Los baches y pozos, a los que no tapa ni el maquillaje.

La desidia de quienes deben ocuparse de la ciudad queda evidenciada en el deplorable estado de sus calles.
Cuando los riogalleguenses recorremos las calles de nuestra ciudad, lo hacemos con genuino afecto por el lugar que hemos elegido para vivir nuestras vidas y soñar nuestros sueños, lástima que (nada es perfecto en la vida), la desidia de quienes la administran, nos obligue a esquivar baches y pozos, los que por su permanencia en el tiempo, seguramente figurarán en la próxima guía urbana.

En el caso de una coqueta señora, más de 120 años de vida, la convertiría indudablemente en una simpática y longeva abuelita, pero esos mismos años, en el caso de Río Gallegos, sólo le permiten haber ingresado a la adolescencia.

Ya que hablamos de adolescencia, para aquellos que la transitamos hace muchos pero muchos años, es una de esas etapas de la vida de la que se guardan gratos recuerdos, pero que cuando a uno le tocó vivirla, fue una época de grandes desazones en la que nos sentíamos incomprendidos y feos. Uno de los mayores desastres que nos podía suceder, eran los "granitos", que convertían a nuestro rostro en una "zona de guerra".

Como decíamos algunas líneas más arriba, Río Gallegos es apenas una adolescente, a nadie debe sorprender que se vea sujeta a los padecimientos de todos los adolescentes. Basta transitar sus calles, tanto en la zona céntrica como en la periferia, para detectar esos horribles granitos (baches y pozos), que en el caso de la capital santacruceña, no sólo la afean, sino que dificultan y en muchos casos imposibilitan que podamos acariciarla (transitarla), por lo que, sufre ella y sufrimos nosotros.

Todos sabemos que la ciencia médica ha avanzado y en su avance encontró, sino curas al menos paliativos a los dolores (granitos y acné) de la adolescencia. Por lo que chicos y chicas suelen cumplir con la ceremonia de cubrir la zona afectada con esos "mágicos" ungüentos. En el caso de la ciudad, la solución a los "granitos" es similar, se los debe cubrir (a los baches) y proceder a su relleno y san se acabó, granito curado o bache tapado.

Quizás, sólo quizás, alguno de estos días al despertarnos descubramos que ya su rostro no luce la huella de esos feos "granitos".

De más está decir que en el caso de los baches (no de los granitos), taparlos y devolver la normal transitabilidad a las calles riogalleguenses, es una obligación de quienes han sido elegidos para gobernarla, por lo que nosotros, los vecinos, lo único que cordialmente exigimos, es que se cumpla con la tarea para la cual han sido elegidos.

Más allá del irónico giro que hemos intentado darle a estas líneas, queremos destacar que este es el cuarto o quinto artículo que escribimos sobre el mismo tema y a ojos vista de los resultados que se aprecian, lo escrito sólo sirvió como piso de la jaula del canario… o para subsanar el olvido de comprar los 74 metros en el súper.

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