El Ayuí, ¿un problema de todos? ¿Para todos? O ¿contra todos?

Qué alentador sería poder pensar que la crisis ambiental planetaria es una falsedad, que el calentamiento global, la explosión demográfica, la extinción acelerada de especies, la devastación a gran escala de los diversos ecosistemas, son una exageración de mal gusto de los llamados "ecologistas". Que todo es una gran mentira armada por románticos, que quieren detener el progreso.
Lamentablemente esto no es así. Desgraciadamente, los que intentamos alertar sobre los desastres ambientales, tenemos razón. Y a algunos, nos gustaría estar equivocados, ya que eso significaría que la salud planetaria no está siendo drásticamente alterada por la acción humana. Que la huella del hombre sobre la naturaleza es inofensiva y que su capacidad destructiva es nula.

Pero al profundizar continuamente la cuestión, es decir, al estudiar atentamente a científicos,(a los que no se venden como mercancías), a los filósofos que profundizan en la realidad, a los políticos que piensan con visión de estadistas (que son los menos), o a gente común comprometida con la existencia, que han investigado responsablemente el tema, y no se someten a los intereses que deforman, convirtiendo al hombre en un engranaje sin sentido, todos concluyen en lo mismo: la crisis ambiental planetaria es un hecho, y si no hacemos algo urgente, los humanos, que somos los que la estamos provocando, también vamos a ser víctimas de ella. Cuando el desastre sea total, la naturaleza no va a perdonar a nadie. Caeremos todos, ricos, pobres, conscientes e inconscientes. Todos seremos víctimas de la irresponsabilidad humana.

Dados estos hechos que tienen alcance global, se impone con urgencia, un debate que este a la altura de la verdadera problemática ambiental. Porque pensamos junto al filósofo argentino Santiago Kovadloff que si "solo el afán de lucro sigue teniendo la palabra, la vida en la Tierra se extinguirá antes de lo previsto. El oportunismo y el desenfreno, matan". El proyecto de la mega-represa Ayuí es un claro ejemplo de esto. Transformar un ecosistema más de lo que el propio ecosistema puede tolerar, solo en función de intereses particulares, es un suicidio, y sin embargo, los representantes actuales del Estado correntino, en su rara mezcla de falta de idoneidad, ignorancia y complicidad, están a punto de permitirlo. Con esto, el daño que se le está por infringir a la naturaleza correntina va a ser irreversible. Pero hay otro daño vergonzoso: la claudicación de la potestad por parte de autoridades incompetentes al cuidado de los bienes públicos, como son los cursos de agua, en beneficio de intereses privados desmedidos. Tal es la estrechez de miras que intoxica a nuestros funcionarios, que ni siquiera logran la recomendación de Albert Camus para los males del mundo, "comenzar por no agravarlos".

Sabemos que como sostiene Al Gore, los problemas ambientales son "una verdad incomoda". Chocan contra intereses muy fuertes, contra costumbres muy arraigadas en la lógica social. Estos intereses, no se subordinan a la verdad del interés general, sino que luchan y están dispuestos a comprar voluntades, seducir y domesticar gobiernos e intentar torcer la ley para hacerse pasar por benefactores sociales.

En Corrientes, tenemos una gran ventaja, respecto de otros lugares en donde los cambios hacia la destrucción, ya han sido irreversibles. Pero simultáneamente, sufrimos una gran desventaja, la conciencia social está muy atrasada en comparación a la magnitud del problema que se viene. Desgraciadamente, en el presente, estamos tan acostumbrados a que los gobernantes nos defrauden que casi nos parece natural que así sea. En el caso, que autoricen la DESAPARICION del Ayuí, estarán defraudando al futuro, que seguro los va a juzgar desde un grado de conciencia mucho más elevado que el actual.

Por lo que hemos escuchado, la desaparición del Ayuí, es apoyada por muchas instituciones, obviamente, pensando en los beneficios económicos que promete dicho proyecto, y sin tener conciencia del costo ambiental futuro. Pero, ahora, en el presente, me pregunto…. si se habran asesorado legalmente para apoyarlo, como lo hemos hecho nosotros para rechazarlo; no estarán jurídicamente a la intemperie? ya que cuando las instancias judiciales correspondientes se expidan…. ¿no quedarían promoviendo el delito? No va a ser que nos veamos en la Corte Suprema de Justicia.

El progreso que destruye a la naturaleza, hace tiempo que dejo de ser tal.

No permitamos que las autoridades correntinas autoricen autos de fe contra la naturaleza, habilitando que se quemen parte de los bienes naturales de la provincia.

Por último, debemos recalcar que no estamos en contra de la producción, lugar que los simplificadores de la realidad, nos quieren hacer ocupar. Sí de las formas destructivas, como es este caso. Pero alentamos fervientemente las formas de producción sustentables.

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