Ayer “orgullo” de Luján, hoy un simple lugar de paso.

Un estado poco menos que de abandono presenta la plaza Colón.

Su situación no es nueva pero parece haberse agravado en los últimos meses.

La Municipalidad tendría un plan para devolverle su esplendor.

Una página en internet que promociona a Luján, describe a la plaza Colón pero en su mejores y remotos tiempos. La desactualizada publicación destaca la presencia de “bellísimas estatuas”, afirma que “el estanque está sembrado de peces de colores que convocan a los chicos a toda hora”, o hay “simpáticos sapitos que aparecen instalados entre la obra”.

Asegura que “pueden encontrarse siete bancos de mayólicas rodeando el cantero circular del centro de la plaza y una variedad de árboles y plantas maravillosa, que en su momento, convocó al Municipio y a la Universidad Nacional de Luján, para el desarrollo de un proyecto de señalización de cada una de las especies”.

Para finalizar se despacha con un párrafo dedicado al paseo público pero que parece digno de un relato de ciencia ficción: “Es más que interesante ver el amor con el que los cuidadores de la plaza la mantienen permanentemente. Los vecinos, de todas las edades, se dan cita en el lugar a lo largo de todas las horas, reuniéndose para animar charlas y recuerdos. Por las noches es uno de los puntos de encuentro de la juventud”.

Desde hace unos años, la plaza Colón dista mucho de ser consideraba como un “orgullo” de los lujanenses o un lugar para promocionar los encantos y atractivos turísticos que tiene la ciudad.

Hoy, las estatuas que quedan están en pie por casualidad y aquellas que en su momento merecieron elogios se encuentran semi destruidas, decapitadas o algunas directamente desapareciendo de sus lugares.

El recordado estanque de peces de colores está más seco que el río Paraná. Sin agua ni peces, no llama la atención de niño alguno a ninguna hora del día. La mayoría de los bancos de madera están en condiciones de abandono y los de material no mucho mejor. Los hay pintados con aerosol, fuera de lugar y otros que presentan rajaduras.

El césped pasó a ser otro recuerdo. Áreas que deberían estar verdes, desde hace tiempo son de tierra. Si la desertificación avanza en el país, la plaza Colón confirma la tendencia.

Tampoco se advierte la presencia de carteles que prohíban transitar por fuera de los caminos internos o de las diagonales que cruzan la plaza.

Los árboles tampoco son lo que fueron y cada vez se ven menos flores en sus abandonados canteros.

Las mayólicas que recuerdan a Cristóbal Colón también denotan el paso del tiempo, la falta de mantenimiento y el daño causado por aquellas personas desaprensivas que poco les importa este paseo público.

Veredas sin baldosas, escasez de bebederos, pérgolas sin plantas completan el triste y desolador paisaje que muestra hoy la plaza central y más importante que tiene la ciudad.

Si durante el día la plaza Colón dejó de ser bella, cuando baja el sol dejó de ser segura. Según trascendió, el gobierno municipal tiene previsto devolverle al espacio público el esplendor perdido. Extraoficialmente, se escuchó decir que hay un plan previsto para comenzar a desarrollar en marzo. Dentro de dos meses se sabrá la verdad.

Tiempos pasados

Cuenta los libros de historia que en 1882 la plaza ya se llamaba Colón y que en el centro había un molino. En ese lugar, se pensó levantar un monumento al llamado “descubridor” de América pero eso nunca ocurrió y desde 1910 hay un cantero central que supo estar lleno de flores multicolores.

Justamente, en el centro de la plaza se colocó la piedra fundamental del monumento trunco. En ese lugar se colocó un cofre con periódicos de la época y medallas alusivas como testimonio, según dicen.

En la plaza Colón están el Escudo de Luján, frente a la calle San Martín, un bebedero de piedra donde una mayólica evoca la reunión que allí se realizó entre vecinos que fundaron el Club Colón en 1951 y hay un monolito a los próceres de Mayo.

Las estatuas de otrora hacían referencia a una niña con un vestido recogido, una mujer entrando al agua semioculta bajo la copa una sófora péndula, otras que representa a una madre con su hijo, una que evoca a “La joven de los pámpanos y las vides” y en el estanque hay un grupo escultórico de otra mujer con un niño.

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