Una ayudita, por favor

La cuenta regresiva de los comicios obliga a la oposición a tomar decisiones. El oficialismo se divierte y el exceso de confianza lo lleva a cometer "burradas". Por Federico van Mameren

Sergio Mansilla es el tercer hombre de la provincia. El legislador se convirtió en el presidente subrogante de la Legislatura y, por lo tanto, es un superpoderoso. Cuenta además, con la confianza absoluta del gobernador. Tanto, que el futuro de José Alperovich está en manos de este político, a quien apodan "La Burra". En caso de que Alperovich necesite ser senador deberá pedirle a Mansilla que renuncie y le deje la banca. El viernes, tal vez ensoberbecido de tanto poder, este legislador, que alguna vez se puso la casaca de "guardavalla", voló para el lugar equivocado y dejó desguarnecido el arco oficialista.

En una entrevista realizada por Radio Universidad admitió que toda la oposición (salvó sólo un 0,1%) va a pedir ayuda a la Casa de Gobierno. Como si fuera un Pontaquarto tucumano, dio a entender en sus palabras que desde el Poder Ejecutivo se habilita a dirigentes opositores para esta campaña. Sus palabras están muy cerca de constituir una denuncia de corrupción. El ex arquero de Deportivo Aguilares suele adoptar la postura tan alperovichista de disimular una sinceridad absoluta. Se le fue la mano. En los próximos días no sólo tendrá que darle explicaciones a su jefe, que está diplomado en rabietas, sino que también tendrá que dar los nombres del 99% de los que llegan a pedir ayuda. "Yo no sé en lo que me estoy metiendo. Sé que lo que digo es una realidad. Es así. Y todos los que están en la vereda de enfrente saben", le dijo al periodista Angel Suárez, con una inocencia llamativa para el tercer hombre en la sucesión del poder tucumano. Seguramente ningún fiscal le pedirá explicaciones, pero no sorprendería que estas declaraciones terminen abriendo una causa en la Justicia. La otra pregunta que podría hacerse para corroborar la veracidad del hecho es por qué siguen yendo los opositores a pedir. Pareciera que sí reciben la ayuda reclamada, de lo contrario no llegaría al 99%. Los mendigos algo conocen de las leyes del mercado y no van a pedir una monedita donde saben que no se les dará nada.

El efecto kriptonita

El dilema no lo tiene el oficialismo sino la oposición. Por eso las palabras de Mansilla son absolutamente inoportunas y desacertadas para el "sijosesismo".

De acuerdo con encuestas de radicales, de peronistas disidentes y hasta de la Casa de Gobierno, Fernando Juri y José Cano son las principales figuras de esa oposición.

Ni Juri ni Cano son líderes. Están muy lejos de serlo. Apenas son emergentes de la política tucumana actual. No han trabajado ni han construido para ser líderes. Son simples referentes.

Ambos tienen la chance de decirle a Alperovich que no es el único poder que existe en la provincia. Uno y otro son elementos necesarios para elaborar la kriptonita que puede llegar a debilitar a Superman. Solos, es muy difícil que puedan hacer mella en el poder alperovichista, que hoy hace y deshace lo que quiere en Tucumán.

La historia pone a los hombres ante encrucijadas y desafíos. Estos dos referentes políticos están invitados a ser los que le puedan decir a Alperovich que hay un freno a su ambición desmedida.

La Constitución que supieron dejarle al país Carlos Menem y Raúl Alfonsín viene con un regalo implícito que siempre tendrá la oposición: la tercera senaduría por la provincia. Por lo tanto, la discusión por este escaño es un problema de los opositores en el que no tiene cabida el alperovichismo. Con nada de votos se obtendrá esa banca-obsequio.

El desafío es lograr uno o más sillones en Diputados. Allí está la verdadera elección de la política tucumana. A esas poltronas hay que ganárselas; lograrlo significar ser capaz de producir kriptonita e incluso será el corolario de un trabajo hecho en serio.

Ganar una senaduría es competir entre perdedores. Obtener una banca de diputados, como mínimo, significará un triunfo entre ganadores. Será decirle a Alperovich: "aquí está la oposición".

Disyuntiva engañosa

Nacionalización o provincialización. Esa es la disyuntiva preferida de cada elección. Es el divertimento en los bares y la justificación del dinero que suele usarse en los comicios. Alperovich no quiere nacionalizar y traga saliva cada vez que los Kirchner le piden muestras de amor. Los partidos que tienen referentes nacionales no sólo quieren algo de plata sino también arrastrar la penetración de los medios nacionales. Los cobistas creen que el abrazo de Julio Cobos se cotiza como una telenovela o un programa de chimentos. Cada día que pasa dicen que si viene el vicepresidente y abraza a algún candidato, ese gesto puede valer 40.000 votos y mañana dirá 60.000. Toda una exageración que disimula incapacidad de trabajo.

En Tucumán, Alperovich impone una provincialización efectiva. Es tanto el poder que aglutinó; lo expone, presume y abusa de él. La elección se provincializa porque si el alperovichismo se lleva las cuatro bancas de diputados nadie podrá soñar con 2011. En cambio, si la kriptonita le quita bancas a Superman, otra será la historia en la provincia. El gobernador entenderá que existen voluntades en el otro platillo de la balanza. Tomando esta premisa como verdadera, está de más aclarar que, sola, ninguna fuerza de la oposición puede. Unicamente la unión podrá darle la esperanza. Por eso tal vez a la Casa de Gobierno no le moleste responder positivamente a los que piden "una ayudita por favor". De esa manera no habrá quién sume lo suficiente (calculan un mínimo de 100.000 votos) para conseguir una banca en la Cámara Baja. Si se nacionaliza la elección ninguna fuerza aceptará esta unión en Tucumán. En cambio si se provincializa se la podrá entender aun cuando -de eso no hay duda- el frente se desarme el 29 de junio.

Entornos mezquinos

Ni Cano ni Juri son líderes. Tal vez ellos puedan entender los desafíos que les impone la vida política. Pero sus entornos más cercanos -y más lejanos- son mezquinos, aunque ellos lo disfrazan de estrategia y de visión de futuro. Por eso muchos peronistas disidentes no tienen problemas en defenestrar a Juri con tal de que ellos queden bien posicionados para el futuro. No tienen interés en que le vaya bien al ex vicegobernador. Allí se anotan Julio Díaz Lozano, José Ricardo Falú, Florencio Aceñolaza y hasta Osvaldo Cirnigliaro, cada uno con un justificativo político.

A Cano le pasa lo mismo. Unos se dicen cobistas, otros "lilistas" y otros hasta se escudan en sus proyectos universitarios para destruir una posible alianza. Ni hablar de los partidos que se asocian siempre y cuando no esté Juri, que parece que estuviera infectado de dengue. Tanto el socialismo como la Democracia Cristiana más de una vez armaron sociedades que pudieron infectarlos y no se preocuparon.

Cuando no se sinceran objetivos comunes es difícil construir. También ese es el costo de no actuar en la coyuntura y no haberse preparado para ser líderes. Por eso Alperovich, que va por todo -como repite su esposa- lleva tanta ventaja.

Tanto es así que el jueves Beatriz Rojkés reunió a sus referentes de los circuitos uno al seis de la capital en la casona de calle Entre Ríos. Mientras Hugo Cabral arengó sobre cuestiones referidas a la seguridad, la diputada, candidata a senadora, se dedicó a hablar de LA GACETA y del presidente de Paraguay, Fernando Lugo. Son los lujos de nadar en la abundancia y de tener asegurado el triunfo.

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