Con la ayuda que les dio Binner, los Kirchner van en busca de la revancha contra Cobos

Por Fernando Gonzalez

Después de los desatinos que el Congreso cometió en el comienzo de esta década, mientras la Argentina caía a otro de sus históricos umbrales de decadencia, la media sanción que los diputados la dieron en la madrugada de ayer a la ley de radiodifusión empieza a vislumbrar una nueva oportunidad perdida.

Como la ley de divorcio en los ochenta marcó al gobierno de Raúl Alfonsín o la ley de reforma administrativa en los años noventa explica gran parte de la gestión de Carlos Menem, esta ley que pretende rediseñar el futuro de los medios de comunicación será el estigma de Néstor y de Cristina Kirchner.

Y la primera señal que acaban de dar la Presidenta y su bloque oficialista en la Cámara Baja es que el apuro por dirimir algunas batallas políticas personales le está ganando por goleada a la pomposa intención de "democratizar" las comunicaciones, que tiñe cada uno de los calcados discursos del kirchnerismo.

El Gobierno hizo bien poco por mejorar la iniciativa. El proyecto de ley que votaron 146 de los 254 diputados nacionales anoche ni siquiera estaba escrito, dada la cantidad de cambios que se habían incorporado a partir de la madrugada cuando se votó en general. Uno de ellos, que detalla El Cronista en esta edición, condiciona al tipo de mensaje que se emita la pauta publicitaria oficial que el Estado le pueda otorgar a cualquier medio de comunicación.

Paradojas de esta pelea, el socialista Hermes Binner (socio de los radicales y Elisa Carrió en la Coalición Cívica) terminó siendo el socio principal de los Kirchner para la primera pulseada legislativa. Los votos de sus diputados, a pesar de que pedían seis cambios en el proyecto y sólo obtuvieron uno (la restricción a las telefónicas), sumieron en el desconcierto a sus socios. Habrá que ver en que queda ese acuerdo político si el senador socialista, Rubén Giustiniani, repite el mandato de Binner en la Cámara Alta.

Los que también parecían desconcertados ayer eran el ex ARI Eduardo Macaluse y la radical K Silvia Vázquez, aliados del Gobierno en Diputados. Luego de acompañar al kirchnerismo en la votación general de la ley de medios, cayeron en la cuenta de que sus pedidos de cambio no iban a ser atendidos en el tratamiento particular de los artículos.

La diputada Vázquez, incluso, se había sumado a la algarabía kirchnerista en el recinto tratando de meter un "Alfonsín, Alfonsín..." que fue tratado con indulgencia perdonavidas por los peronistas que atronaban con la marcha peronista. La ingenuidad de la legisladora quedó expuesta en medio de la ofensiva brutal del oficialismo para asegurarse como fuera el número necesario para la victoria.

Desde el lunes, la atención volverá a concentrarse en el Senado y, sobre todo, en la figura de Julio Cobos. El kirchnerismo intenta aprovechar la euforia que trae desde Diputados para dar la idea de que la batalla ya está ganada e intenta condicionar los tiempos del vicepresidente. Pero el mendocino, copiando la estrategia que le dio tan buen resultado hace un año durante el conflicto con el campo, ayer hizo pública una carta.

Aquella vez le marcó a los Kirchner la necesidad de que las retenciones pasaran por el Congreso (donde luego él las sepultó con su voto "no positivo") y ahora se apoya en un llamado al "consenso" y menciones al "Pacto de la Moncloa", el acuerdo político, empresario y gremial que le dio sustento al boom de la economía española, idealizado por la dirigencia argentina, y que en los últimos tiempos suena insistente en las declaraciones públicas de Eduardo Duhalde.

Cobos apuesta a dilatar los tiempos para complicar los planes del kirchnerismo, y a lograr que el Senado sea la "cámara revisora" del proyecto de ley de medios que votaron los diputados. Para eso, cuenta en su favor los votos del bloque radical; los de los senadores de la Coalición Cívica (María Eugenia Estenssoro y Samuel Cabanchik); los de peronistas disidentes como Alberto Rodríguez Saá, Carlos Reutemann y hasta el de la imprevisible Roxana Latore.

Allí va Kirchner entonces para superar la última valla que le queda a la polémica ley de medios. Y va a buscarlo a Cobos para tomarse en el Senado la revancha de la derrota que marcó el inicio de su descenso ante la opinión pública. Aquella madrugada en la que el vicepresidente le torció el brazo para ponerlo al borde del precipicio político y empujarlo por una senda barranca abajo que terminó en la debacle electoral del 28 de junio.

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