Baleada en tierra de nadie

Baleada en tierra de nadie

Oriana, de dos años, jugaba en la vereda con un primito cuando dos bandas que se disputan el territorio de Isla Maciel comenzaron a dispararse. Una bala le atravesó el pulmón y se encuentra en estado crítico. Los vecinos reclaman porque la policía no interviene.

Unos son los de la banda del Víctor, los del Fondo de Isla Maciel, fondo con mayúscula porque así lo llaman los vecinos, el Fondo. Y cuando es nombre, aunque parezca tierra de nadie y un lugar sin nombres, corresponde la mayúscula. Los otros son los del Culi, la banda del Culi, los de alrededor de la calle Montaña. Unos y otros se odian. No está claro el motivo, aunque tanto no importa porque puede ser cualquiera. El odio no tiene motivos, tiene causas. Y ni los del Culi ni los del Víctor tienen interés, costumbre, ni posibilidad de preguntarse sobre las causas. Antes, toman un arma y liquidan, a la letra, los motivos de sus odios. El martes, cuando bordeaba la medianoche, ocurrió lo que suele ocurrir en estos casos. Los del Culi cruzaron la frontera y se agarraron a los tiros con los del Víctor, que los esperaban al costado de la cancha de San Telmo, por Alberti. Una de las balas atravesó a Oriana, que ni es del Culi ni de Víctor, tiene dos años y jugaba en la vereda con un primito. A la mañana siguiente, mientras Oriana intentaba mantenerse viva en terapia intensiva del Posadas, sus amigos y vecinos cortaron la autopista Buenos Aires-La Plata en protesta. Una vecina describía el paisaje: “Cuando vamos a la policía para que nos proteja te dicen ‘dejálos, que se maten entre ellos’”.

“Son dos bandas que se están disputando el territorio –dijo la vecina–. Unos no pueden pasar de este lado y los otros no pueden pasar de aquél. Unos son una docena y los otros, un poco menos. Vas a la policía y te dicen que se maten entre ellos. La comisaría la tenemos a quince cuadras. Más cerca tenemos un destacamento, en la bajada de la autopista, pero no está para cuidar a los vecinos, están para cuidar a los camiones que llevan y traen los containers.”

Que se iban a agarrar las dos bandas se sabía desde temprano. “Te das cuenta, el aire se pone denso –describió un vecino–. Acá nos conocemos todos y sabemos que a las diez de la noche hay que estar adentro. Te das cuenta cuando empezás a ver las motos que van y vienen y a los pibes hablando en las esquinas en cuchicheo, y ya sabés que esa noche hay tiros.” Lo que se dice en el barrio es que los del Culi se vinieron desde el Fondo, desde la zona del peaje de la autopista, pegado a Villa Tranquila, cruzaron la frontera, en la zona de la calle Estévez y fueron a buscar a los del Víctor. Estos esperaban a la banda contrincante a un costado de la cancha de San Telmo, en la zona que se conoce como El Trece. ¿Por qué El Trece? “No sé, siempre lo llamaron así”, respondió la vecina. “Estaban jugando después de cenar. Estaba con su primo. Afuera empezaron los tiros y uno le dio en el cuerpo de mi hija que estaba jugando con un primo”, dijo Hugo Infrán, en la puerta del Posadas. Rosana, la tía de la nena, relató que estaba dentro de la casa junto a la madre de Oriana y la abuela de su sobrina cuando “se escucharon corridas y tiros. Cuando salimos a ver qué pasaba encontramos a Oriana herida. La levanté y empecé a correr para pedir auxilio hasta que un vecino nos llevó al hospital”. Al Fiorito, donde la complejidad no alcanzaba para su atención y fue derivada al Hospital Posadas, de Haedo, donde los partes médicos indicaban que se encontraba asistida con respirador y en estado crítico.

A Oriana le ocurrió algo parecido que a Walter, un adolescente de 14 años baleado mientras jugaba frente a la pantalla de un cíber en Alberti y Montaña, las calles trágicas, el 21 de diciembre de 2007, alrededor de las 23.30, la misma hora, a tres cuadras del tiroteo del martes. El motivo de los odios, en ese caso, fue una mujer. De un lado, Andrés Centurión, el Poronguita. Del otro, Gustavo Latorre, el Mata. Con tales apodos no queda demasiado espacio para resolver con palabras. Cuenta Ernesto, el padre de Walter, que los dos venían toreándose hacía unos días por una mujer, y Centurión terminó herido en las piernas. El 21 de diciembre, Latorre estaba dentro del cíber. Centurión lo fue a pelear. Walter jugaba en una pantalla, de espaldas a la puerta y con los auriculares puestos. No escuchó nada. Sólo vio que la gente corría. Sólo se levantó, se dio vuelta y una bala lo mató. “Cuando pasó lo de Walter –recordó Ernesto– le pidieron a la policía, que estaba con un móvil abajo de la autopista. Y ellos contestaron, ‘dejá, que se maten entre ellos’.

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