Bachelet inauguró el Museo de la Memoria a días del balotaje

Reúne documentos sobre la dictadura. Hubo fuertes críticas de la derecha.
Los sobrevivientes de las cárceles secretas de la dictadura y los familiares de detenidos desaparecidos y ejecutados se quedaron sin aliento ayer. A una semana de la segunda vuelta presidencial, que podría marcar el regreso de muchos partidarios del general Augusto Pinochet a La Moneda, más de mil personas se dieron cita para la inauguración del impresionante Museo de la Memoria. El recinto -de una dimensión mayor que la del palacio presidencial- reúne más de 40 mil piezas documentales y audiovisuales, incluyendo los procesos, donde se relata la verdad de lo ocurrido a partir del 11 de septiembre de 1973, día en que fue derrocado Salvador Allende y que dio paso a una dictadura de 17 años.

Por primera vez los chilenos podrán conocer los detalles de la persecución de que fueron objeto 28 mil víctimas, entre muertos y torturados, que registran los dos informes oficiales sobre la represión entre 1973 y 1990. A dos meses del fin de su mandato, Michelle Bachelet cumplió la promesa que hizo en 2006 al conmemorarse los 30 años del asesinato del ex canciller de Allende, Orlando Letelier, perpetrado en Washington por la policía secreta del ex dictador.

El frontis del recinto -de más de 14 mil metros cuadrados en tres pisos y que demandó una inversión de más de 20 millones de dólares- está enmallado en cobre y su fachada es transparente. Está rodeado de una Plaza de la Memoria, donde ayer se realizó el acto. En su interior, en las múltiples galerías con documentos y objetos realizados por los prisioneros en cautiverio, están las cartas que el padre de la presidenta, el general Alberto Bachelet, le envió a su esposa Angela Jeria desde la cárcel antes de morir de un infarto a causa de las torturas. También las cartas que envió desde el campo de reclusión en Isla Dawson el ex ministro de Allende, José Tohá, padre de la jefa de campaña del candidato oficialista Eduardo Frei, quien murió en el Hospital Militar en condiciones nunca aclaradas: se le atribuyó un suicidio a pesar de que su extrema delgadez no le permitía ni siquiera ponerse de pie.

En otra de las galerías se encuentra el reloj del general Carlos Prats, jefe del ejército hasta 19 días antes del Golpe de Estado que intentó detener, lo que provocó su asesinato junto a su esposa en Buenos Aires. Decenas de caballitos de mar tallados en hueso, única imagen que veían los presos del campo de concentración de Puchuncaví, así como pequeñas muñequitas que las presas tejían y cosían para sus hijos desde su cárcel secreta en Pirque, fueron rescatados por sus familiares y desde ayer se exhiben en vitrinas en el Museo. Un lugar especial fue destinado para los testimonios audiovisuales de unos pocos sobrevivientes de las cárceles secretas.

Bachelet inauguró el Museo escoltada por los tres ex presidentes de la Concertación: Patricio Aylwin, Eduardo Frei y Ricardo Lagos. Entre los presentes estaba el subsecretario de Estado norteamericano, Arturo Valenzuela. A su llegada, el escritor Mario Vargas Llosa fue abucheado por la multitud. El peruano ni se inmutó. Una Bachelet al borde de lágrimas fue interrumpida por dos jóvenes mapuches que denunciaron la represión a su pueblo. La presidente les respondió que Chile había luchado para que todos tuvieran derecho a la expresión y a la dignidad.

La inauguración fue precedida de una polémica en la que la derecha cuestionó la instalación del Museo por mostrar sólo una parte de lo ocurrido. Bachelet será uno de los catorce directores del Museo, acompañada por un grupo de personalidades, entre ellas, Arturo Fontaine, influyente director del Centro de Estudios Públicos (CEP), el más importante de la centroderecha. Fontaine salió en defensa del Museo al explicar que su objetivo es "conservar la memoria de lo ocurrido en Chile".

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