Bachelet termina su presidencia con un récord de popularidad

Su manejo de la crisis económica le posibilitó un índice de aprobación de casi el 80%
SANTIAGO, Chile.? Al principio, romper con la barrera de los géneros que existe en América del Sur no fue nada fácil para Michelle Bachelet.

En 2006, había logrado captar la atención mundial al convertirse en la primera mujer en ser elegida presidenta de este país profundamente conservador. Y lo hizo sola, sin esos famosos maridos que impulsaron a otras presidentas de la región.

Pero un mes después de asumir el cargo, Bachelet debió enfrentar gigantescas marchas estudiantiles en todo el país. El apoyo a su gestión cayó aun más cuando un nuevo sistema de transporte público se volvió caótico, hasta tal punto que sus detractores la caricaturizaron al volante de un ómnibus rumbo al precipicio.

"Existía la clara sensación de que ella no estaba al mando", dice Marta Lagos, directora de Market Opinion Research International, una empresa de sondeos de opinión de Chile.

Pero a sólo cinco meses de dejar el poder, Bachelet tiene cada vez más chances de ser recordada uno de los mandatarios más populares de su país. Las encuestas de este mes consignan que tiene un índice de aprobación de casi el 80%, y en las últimas semanas ha alcanzado los niveles de popularidad más altos desde 1990, año en que Chile pasó de la dictadura a la democracia.

Los analistas y encuestadores atribuyen este vuelco extraordinario a su manejo de la economía durante la crisis financiera mundial y a su decisión de ahorrar miles de millones de dólares de los ingresos por las exportaciones de cobre durante el boom de las commodities de los últimos años. Esa agresiva estrategia de ahorro permitió que el país tuviera fondos para reformar el sistema jubilatorio y para implementar el ambicioso programa de protección social para la niñez y para la mujer impulsado por Bachelet, a pesar de la crisis económica global.

Bachelet se cuenta entre ese puñado de presidentes latinoamericanos, como Luiz Inacio Lula da Silva, cuya popularidad se ha fortalecido por el manejo que han hecho de la crisis. Su gobierno afirma que la economía crecerá un 5% el próximo año.

Bachelet, agnóstica confesa y madre soltera de tres hijos en un país que legalizó el divorcio hace apenas cinco años, hizo trizas el molde de los políticos chilenos tradicionales, en este bastión de la Iglesia Católica que es Chile. Al principio, ha dicho Bachelet, el establishment político intentó dar de ella una imagen débil y desdeñosa del cargo de la presidencia.

"Durante los primeros años, ése fue un verdadero desafío", dijo Bachelet, de 58 años, y aseguró que otras mujeres con poder la incitaron a endurecerse y a "gritar e insultar" para ganar respeto. "Yo aposté a ejercer el liderazgo sin perder mi naturaleza femenina", agregó Bachelet.

Ahora que faltan menos de dos meses para las elecciones y la legislación le impide volver a presentarse, los candidatos rivales se pelean por fotografiarse con ella.

Su gobierno trastabilló de inmediato en abril de 2006, cuando más de 100.000 estudiantes secundarios manifestaron para reclamar mejoras en la educación pública.

En febrero del año siguiente, la implementación del nuevo sistema de transporte público, Transantiago, se convirtió en un bochorno de proporciones, al demostrar ser caótico e incapaz de satisfacer la demanda. E hizo caer su popularidad al 35%.

Pero Bachelet ya había tenido que enfrentar cosas peores en el pasado. Su padre, un general de la fuerza aérea, fue torturado durante meses por la dictadura del general Augusto Pinochet y, finalmente, murió en prisión. También detuvieron y torturaron a su madre y a ella misma antes de permitirles exiliarse.

Con la vuelta de la democracia, Bachelet trabajó para la Comisión Nacional del Sida. En diciembre de 2000, Lagos la nombró ministra de Salud, donde provocó polémica permitir la distribución gratuita de la píldora del día después a víctimas de abuso sexual. Más tarde, fue nombrada ministra de Defensa, la primera en un país latinoamericano.

Como presidenta, Bachelet se resistió a hacerles caso a los políticos que le reclamaban que usara los ingresos por el cobre para achicar la desigualdad social de Chile, una de las peores del mundo. En cambio, durante sus tres primeros años en la presidencia, su gobierno ahorró 35.000 millones de dólares de los ingresos generados por el boom económico mundial. Cuando la crisis financiera global se desató, el valor de las exportaciones de Chile se hundió más de un 30%.

Pero para ese entonces el país ya contaba con casi 20.000 millones de dólares invertidos en fondos de inversión soberanos solamente.

Con miles de millones de dólares de reserva, su gobierno legalizó el pago de pensiones alimenticias para mujeres divorciadas y triplicó el número de guarderías infantiles gratuitas para familias de bajos recursos. También agregó una pensión mínima garantizada para los pobres, y jefes y jefas de hogar de bajos ingresos.

Los analistas afirman que su estilo poco ortodoxo ha dejado una marca en la cultura política del país. Para la encuestadora Lagos, "ella acercó la presidencia a la gente".

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