Bajo el gobierno de gremialistas y piqueteros

Por Joaquín Morales Solá

La próxima esquina reserva siempre una sorpresa para los argentinos. Gran parte de la sociedad no pudo, por ejemplo, acceder a los diarios cuando ella quería, sino cuando lo quiso Hugo Moyano. Las cosas están fuera de control en el campo sindical y entre los movimientos piqueteros. Kirchner se ha convertido en un rehén de Moyano y éste hace las veces del arma más letal del ex presidente. La prensa argentina vivió una semana negra por el permanente y violento boicot de Moyano y sus fuerzas de choque. La violencia es un método que los une desde hace mucho tiempo al ex presidente y al líder cegetista.

Kirchner y Moyano tienen también otros intereses convergentes: el ex presidente quiere hacerle sentir al periodismo el peso del amedrentamiento cuando está reunida en Buenos Aires la Sociedad Interamericana de Prensa, la entidad más importante del continente en la defensa de la libertad de expresión. Kirchner comparte con Hugo Chávez, a su vez, un viejo rencor contra la SIP. El ex presidente argentino ya le dedicó descalificaciones y mentiras en otros tiempos.

Chávez y el gobierno argentino promueven ahora, también, una especie de contraasamblea de la SIP; está financiada por Venezuela y auspiciada por todas las agrupaciones kirchneristas conocidas y desconocidas. La SIP, por un lado, y Chávez y Kirchner, por el otro, tienen un disenso: la entidad cree en la libertad de prensa y estos hombres fuertes latinoamericanos la detestan. Esa es la verdad, desnuda y comprobable.

Moyano, por su parte, tiene la obsesión de amontonar más afiliados para su sindicato y de ratificar siempre su descreimiento en la prensa. El líder cegetista obstaculizó durante varios días la libre distribución de los diarios; Kirchner lo aplaudió desde Olivos. ¿Qué mejor pretexto que un supuesto conflicto entre sindicatos para entorpecer el afán real del periodismo? La Constitución protege la libertad de prensa, pero no puede protegerla de los intereses y de las estrategias informales de Moyano, espoleado por Kirchner.

Favores recibidos

Kirchner le pagó esos favores a Moyano antes de recibirlos. El jefe camionero se quedó con el control de más de 1000 millones de pesos de la Administración de Programas Especiales del Ministerio de Salud. Y logró, además, eliminar el tope de los seguros por riesgos de trabajo. Las empresas quedaron a merced de los jueces. En su época, cuando ese sistema rigió, significó una pérdida enorme para el Estado y la quiebra de un tercio de las aseguradoras. Nadie puede asegurar lo imprevisible. Cristina Kirchner debería buscar entre las cosas que firma cuando pregunta por qué las inversiones son tan reticentes con la Argentina.

El último jueves fue un día de furia. Un hombre común debió soportar dos horas de espera en la Panamericana, totalmente cortada por 200 trabajadores en huelga. Poco después, le costó más de una hora llegar hasta Leandro N. Alem al 700, donde está el Ministerio de Trabajo, pero ahí el tránsito ya estaba cortado por otra protesta.

Más tarde se encontró con otros dos cortes: en la Avenida de Mayo, frente al gobierno de la ciudad, y en la avenida 9 de Julio, frente al Ministerio de Desarrollo Social. El servicio de subterráneos no funcionaba. Algunos médicos en situación de rebeldía cortaban también la avenida Callao al 200.

No importa el nombre de ese hombre, pero importa saber que la vida le dio trabajo y familia. Cuando entrevió el último corte, llamó a su esposa por teléfono. Quiero irme de este país - le dijo, suplicando una complicidad-. Estoy cansado de pensar en que una bala asesina puede arruinar nuestra familia y estoy harto de perder el tiempo entre piquetes y huelgas. Este país no tiene arreglo , se desarmó.

La historia es real. Peor: es un diálogo que se reprodujo, con matices diferentes, entre muchísimos argentinos en los últimos días. Después del exilio político y del exilio económico, la Argentina enfrenta la posibilidad de sufrir otro exilio, empujado esta vez por la inseguridad y la anarquía pública. Las imágenes de los últimos días se parecieron bastante a las del caótico 2002; siete años es demasiado tiempo para cualquier paciencia.

Nada de malas noticias

Los Kirchner viven entre helicópteros y aviones, y a ninguno de ellos le gusta recibir malas noticias. Han perdido el contacto, por lo tanto, con la vida cotidiana de los argentinos. Sólo ese aislamiento puede explicar que piqueteros amigos del Gobierno hayan cortado la avenida 9 de Julio en apoyo al kirchnerismo, luego de que esa arteria clave de la ciudad estuviera atascada durante dos días por piqueteros opositores a la administración.

Es la eterna estrategia de Kirchner: ojo por ojo, siempre, no importa el costo social. ¿No fue eso, acaso, lo que hizo cuando se enteró de que la clase media capitalina lo caceroleaba en serio durante el conflicto con el campo? Entonces, ordenó a intendentes bonaerenses y piqueteros amigos que llenaran la Plaza de Mayo. ¿No fue lo mismo que decidió hacer cuando los líderes rurales convocaron a una masiva manifestación en el Monumento de los Españoles? Llamó a una concentración oficialista, el mismo día y a la misma hora, en la plaza del Congreso.

Dos clases de piqueteros

Los piqueteros se dividen ahora en dos grandes grupos: los oficialistas y los antikirchneristas. Los dos tienen líderes que han logrado con esos métodos financiar cómodamente sus actividades políticas.

Los oficialistas reciben, es cierto, otros favores por ventanillas menos transparentes. Pero todos los partidos de izquierda o de ultraizquierda han creado sus propias ramas de piqueteros; las actividades de éstos les permiten recibir contribuciones financieras del Estado.

Hubo un tiempo en que los primeros grupos piqueteros fueron achicándose por obra de dos factores: la bancarización de los subsidios (que esquivaba a los líderes codiciosos) y la caída del desempleo (que le quitó clientela a esos mismos líderes). Sólo quedaron en pie entonces los jefes piqueteros oficialistas, financiados con otros recursos.

Luis D´Elía es buen ejemplo de un jefe piquetero convertido en patrón de una fuerza de choque. Desde el boicot a las empresas Shell y Esso, por orden directa de Néstor Kirchner, hasta la violenta irrupción en la Plaza de Mayo para espantar a los caceroleros de la clase media capitalina, también por indicación del ex presidente, D´Elía pasó de ser un piquetero rebelde a cabecilla de un ejército paraoficialista. Sus interlocutores son el propio ex presidente y el jefe de la SIDE. La policía y la Justicia lo han protegido siempre.

Fue Cristina Kirchner quien se olvidó de aquella política de bancarización de los subsidios sociales cuando anunció un paquete de ayuda para formar cooperativas que beneficiaría a 100.000 desocupados. La bancarización es contraria a la política del oficialismo, que necesita alimentar con recursos frescos a los amigos, sean éstos intendentes o líderes piqueteros.

Memorias del infierno

La reacción previsible de los piqueteros de izquierda y de ultraizquierda (no comprendidos por aquellas filantropías) fue la insurrección en la avenida 9 de Julio. Interminable revuelta. Según Cristina, la culpa fue de la prensa por contar esos tormentos sociales y por quejarse de "los pobres y los negros". Ningún otro presidente democrático tuvo un discurso tan implícitamente racista como el que deslizó la jefa del Estado. Nadie, en síntesis, habló de "negros" como habló ella.

En esas memorias del infierno, la política formal hace sus cosas en el Congreso o en los partidos, pero es la informalidad de la política la que termina gobernando.

Los subterráneos pararon por un enfrentamiento entre camarillas sindicales; no hubo ahí ningún planteo laboral serio. A la ruta Panamericana la corta ahora cualquier delegado gremial que no puede hablar por teléfono con el ministro de Trabajo. Moyano decide cuándo los diarios podrán llegar a la sociedad, mientras les dedica intimidación y violencia a supuestos adversarios que sólo tienen las palabras para defenderse.

El problema es ahora y será también después. Gremialistas y piqueteros están condicionando seriamente la política. ¿Qué próximo presidente podrá enfrentar, sin crisis mediante, semejante trama de intereses y de privilegios creada por el kirchnerismo? Quizás aquel hombre común estaba equivocado: la Argentina tiene arreglo, pero antes deberá dejar atrás la sima que separa a los gobernantes de la realidad.

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