Bajo la alfombra no entra más tierra

La inseguridad, la falta de previsión con algunas obras y servicios, la interrupción en la cobertura de salud, los signos de nueva presencia de la crisis por el déficit fiscal, parecen colocar una bisagra en la gestión del gobernador Daniel Scioli apenas pasada la mitad de su gestión.
Los analistas políticos más exigentes coincidían en señalar que la figura de Daniel Scioli, en sentido figurativo, ofrecía una coraza protectora al kirchnerismo porque aparecía como la parte que oxigenaba al sistema oficialista. Una figura carismática a la cual no le entran balas, aunque al costo de ser calificada de la línea "aire y sol" denotando falta de profundidad política y doctrinaria y más compromiso con el marketing.

Tal vez ciertas encuestas de la semana última hayan hecho recapacitar a muchos expertos en sondeos con ciertos datos que refieren a una nueva caída de imagen en los políticos en general. Los kirchneristas fueron quienes más bajaron y, curiosamente, Scioli también ha bajado tras meses de mantenerse en una meseta pétrea. Su baja de imagen positiva fue, según algunas encuestadoras, del 36 al 26 por ciento. Es decir que perdió en un par de meses un tercio de ese indicador siempre agradable en equipos técnicos de campaña y comunicación.

En otras palabras, no se puede seguir tirando tierra debajo de la alfombra. La baja de imagen afecta tanto lo político, como ocurrió con aquellas semanas inmediatas a la derrota en que Scioli, lejos de la gestión, jugaba a ser presidente del PJ nacional. Ahora se profundiza en esas dos facetas. Las causas tienen que ver con incoherencias entre el discurso y los hechos concretos o en descubrimientos de que la gestión no es un engranaje tan aceitado como parece. Algunos ejemplos pueden servir para poder construir algún análisis y posteriores debates.

Scioli y su gobierno fue muy criticado esta semana, por su ausencia en el consenso por la seguridad, un movimiento de opinión en el cual participan algunos gobernadores, académicos y dirigentes políticos y sociales en general. Justamente esa ausencia se acentuó porque una vez que en lo fáctico se podía generar un consenso, el gobierno bonaerense miró hacia otro lado. Muchos se preguntaron si era excusa suficiente para no participar el hecho de que León Arslanián haya sido uno de los mentores. Máxime cuando algunos puntos sugieren tácita o directamente que hay que cortar ciertas complicidades con el delito desde ciertos bolsones de la esfera policial, algo muy similar en concepto a la postura que hoy asume como propia el ministro de Seguridad Carlos Stornelli.

Por si hiciera falta algún ejemplo más, Scioli había manifestado en la víspera de Navidad ante una reunión de gabinete ampliado que "la gente quiere orden, participación, firmeza y resultados, y para ello vamos a seguir dialogando y buscando mas consensos".

En otro orden, preocupa en muchos sectores la falta de gestión rutinaria, tanto para los detalles como para la cobertura de grandes situaciones deficitarias. Es aquella por la cual, advertido un conflicto o carencia, se puede observar qué venía haciendo el Estado al respecto, a través de sus distintos organismos y operadores. En materia de salud, nuevamente aflora el conflicto de IOMA con médicos. Algo que desnaturaliza la esencia de esa obra social al obligar a sus afiliados a pagar sus consultas y esperar un reintegro que agrega obstáculos a un normal funcionamiento de la mutual.

Dos meses de atraso en pagos a profesionales médicos provocaron los comentarios de gran consternación en La Plata que, como sede de la administración pública, es la más afectada porque la mayoría de los asociados viven en esta zona.

Desde IOMA se jugó una nueva gran pulseada por la cual señalan que hay alguna operación o lobby importante porque no sería una gran novedad o inconveniente un atraso que figura en la lista de los más "tradicionales". Pero no deja de ser un atraso por parte de una mutual que tiene una recaudación sin evasión. Es decir, recauda mejor que ARBA.

El otro asunto tiene que ver con las inundaciones y sus causas. Un distrito que remite a la tradicionalidad como San Antonio de Areco quedó bajo las aguas y el gobierno y dirigentes rurales vuelven atener motivos para peleas y divisiones. Scioli fue directo en acusar a los productores que canalizan sus campos para contrarrestar sus propias inundaciones. Algunos funcionarios fueron más cautos y hablaron de una "pluricausalidad" donde tales canales clandestinos son apenas uno de los factores desencadenantes.

Tanto a partir del conflicto del IOMA como de las inundaciones se señala un detalle antes no visto en el gobierno de Scioli, como el de falta de profundidad en la gestión, frase a la cual la oposición transforma en pasividad o desidia. Sobre todo con aquello que los medios no le marcan como agenda y luego explotan ante los mismos medios por no haber tomado las previsiones correspondientes.

Respecto de la Obra Social, explicar sólo que hubo inconvenientes administrativos parece subestimar la inteligencia de los bonaerenses y tapar tierra debajo de la alfombra. Se explica la realidad ocultando los enormes huecos deficitarios en cuanto a recursos que obligan a incumplir con una de las obligaciones básicas de un Estado provincial, como la salud de aproximadamente un millón de bonaerenses. Otro tema está vinculado con el sistema de seguridad vial en la Provincia, muy atacado a raíz de rutas provinciales fuera de concesión cuyas mejoras recién se activan tras algunos accidentes emblemáticos como el de la familia Pomar, con lo cual también se denota cierta especulación o una falta de recursos muy importante.

Pero en el caso de Pomar, con la Ruta 31 el financiamiento estaba asegurado por el crédito ya asignado del Banco Mundial, con lo cual la falta fue más de previsión que de otras cuestiones.

En materia de accidentes, muy vinculado al tema de las rutas, pero en lo relativo a controles, hay una quietud en la materia con la instrumentación del sistema de scoring que ya está instrumentado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires desde un semestre atrás aproximadamente y ya se piensa en una segunda etapa.

Nada de esto está sucediendo en territorio bonaerense, sea porque Scioli no quiere mimetizarse con el macrismo o a la espera de saber qué hacen sus jefes en la Casa Rosada con la instrumentación de la ley nacional respectiva. La pasividad parece ser preocupante al respecto.

Asimismo, muy comentada fue esta semana desde distintos sectores de la oposición y de muchos medios la situación que quedó al descubierto por la falta de monitoreo permanente de las pampas bonaerenses para determinar dónde y cómo se han desarrollado canales clandestinos. Esa labor la viene haciendo y muy bien con modalidad satelital la Agencia de Recaudación de Buenos Aires (ARBA). Esto le permitió detectar construcciones clandestinas y mejoras no declaradas a los efectos de actualizar liquidaciones de impuestos.

Con lo cual, todo parece inducir a la conclusión que la gestión está -y muy profundizada- en aquellas áreas destinadas a recaudar, mientras que aquellas orientadas hacia los servicios, que son mayoritarias, muchas veces alcanzan parámetros muy lejanos de la eficacia siempre pretendida por gobernantes y gobernados. La simultaneidad de hechos negativos que se vienen sucediendo con respecto a determinadas carencias en la Provincia parece ser un llamado de atención importante. El tiempo de hacer la plancha en algunas problemáticas se terminó hace un tiempo y de nada parece haber lugar para especulaciones con el periodismo cada vez más dispuesto a investigar y a controlar.

Esto es porque aparece una comunidad más dispuesta a hacer demandas y a protagonizarlas de alguna manera con participación masiva. Son episodios que no se pueden ocultar. Parece que el paradigma de la comunicación total tiene los días contados frente al paradigma de la necesidad de previsionar y anticiparse a que las mechas encendidas –hechos provocados por la desidia- produzcan detonaciones desagradables.

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