ahorros a inversión y financiación", cosa que no sucede tanto hoy.

Por desgracia, la historia de la Argentina con el Banade sólo contribuye a alimentar los temores. El banco de desarrollo fue liquidado en los años 90, con un rojo que llegó a calcularse en más de US$ 6000 millones.

Como ministro de Economía de Roberto Levingston, Aldo Ferrer participó de la creación del Banade. Opina que el Banade fracasó "porque el país fracasó". Pero sigue sosteniendo que es un instrumento "indispensable" para el crecimiento. Aunque tampoco está a favor de usar los recursos del BCRA, "porque tienen finalidades muy explícitas, como seguro del país frente a las contingencias", pero sí de la Anses.

En varias ocasiones, Diego Bossio, presidente de la Anses, y Boudou reconocieron que tenían armado un proyecto de ley -ahora algo paralizado- para crear un banco de desarrollo con fondeo del sistema previsional y plataforma del BICE, un esquema inspirado en el Bndes brasileño. Incluso, confiaron fuentes a LA NACION, existe un acuerdo marco entre la Anses y el BICE para que este último reciba financiamiento de la caja previsional, aunque todavía no se llegó a firmar. En paralelo, desde la época de Roberto Lavagna en el Ministerio de Economía que se está hablando de armar con los socios de la región el Banco del Sur. Tampoco este proyecto pasó de ser una expresión de deseo.

"Poner en marcha un banco de desarrollo no se hace de la noche a la mañana -continúa Ferrer-. Hay que pensar por eso en el rol de la banca privada, en los mecanismos de desarrollo de largo plazo."

La banca, como un todo

Matías Kulfas, vicepresidente del Banco Nación (BNA), coincide en que hay dos maneras de ver la banca de desarrollo: como lo fue el Banade o lo es el exitoso Bndes de Brasil, o de manera amplia, como una institución que coordine las herramientas que ya existen. "El BNA lo que está haciendo es una fuerte orientación a la inversión", dice Kulfas, que cita entre las iniciativas del banco la Línea 400, un total de $ 5000 millones destinados a pymes, a tasa fija en pesos y hasta 10 años de plazo. Con $ 4572 millones colocados en un año, el BNA tendría previsto relanzarla en marzo. El banco además participa de las líneas subsidiadas de la Secretaría de la Pequeña y Mediana Empresa.

La Anses adoptó en los últimos años el rol de financiador de las obras grandes. El organismo puso dinero en la mayoría de los proyectos de energía que trascendieron en el último tiempo (Atucha II y la central Manuel Belgrano, entre otros), y prestó a automotrices como GM. Por otro lado, en estos días estaría cerrado un acuerdo con el Ministerio de Industria y Turismo para financiar fideicomisos pymes para el desarrollo de autopartistas. Mientras que el BICE tendría entre sus planes emitir un bono entre entes estatales para poder potenciar su cartera de créditos de $ 1200 millones.

"Si la sociedad, mediante sus representantes [el Congreso], encontrara la necesidad de contar con un banco de desarrollo, los bancos públicos pueden compartir ese rol, sin la necesidad de armar uno de cero", sentencia Federico Sturzenegger, presidente del Banco Ciudad, que también está lanzando esta semana créditos para pymes a 20 años en dólares y a una tasa de Libor más 300 puntos. La línea se suma a las de tasa subsidiada que ya tenían junto con la Secretaría de Desarrollo Económico y con Medio Ambiente. "Siendo eficiente, puede tenerse un objetivo de desarrollo compatible con una sana rentabilidad", dice.

La transparencia y una buena gestión de riesgos figuran al tope de las preocupaciones, ya que el historial de un capitalismo de amigos no es exclusivo del Banade, sino que dominó a la banca pública en muchas épocas. Existe un consenso sobre que el dinero del BCRA como el de la Anses, aun cuando se destine a financiar a la industria, no debería ser mediante subsidios de tasa; eso, aseguran, debería figurar en el presupuesto, y ser un gasto más de la administración central. Después de todo, tanto el BCRA como la Anses tienen razones para seguir siendo rentables: la estabilidad de la moneda y el pago de futuras jubilaciones, respectivamente.

"La experiencia del Banade ya tiene 15 años, pero ¿podemos decir que la dirigencia política ahora es más decente, que combatimos la corrupción, que mejoramos en algo? Si no fue así, lo del Banade puede volver a ocurrir", reflexiona quien fue el último interventor del Banade entre 1991 y 1993, Rubén Poncio.

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