Bailando al ritmo de las encuestas

Por Fernando Laborda

Cuando falta poco menos de un mes para las elecciones legislativas, distintas encuestas en la provincia de Buenos Aires exhiben una ventaja para el kirchnerismo de entre cuatro y ocho puntos sobre la lista encabezada por Francisco de Narváez.

Esta situación parece dar cuenta de que la división de la oposición es el mayor escollo para que el sector encabezado por Néstor Kirchner y Daniel Scioli pueda ser vencido en las urnas.

Concretamente, el crecimiento de la lista de Unión PRO, liderada por De Narváez y apoyada por Mauricio Macri, se habría estancado merced al aumento en la intención de voto para el Acuerdo Cívico y Social, que lleva a Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín como primeros candidatos a diputado nacional.

Frente a la posibilidad de que se afiance este escenario, los estrategos de Unión PRO se han fijado dos consignas. La primera es desperonizar su campaña, relegando a un segundo plano al ex gobernador Felipe Solá, con el fin de captar el aval de electores de la oposición que nunca simpatizaron con el peronismo y que hoy se sienten más inclinados a votar por la alianza entre el radicalismo y la Coalición Cívica.

La segunda meta, que se apreciará más cerca del acto electoral, será convencer a la ciudadanía bonaerense apelando a la teoría del voto útil. "No se pierda la oportunidad de ganarle a Kirchner. Vote a De Narváez", sería, palabras más, palabras menos, el mensaje que intentarán transmitir los postulantes de Unión PRO.

Los candidatos del Acuerdo Cívico y Social intentan contrarrestar esa idea ya desde su principal eslogan de campaña: "El cambio seguro". Esta frase no sólo apunta a transmitir la idea de la existencia de un equipo compacto detrás de la coalición, sino también a persuadir al votante opositor de que el justicialismo disidente que apoya a De Narváez y el kirchnerismo son dos caras de una misma moneda.

La estrategia de dividir y reinar le estaría dando por ahora buenos dividendos al oficialismo en el distrito bonaerense. Claro que la victoria kirchnerista carecería de un sabor lo suficientemente dulce si el oficialismo apenas renueva 14 de las 20 bancas de diputado nacional por la provincia que pondrá en juego en estos comicios, como proyectan los sondeos de opinión pública. Obtener alrededor del 35 por ciento de votos en el distrito tampoco sería un resultado tan bueno si se lo compara con el alcanzado dos años atrás, cuando Cristina Kirchner fue candidata presidencial, y cosechó el 46 por ciento de las voluntades. Caer 11 puntos en dos años implicaría perder uno de cada cuatro votantes.

Conscientes de que no sirve con ganar por una diferencia mínima en la provincia de Buenos Aires -como alguna vez lo manifestó equivocadamente el propio Néstor Kirchner-, los dirigentes del oficialismo apuestan a ampliar su ventaja en el segundo cordón del conurbano y, desde hace pocos días, también a victimizarse frente a los episodios de violencia promovidos por pequeños grupos vinculados al sector agropecuario en puntos del interior del distrito, con el fin de acortar la ventaja que en las zonas rurales le saca la oposición al kirchnerismo.

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