¿Una banca para Scioli?

Por Jorge Rosales

El paro del campo y la controversia por el proyecto oficial de radiodifusión serán los dos temas que dominarán la semana política. Pero tendrán un condimento especial: el futuro de Daniel Scioli.

El gobernador de Buenos Aires, que fue elegido diputado nacional el 28 de junio pasado, comienza a sentir en estas horas una presión extra proveniente de la Quinta de Olivos. A las peripecias a las que deberá apelar para poder cerrar el año fiscal, pagar los sueldos y seducir a los proveedores para que no le corten la entrega, le sumó en las últimas horas un elemento adicional: una operación para que deje la provincia y asuma la banca en la Cámara de Diputados de la Nación. Una hipótesis de la que reniegan alrededor del gobernador.

El distanciamiento de Scioli con Kirchner comienza a ser inocultable. El gobernador acompaña a la Casa Rosada no tanto por convicción sino por conveniencia. Necesita cerrar el año y garantizar la gobernabilidad en la provincia más poblada, donde las desigualdades sociales son marcadas y la pobreza aumenta. Pero los recursos los debe negociar en Balcarce 50, como ocurrió la semana pasada, cuando se destrabaron más de 200 millones que lo desahogó. Al menos por unos días.

Lejos de los dolores de la derrota, el kirchnerismo cabalga a toda velocidad con iniciativas pensadas para un escenario de victoria. Una de las razones hay que buscarla en la oposición. El plazo extendido de seis meses entre las elecciones y la composición del nuevo Congreso ha dejado a la oposición en un limbo: ganaron, pero los efectos de ese triunfo recién los van a poder disfrutar en pleno en diciembre, justo en un país acostumbrado a vivir a fondo, y a que lo ocurrido apenas un mes atrás asume la apariencia de haber sucedido muchos tiempo atrás.

El conflicto con el campo y la ley de radiodifusión, sin embargo, pertenecen, al mismo tiempo. Sus consecuencias se verán en el futuro. Los hombres y mujeres de campo cumplirán su octavo paro esta semana en medio de tironeos entre los dirigentes para extender la protesta. Pero, a pesar de la desazón y el desaliento de los productores, esta vez parece que no hay ánimo de dar pelea como pasó con la 125.

Y la ley de radiodifusión ofrecerá un duro debate en el Congreso. Es mucho lo que se pone en juego con su discusión. Pero no está en juego la democracia, como dijo la semana pasada la Presidenta.

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