"¡Ayúdenos, por favor!"

PUERTO PRINCIPE.- Vivo en Haití desde hace mucho tiempo. Estoy acostumbrada al dolor, a la miseria... estoy acostumbrada a lo peor. Viviendo aquí, también aprendí que no existe un "peor" del que no se pueda salir: soy directora del Programa Niños Discapacitados del hospital San Damien, y he visto a médicos y voluntarios hacer milagros, he visto a los niños aprender a tener esperanzas.
Creía haberlo visto todo: no era así. Hasta ayer, nunca había presenciado una tragedia de verdad. Las personas que no han muerto bajo los escombros terminan de morir por las calles, sin la menor posibilidad de recibir ayuda.

La ciudad está bloqueada, se tardan horas en ir de un barrio a otro, los teléfonos no funcionan, las autoridades ya no existen más, los 9000 empleados de la ONU se ven obligados a cavar para buscarse unos a otros entre las ruinas de su edificio destruido, y la posibilidad de comunicarse se reduce a pocos teléfonos satelitales.

No bien se produjo el primer temblor, advertí que nuestro hospital era uno de los pocos edificios que quedaban en pie. Intenté llegar hasta nuestra vieja sede de Petionville: cuando llegué, ya no estaba allí. Solamente oía voces entre los escombros, sin poder hacer nada para sacar a los que gritaban. Y la sangre, por todas partes.

Después volví al hospital donde trabajo. Entonces ese río de gente empezó a llegar. Niños, con heridas terribles. Las enfermeras hacen lo que pueden. A cualquiera que lea este llamado le ruego: ¡ayúdenos, por favor!

Comentá la nota